Mientras Omar Fayad Meneses disfruta del viento helado nórdico cuando recorre las calles de Oslo, donde goza un “exilio dorado” como embajador de México en Noruega, en las comunidades con mayor rezago de Hidalgo siguen padeciendo carencias en agua potable, drenaje y electrificación, por la negligente decisión de la administración del exgobernador priista, de “invertir” más 807 millones de pesos del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social (FAIS) en Accendo Banco, una institución financiera en vías de quiebra.
Los 807 millones de pesos pertenecientes al FAIS, indebidamente invertidos en la referida institución bancaria, ya que eran fondos públicos del orden federal que estaban estrictamente etiquetados -de acuerdo con las Reglas de Operación vigentes- para obras públicas urgentes: Agua potable, drenaje, electrificación y educación en las zonas más vulnerables del estado de Hidalgo.
A pesar de que la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) había advertido que Accendo Banco estaba camino a la quiebra, la administración de Omar Fayad hizo caso omiso de la alerta y depositó los recursos provenientes del FAIS, cuando las reglas de operación indicaban que debía destinar los 807,128,783 pesos para financiar obras básicas como agua potable, drenaje, electrificación, vivienda, así como salud y educación en las comunidades hidalguenses con más atraso y pobreza.
Quizá el fuerte “choque” que tuvo Omar Fayad con la mayoría morenista en la LXIV Legislatura del Congreso de Hidalgo, fue porque los diputados locales intentaron poner “candados” a la ejecución de los recursos públicos, así como “meter mano” en el Presupuesto de Egresos estatal con la reasignación de recursos para rubros diferentes a los planteados por el gobierno estatal, lo cual impedía el uso patrimonialista de los fondos públicos al que estaba acostumbrado el hoy embajador de México en Noruega.
El 28 de septiembre de 2021, Accendo Banco quebró, derivándose un proceso de liquidación judicial. El dinero que la Federación destino a Hidalgo vía el FAIS, quedó atascado en dicho proceso, sin haber fecha precisa para recuperarlo, toda vez que formados en la fila antes que le corresponda su turno a Hidalgo, hay 196 acreedores con los que debe cumplir la institución financiera en quiebra. Además, si el patrimonio disponible llegase a agotar antes, Hidalgo y otros acreedores podrían no recuperar sus recursos.
La perversa ironía en la política mexicana hace posible que personajes rodeados de polémica accedan a cargos diplomáticos como premios, como es el caso del exgobernador priista de Hidalgo, quien fue nombrado embajador de México en el Reino de Noruega, muy lejos de las profundas carencias que sufren consuetudinariamente los miles de hidalguenses a los que gobernó durante seis largos años.
Recientemente, Reporte Índigo publicó un amplio reportaje sobre la opulencia que rodea al exgobernador priista de Hidalgo y actual diplomático en Noruega, quien -de acuerdo con la información difundida- “diversifica su patrimonio en tres países”.
La investigación realizada por la periodista Linaloe R. Flores, se fundamenta en la última declaración patrimonial del actual embajador de México en Noruega, la cual revela ahorros en dólares, coronas noruegas y libras esterlinas, además de inversiones y rentas que le generaron más de 5.2 millones de pesos entre 2024 y 2025.
Destaca que, a dos años de ocupar la embajada de México en Noruega, Omar Fayad Meneses incrementó su fortuna con ingresos diferentes a su sueldo como funcionario público con 5 millones 248 mil 643 pesos, derivados de los rendimientos obtenidos por siete fondos de inversión distribuidos en tres instituciones financieras y la renta de propiedades inmobiliarias en México.
Además, refiere que Fayad Meneses ahorró en cuentas bancarias en dólares en Estados Unidos, coronas en Noruega y libras esterlinas en Lituania; y que posee cuatro departamentos, dos casas, joyas, obras de arte, un caballo cuarto de milla y 54 millones 830 mil 62 pesos, que en suma dan un gran total de por lo menos 100 millones de pesos, convirtiéndolo en uno de los miembros del cuerpo diplomático mexicano más opulentos.
Omar Fayad partió a su “exilio dorado”, pero dejó en Hidalgo a dos “embajadores”, Israel Félix, quien por mucho tiempo gozó de todas las confianzas del exgobernador priista, al grado de perfilarlo como su sucesor en el gobierno de Hidalgo, aunque se topó con pared, ya que Carolina Viggiano y Alejandro “Alito” Moreno, no lo dejaron pasar. Finalmente, Félix tendría que conformarse con la presidencia municipal de Mineral de la Reforma, cuya administración no estuvo exenta de señalamientos de presuntos actos de corrupción.
Ahora, ya sin la mentoría del exgobernador priista, Israel Félix, pretende aspirar a algún cargo de elección popular bajo los colores y siglas Morena, para lo cual ya se autopromociona a través de espectaculares en diferentes puntos de la capital e interior del estado, pero habrá que ver si los morenistas lo aceptan.
Otro de los “embajadores” que Fayad dejó en Hidalgo, es el empresario Juan Carlos Martínez Domínguez, cuyas empresas fueron muy “consentidas” durante la administración de Omar mediante jugosos contratos con el gobierno del estado. Actualmente, este “vivillo” emprendedor sigue haciendo negocios con el gobierno morenista, el cual, en algunos casos, ha olvidado uno de los postulados que más defendía de López obrador: Separar el poder político del económico.
Sin lugar a dudas que ser funcionario público en México resulta ser una actividad sumamente lucrativa, pero llegar a ser gobernador de una entidad federativa es “sacarse la Lotería”, dado que se puede disponer de los fondos públicos estatales y federales de forma patrimonialista, sin rendir cuentas a nadie.
El de Omar Fayad es uno de los muchos “casos de éxito” en la tragicomedia política mexicana, como la definió atinadamente el extinto escritor y novelista José Agustín, quien, en tres volúmenes, narra de manera irreverente, ácida, meticulosa y profundamente divertida, el surrealismo de la política nacional.
Cuánta razón tenía el filósofo de Atlacomulco, Estado de México, el profesor Carlos Hank González, con célebre frase de: “un político pobre, es un pobre político”. Para Hank González, quien de maestro de escuela terminó siendo un político y multimillonario empresario, la política y los negocios privados no eran esferas separadas, sino una simbiosis pura. Si estabas en el poder y no te hacías rico, eras visto como un tonto o un incapaz.
Dicha frase también implicaba que, para hacer carrera política, ascender y mantener el control, se necesitaba capital. En la filosofía del profesor Hank González, un político sin dinero carecía de la capacidad para comprar lealtades, financiar campañas, repartir favores o “aceitar” la maquinaria del sistema. Por lo tanto, un político pobre era, literalmente, un político débil o zonzo.
Sin duda que muchos políticos se graduaron y con honores en la “escuela” del profesor Carlos Hank, entre ellos, varios hidalguenses que de no tener prácticamente nada, pasaron a poseer grandes y cuantiosas fortunas, innumerables propiedades, joyas, obras de arte y pingües inversiones, como es el caso de Jesús Murillo Karam, de Miguel Osorio Chong, y de Omar Fayad Meneses, quien vive su “exilio dorado” en el reino de Noruega. La opulencia gubernamental no siempre se mide en propiedades tangibles a simple vista; se mide en la profunda ligereza con se ejecutó y se arriesgó el dinero de los ciudadanos.