Para leer con: “Don’t Call”, de Desire
Durante años pedimos más batería, mejores cámaras y controles menos torpes en el objeto más usado en la vida cotidiana, pero las marcas respondieron con nuevos colores y 2 megapixeles más.
El teléfono dejó de ser solo eso. Nos despierta, orienta, cobra, entretiene, escucha, guarda boletos, contraseñas, mapas, fotos y hasta una porción poco digna de la memoria. Aun así, cada año adelgazan el aparato medio milímetro, mueven dos lentes y presentan el hecho como si hubieran llegado a Marte.
Solo que los usuarios son menos misteriosos. Queremos llegar a la noche sin andar buscando un enchufe detrás de una maceta. Queremos fotografiar a alguien del otro lado de la calle sin obtener una acuarela digital. Pedimos personalización, software relevante y accesorios que amplíen las capacidades del equipo.
Por eso llamó mi atención el Oppo Find X9 Ultra, porque parece haber leído el buzón de quejas. Su cámara principal combina 200 megapíxeles con un sensor de gran tamaño y una apertura luminosa, una apuesta por conservar detalle y trabajar mejor cuando la escena se oscurece. El telefoto de 70 milímetros lleva otro sensor de 200 megapíxeles, inusualmente grande para ese tipo de lente. lo que permite hacer acercar al sujeto sin recurrir al parche digital. A eso se suma una cámara independiente con zoom óptico real de 10 aumentos, equivalente a 230 milímetros, capaz de traer al encuadre lo que otros teléfonos apenas convierten en una mancha pixeleada. Todo esto, codiseñado con la joya de la corona de la fotografía, Hasselblad.
El modo Master se encarga de tratar al usuario como alguien capaz de decidir. Permite controlar exposición, enfoque, velocidad y balance de blancos, además de guardar archivos RAW MAX en distintas distancias focales para editar después con mayor libertad. En vez de agregar otro filtro para mejorar el brillo del desayuno, Oppo concentró buena parte de su esfuerzo en lograr fotografías con más detalle, mayor alcance y menos decisiones tomadas a espaldas de quien aprieta el disparador.
En mis clases en la Escuela Activa de Fotografía, Hasselblad representaba excelencia óptica, diseño y una forma muy peculiar de mirar. Ver ese nombre en un teléfono provoca sospecha, porque a la mercadotecnia le gusta poner uniformes de gala sin recato. Pero esta vez la alianza es rotunda. Se nota en los controles, en el diseño del objeto y en el modo Master, que reduce la alegría cromática para acercar los tonos a su espectro natural.
Si hay algo que aprecio en un equipo móvil de foto, es la flexibilidad. No dudo que ahora tomemos más fotos de lo que hacemos llamadas. Y ahí es donde atinó este equipo: se concentró en incorporar un inédito sistema de lentes en una cámara robusta con un sistema operativo que responde a las tareas diarias sin complicación. ¿Era mucho pedir?
Encima, el kit Earth Explorer lleva la idea más lejos. Añade un grip con disparador y control de zoom, además de un teleconvertidor equivalente a 300 milímetros. Por supuesto, también añade precio, peso y piezas que uno puede olvidar en el Uber. Pero se agradece que el fabricante piense en el usuario que agradece verdaderos gestos de cercanía. Esos que sí mueven la aguja.
Queda claro que un celular nunca sustituirá una cámara dedicada. El tamaño del sensor, las ópticas intercambiables, la ergonomía, el diafragma y el control fino favorecen al aparato diseñado para fotografiar. El zoom de 10 aumentos de Oppo pierde calidad con poca luz, movimiento o luces intensas. El kit tampoco hace milagros, pero logra estar del lado del usuario.
Apple y Samsung aún tienen ventajas en ecosistema, soporte y distribución, pero Oppo cruzó una línea aquí. Ofrece funciones que los líderes han venido administrando con una cautela inexplicable. Una marca menos conocida entendió que la lealtad del cliente no es un permiso para aburrirlo.
La verdadera innovación empieza ahí, en saber leer las quejas antes de convertirlas en tradición. Durante años pedimos más batería, mejores cámaras y mayor personalización. Alguien, por fin, abrió el buzón.