Ismael Zambada podrá ser víctima de una arbitrariedad cometida por EU en su contra, pero eso no le quita su condición de victimario. En el caso de El Mayo y su actividad cabe todo menos la presunción de inocencia. Fue un criminal y el clan que fundó sigue tan activo que constituye uno de los bandos de la atroz guerra que azota a Sinaloa; elegir hablar de él, y no de las víctimas de ese conflicto, es un error.
La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que hoy martes hará una revisión del secuestro de Zambada, ocurrido el 25 de julio de 2024. La mandataria aludió, sin citarlo, a un reportaje publicado el 2 de julio en el que se revelan los datos de la aeronave en que, sometido, el narcotraficante fue trasladado a Nuevo México; el avión fue exhibido por el FBI como acto de propaganda de la lucha anticrimen de EU.
Por lo poco que adelantó Sheinbaum, se tratará de un reclamo (entre otros) a Ken Salazar, embajador de Estados Unidos en tiempos de AMLO, y de paso a Washington, que no habría informado en estos dos años lo que al final emergió hace unos días, aunque se supusiera obvio desde el principio: que el secuestro no fue una acción aislada de un hijo de El Chapo, sino coordinada con una o varias agencias gringas.
Sheinbaum pretende armar un reclamo soberano a partir de la caída de un criminal. Si quiere una bronca diplomática con la Casa Blanca, ahí está el caso de los 16 migrantes mexicanos muertos hasta hoy en manos del ICE de Trump. Las familias de esas víctimas inocentes no tienen el dinero de El Mayo para pagar abogados; el Estado mexicano tendría que velar por ellos, que dejaron sin sustento a sus familiares, antes que por un narco.
Hay varias cosas enredadas en la pretensión de la jefa del Ejecutivo. ¿Ella, que es señalada de haber entregado a 92 narcotraficantes, hará ahora pormenorizado recuento de lo que se dijo y no se dijo de la caída de un capo? O sea, ¿si su gobierno envía ciudadanos mexicanos sin marco legal explícito, y sin respeto a procesos en curso, se trata de una decisión soberana? ¿Los derechos de El Mayo son distintos que los de, digamos, Caro Quintero, que se fue en el paquete de regalos a Trump?
Y la línea de tiempo de la presidenta tendría que desmenuzar dos fechas: 6 de junio de 2021, cuando se eligió a Rubén Rocha como gobernador de Sinaloa, jornada que como fue denunciado entonces tuvo la sombra de la participación de criminales a favor de Morena; sin esa elección no se entiende la celada contra El Mayo del 25 de julio de 2024, pues fue citado, según su testimonio, a dirimir con el gobernador asuntos del poder político de ese estado y la universidad. Y la segunda fecha es, precisamente, qué supo e hizo Rocha en torno a ese rapto, que se saldó con la muerte del hombre fuerte de la UAS, con un montaje de la fiscalía para encubrir ese homicidio y con la desaparición de un policía-escolta de El Mayo.
Empero, lo que más perplejidad suscita es que la presidenta quiera enfocarse en un victimario cuando no le ha dado a las víctimas de la guerra en Sinaloa un anuncio parecido desde que en septiembre de 2024 Mayos y Chapitos se enfrentan sanguinariamente.
En Palacio Nacional prefieren no hablar de los 3,500 asesinados en Sinaloa, o de qué fue de los propietarios de los más de 11 mil vehículos robados, menos aún de las 4 mil personas privadas de su libertad… saldo numérico de 21 meses de una guerra donde han asesinado niños –Gael y Alexander Sarmiento–, maestras –Jesamel Rodíguez–, jóvenes estudiantes –Fernando Alán Cháidez–…
Para qué hablar de la sociedad que tanto gritó “Fuera Rocha”, en demanda no solo de rendición de cuentas sino de una paz que permita la mínima convivencia para que se reactive la economía. Para qué si se puede apuntar soberanamente al FBI y no a los políticos locales coludidos.
La presidenta en modo Netflix: hablar de los narcos, no de sus víctimas.