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El Financiero 03 Jul, 2026 09:06

Celebrar 250 años de la Declaración de Independencia

Felicidades

al vecino

del norte.

Mañana, sábado 4 de julio de 2026, se conmemora el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Enhorabuena por ser uno de los experimentos políticos y sociales más exitosos de la historia del mundo.

Hace dos siglos y medio, 13 colonias le dijeron al rey Jorge III: Has violado los derechos de los colonos, por lo que ya no reconocemos tu autoridad y tenemos el derecho de independizarnos. Y concluyeron:

“Que estas Colonias Unidas son, y deben serlo por derecho, Estados Libres e Independientes”.

Las grandes frases de la Declaración de Independencia son:

“Todos los hombres son creados iguales”, sin duda la más poderosa y trascendental. Se refería a hombres blancos, excluyendo a negros y mujeres. No era perfecta, pero sí la semilla de una sociedad sin clase aristocrática, como la europea. Una frase que marcaría una lucha, aún vigente, por lograr que todas las minorías, raciales y sexuales, tengan los mismos derechos y oportunidades.

“Son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

La frase fue revolucionaria porque afirma que los derechos existen antes del rey o del gobierno, y que la vida y la búsqueda de la felicidad no son concesiones del Estado. El gobierno los protege, no los otorga.

Comparto mi celebración de este memorable acontecimiento. Me compré y leí el libro This Land is my Land (Esta tierra es mi tierra), de Beverly Gage, historiadora de la Universidad de Yale, quien ganó en 2023 el Premio Pulitzer por su extraordinaria biografía de Edgar J. Hoover, G-Man: J. Edgar Hoover and the Making of the American Century.

Para celebrar la declaración, la historiadora emprende un viaje por carretera por 13 sitios icónicos de la historia de Estados Unidos para analizar cómo los estadounidenses celebran y recuerdan su pasado.

El argumento central del libro es que solo confrontando los grandes logros con sus grandes contradicciones puede entenderse la gesta estadounidense. En particular, el libro se centra en los principios de libertad e igualdad, incluso para señalar que Estados Unidos no siempre ha estado a la altura de sus aspiraciones.

Desde su introducción, Gage deja claro que se trata de una celebración difícil, pues hay una enorme polarización social que está amenazando el proyecto de nación.

La primera parada de la profesora es en Filadelfia, la cuna de la independencia, y, en especial, en el salón de la Convención Constitucional, donde se conserva la silla de George Washington, el primer presidente del país y el general que ganó la guerra de independencia.

Nos recuerda la anécdota de Benjamín Franklin, uno de los redactores, quien se preguntaba por el sol a la mitad tallado en el respaldo de la silla. Franklin confesaba que no era posible distinguir si se trataba de un sol naciente o de uno poniente, pues desde luego había dudas y zozobra sobre el futuro de la nueva nación. Pero Franklin confió en que sería uno naciente que iluminaría el destino de la nación, y así se le conoce: “la silla del sol naciente”.

Otra parada es Disneylandia, un parque de diversiones que juega con el pasado –el viejo Oeste y la frontera, los pioneros y la réplica de una calle pueblerina– para recrearlos como una versión nostálgica, pero, finalmente, optimista. Disneylandia refleja, para la autora, valores y actitudes esencialmente estadounidenses, como el optimismo, el progreso tecnológico, el emprendimiento, el patriotismo y los lazos familiares.

En vez de comentar los grandiosos planes de renovación de la capital del país, Washington, DC, termino comentando un artículo que leí el domingo pasado en The New York Times, “Una isla de posibilidad democrática”, de Tessie McMillan Cottom, donde señala que las bibliotecas no fueron inventadas por Estados Unidos, sino por los sirios. Sin embargo, cuando la biblioteca del Pueblo de Peterborough en New Hampshire fue establecida en 1833, sería la primera biblioteca de préstamo de libros fundada con patrocinio gubernamental, es decir, con dinero de los contribuyentes.

La autora sentencia: “Las bibliotecas públicas son una prueba tangible de la verdad inalienable que hemos olvidado en nuestros 250 años: algunas cosas son más importantes que el lucro… La verdad es que la biblioteca ha sido una isla de posibilidades democráticas durante cada una de nuestras batallas”.

Las bibliotecas públicas encarnan el sentido de la Declaración de Independencia: una ciudadanía libre requiere de acceso libre al conocimiento para ejercer plenamente sus derechos.

Bien lo decía Eric Klinenberg: “Las bibliotecas son palacios del pueblo” y son recintos donde, día con día, se construye ciudadanía, una aspiración central de los llamados Padres Fundadores o constituyentes de nuestro vecino país.

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