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Radar Inteligente
Vanguardia 05 Jul, 2026 05:00

De balompié, alegría y corrupción

Inicio declarando que no soy un fanático del deporte que pone al mundo de puntillas, nervioso, gozoso, enloquecido y con un patriotismo inmoderado. En la adolescencia lo jugué cinco años como defensa derecho; ni muy bueno ni muy malo, pero disfrutaba y, sobre todo, me condujo a saber que era parte de un equipo y que el deporte es algo colectivo. Con los años puedo disfrutar de un buen partido sin importarme quiénes participen y quién gane.

Los pocos partidos que he visto me han conducido a repensar el significado del deporte, tanto por lo que representa como por el razonamiento de los equipos, los jugadores y los organizadores. Vi y sigo viendo cosas repugnantes del racismo norteamericano, como el haber impedido el ingreso de dos árbitros mundiales por su color de piel o su religión: los entrevistó el Poder Judicial como criminales: a uno 7 horas y al otro 11, lo cual llamaríamos tortura. Lo que se hizo contra los iraníes muestra el nivel de la política estadounidense y del presidente Trump. Impedir que el equipo iraní pudiese dormir en territorio estadounidense es una revelación de hasta dónde ha llegado el “país de la libertad” en su declive. Es menester pensar en su contrario: la población de Tijuana les dio una acogida maravillosa que el equipo persa valoró sobremanera. ¡Vivan los californianos! (California, en latín “calida fornax”: “horno caliente”).

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