El Mundial mexicano sigue. La eliminación del Tri el domingo no cancela el interés de la afición local por otras selecciones. ¿Alguien duda de que, en caso de que España gane la copa, cientos de mexas irán a la Cibeles a celebrar a “la madre patria”? O, para el caso, a la Minerva de Guadalajara. Pero el Mundial también seguirá en ríos de tinta y cerveza sobre lo que dejó de hacer México este año, y otros años como en el 86.
En México ‘26 hubo cosas lamentables. La muerte de cuatro aficionados en el Ángel; lo de un apostador que pudo ingresar a la concentración (¿qué no era eso, un aislamiento?) a premiar con relojes a los seleccionados; lo del intento del cambio de horario del quinto partido... Situaciones no chuscas, sino comprometedoras. Actos que nos remiten a la trama de la película “México 86” de Netflix.
Estrenada en junio, con Diego Luna, Karla Souza y Daniel Giménez Cacho en los estelares, esta comedia toca de refilón aquella vez que México quiso hacer un Trump.
Eso que el presidente de Estados Unidos logró este fin de semana, que contra toda justicia a su seleccionado le quitaran una sanción, la Federación Mexicana de Futbol lo buscó en 1988, con el caso de los cachirules: hicimos trampa, quisimos arreglarlo en la CONCACAF con una mordida, nos reiteraron la sanción (que solo incluía al tricolor juvenil que tuvo más de una decena de jugadores fuera de la edad), y en vez de asumir el castigo, la Femexfut quiso arreglarse con sus cuates en Zúrich.
El resto es historia. Historia que no aparece bastante en la entretenida peli de Gabriel Ripstein, pero de la cual se seguirá hablando en México hasta el final de los Mundiales, como también se hablará de los cambios del “Vasco” Aguirre. El Mundial, con sus glorias y sombras, sigue.