El Gobierno de Irán ultima los preparativos para el funeral del ex líder, el ayatolá Ali Jamenei, un evento que busca convertirse en una demostración de unidad nacional, poder político e influencia regional tras la muerte del líder supremo.
Las autoridades estiman que las ceremonias, que comenzarán el viernes en Teherán y se extenderán durante casi una semana en al menos cinco ciudades de Irán e Irak, congregarán a decenas de millones de personas, en uno de los homenajes más grandes organizados por la República Islámica.
La magnitud del operativo representa un desafío logístico sin precedentes. Teherán permanecerá prácticamente paralizada tras decretarse tres días de duelo oficial a partir del sábado.
Se habilitaron estacionamientos en las afueras de la capital para recibir a visitantes de todo el país, quienes serán trasladados en autobuses al centro de la ciudad.
Además, escuelas y cuarteles militares servirán como alojamiento para los asistentes, mientras que en la mezquita Grand Mosalla continúan los trabajos para instalar plataformas y accesos que permitan recibir a la multitud que acudirá a despedir a Jamenei.
El programa contempla una procesión por las principales avenidas de Teherán el lunes, seguida de una ceremonia en la ciudad santa de Qom. Posteriormente, el miércoles, el cuerpo será trasladado a Irak para actos de duelo en Karbala y Nayaf, dos de los principales centros de peregrinación del islam chiita.
Finalmente, el jueves será sepultado en Mashhad, su ciudad natal, en el santuario del imán Reza.
Más allá de su dimensión logística, el funeral tiene una fuerte carga simbólica. Se realiza más de cuatro meses después del asesinato de Jamenei, ocurrido al inicio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, y apenas seis meses después de las protestas masivas que sacudieron al país y exigieron el fin de su Gobierno.
Para las autoridades, el objetivo es proyectar estabilidad, continuidad institucional y resistencia frente a las presiones externas.
En ese contexto, el Presidente Masoud Pezeshkian llamó a los iraníes "de todas las etnias, religiones, preferencias y tendencias políticas" a participar en las ceremonias.
En un comunicado afirmó que una asistencia multitudinaria enviará "una respuesta decisiva a la lógica del terrorismo, la violencia y la intimidación" y demostrará al mundo que Irán permanece unido en defensa de su independencia y dignidad.
El Gobierno también pretende aprovechar el funeral para reafirmar el alcance internacional de la República Islámica. El emblema oficial de las ceremonias muestra el puño cerrado de Jamenei acompañado del lema "Debemos levantarnos", mientras que los actos previstos en Irak buscan destacar los vínculos religiosos y políticos que Teherán mantiene con las comunidades chiitas de la región.
Analistas consideran que el despliegue responde al interés del régimen por transmitir una imagen de continuidad. Saeid Golkar, investigador de la Universidad de Tennessee en Chattanooga, afirmó que la magnitud de los preparativos refleja el esfuerzo por convertir la muerte del ayatolá en una transición cuidadosamente controlada, en lugar de un periodo de incertidumbre.
Sin embargo, persisten interrogantes sobre esa continuidad. Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido y designado nuevo líder supremo en marzo, no ha aparecido públicamente desde su nombramiento y aún se desconoce si encabezará las ceremonias fúnebres.
Aunque se espera que millones de personas salgan a las calles para despedir a Jamenei, el país continúa profundamente dividido sobre su legado. Durante sus casi cuatro décadas en el poder, fue acusado de reprimir violentamente a la oposición mediante encarcelamientos, torturas y asesinatos de disidentes, además de permitir el crecimiento de la corrupción y la concentración de la riqueza en manos de los aparatos de seguridad.
Tras conocerse su muerte, algunos iraníes incluso celebraron públicamente el hecho, pese al riesgo que ello implicaba.
Jamenei no solo ejercía como jefe de Estado, sino que también era una de las principales figuras religiosas del islam chiita.
Ostentaba el rango de "marja", por lo que sus interpretaciones jurídicas eran seguidas por numerosos fieles, aunque muchos estudiosos consideran que la máxima autoridad religiosa sigue siendo el gran ayatolá Ali al-Sistani, en Irak.
Su influencia política, sin embargo, trascendió las fronteras iraníes gracias a las alianzas que estableció con grupos chiitas y organizaciones armadas en Oriente Medio.
Como comandante de la Guardia Revolucionaria, respaldó a movimientos como Hezbolá en Líbano y promovió la creación de escuelas religiosas y programas de becas que ampliaron la presencia iraní en distintos países de la región.
De acuerdo con Afshon Ostovar, profesor de la Escuela Naval de Posgrado de California, las ceremonias en Irak servirán para reafirmar el carácter transnacional que ha definido la política exterior de Irán y simbolizar el alcance de su influencia regional.
Otro aspecto inusual del proceso ha sido el tiempo transcurrido entre la muerte y el entierro. En la tradición musulmana, los funerales suelen celebrarse poco después del fallecimiento, pero las autoridades argumentaron que las semanas de intensos bombardeos obligaron a posponer las exequias.
También rechazaron versiones sobre un entierro temporal del cuerpo y aseguraron que sus restos fueron preservados conforme a los preceptos religiosos.
Para Ostovar, el entierro en Mashhad representará el reconocimiento al lugar que Jamenei ocupó dentro del régimen y entre sus seguidores, aunque no necesariamente reflejará la percepción que una parte importante de la sociedad iraní mantiene sobre su figura.