Es posible que esos casi 20 kilos de cristal nunca tuvieran como destino cruzar la frontera. Quizá iban a quedarse en Ciudad Juárez, una ciudad donde esta droga sintética ha dejado una huella profunda en cientos de hogares, alimentando la violencia, las adicciones y el deterioro de la salud mental de quienes caen en su consumo.
La noche del jueves, elementos de la Policía Federal Ministerial aseguraron 35 paquetes de cristal ocultos en un compartimiento debajo de los asientos traseros de un automóvil Volkswagen Jetta, durante una inspección en el filtro carretero del kilómetro 311, en el tramo Ahumada-Juárez. La pareja que viajaba en el vehículo, acompañada por dos menores de edad, fue detenida luego de mostrar una actitud nerviosa durante la revisión.
De acuerdo con la Fiscalía General de la República, la droga asegurada pesa poco menos de 20 kilogramos. Juan "N" y Karen "N" fueron puestos a disposición de un juez federal, mientras que los menores quedaron bajo resguardo de las autoridades correspondientes.
Cada decomiso representa algo más que un golpe al narcotráfico. También significa impedir que miles de dosis lleguen a las calles de una ciudad donde el cristal se ha convertido en una de las drogas de mayor impacto entre la población joven. Su consumo suele provocar alteraciones severas del comportamiento, episodios de paranoia, agresividad, ansiedad extrema y un rápido deterioro físico y emocional.
En Juárez, numerosas familias han visto cómo un hijo, un hermano o un padre termina atrapado por esta sustancia. Las adicciones derivadas del cristal suelen romper vínculos familiares, generar violencia dentro del hogar y empujar a muchos consumidores hacia conductas delictivas para sostener el consumo.