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El Diario 06 Jul, 2026 10:22

Invade tristeza a la afición tras la derrota de México

Ayer, los corazones juarenses volvieron a vibrar con la ilusión del pase a cuartos de final de la Selección Mexicana en su enfrentamiento contra Inglaterra.
La ciudad entera se paralizó; miles de ciudadanos acudieron a puntos emblemáticos como el Parque Central o el Estadio 8 de Diciembre, mientras otros se reunieron en restaurantes, bares o la casa de algún familiar.
Ni la lluvia, el viento o la tierra fueron obstáculos para que disfrutaran del encuentro futbolístico.
En la Concha Acústica del Parque Central, la afición mostró su ingenio y colorido. Entre la multitud se podían ver a personajes como “El Santo”, “Las Parkas”, un guerrero y una princesa azteca, e incluso Albertano, además de un perro bulldog inglés vestido con la camiseta Tricolor.
El ambiente inició cargado de patriotismo, y antes del silbatazo inicial, la multitud entonó con fervor el Himno Nacional Mexicano, lo que transformó el espacio público en un recinto de apoyo incondicional.
Aficionados como Ricardo Godínez llegaron desde las 4 de la tarde para asegurar un lugar, a pesar de que el juego se retrasó una hora y el clima castigó con agua y tierra.
Aunque el partido comenzó con un dominio inicial del conjunto Tricolor, la alegría se tornó en un profundo silencio cuando Inglaterra anotó dos goles de forma consecutiva.
El primero cayó como un “balde de agua fría”, dejando a los asistentes incrédulos y con las manos en la cabeza; la segunda anotación enmudeció las gargantas.
Sin embargo, la resiliencia mexicana apareció de los pies de Julián Quiñones, quien marcó el gol del descuento (2-1), haciendo que el grito de “¡Sí se puede!” resonara nuevamente con fuerza en la frontera.
Este cierre cardiaco de la primera mitad reforzó la fe de los seguidores, quienes confiaban en la remontada.
En el segundo tiempo el panorama pareció aclararse para México, tras la expulsión de un jugador inglés, otorgando una superioridad numérica que renovó las ilusiones.
No obstante, la tensión regresó cuando se decretó una pena máxima a favor de Inglaterra. Todas las miradas se volcaron en el guardameta “Tala” Rangel, pero la ejecución fue certera, ampliando la ventaja británica a 3-1.
La esperanza tuvo un último aliento cuando Raúl Jiménez anotó desde el punto penal, colocando el marcador 2-3.
La recta final fue de nerviosismo puro: llegada tras llegada de la Selección hacía gritar a la afición, pero el tiempo se agotaba.
El ánimo sufrió un golpe crítico cuando el técnico decidió sacar al goleador Quiñones, un movimiento que los aficionados, incluyendo a Godínez, calificaron como un error estratégico, pues el jugador era considerado una pieza “incansable” y con “hambre de gol”.
El encuentro terminó en el clímax de la desesperación, con dos tiros de esquina a favor de México y todo el equipo volcado en el área rival.
Con el rechazo definitivo de la defensa inglesa, el árbitro silbó el final, desatando el lamento y la decepción de una afición que, a pesar de las inclemencias del tiempo y el marcador, creyó hasta el último segundo.
“Llegamos muy contentos... y nos vamos tristes una vez más”, sentenció con resignación Ricardo.
En esta ocasión no hubo festejo en la Megabandera de El Chamizal; todos se fueron cabizbajos a sus hogares.

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