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Mundiario 07 Jul, 2026 15:09

Argentina avanza por resultados, no por fútbol

Argentina sigue viva en el Mundial, pero no salió reforzada. Ganó a Egipto, remontó un partido que tenía perdido y volvió a encontrar en Messi la respuesta que no encontraba en el juego. Pero la clasificación no puede tapar una evidencia: la campeona volvió a jugar mal.

Durante muchos minutos, Argentina fue un equipo espeso, incómodo, sin claridad y sin autoridad. Egipto le discutió el partido, le golpeó primero y llegó a ponerse 0-2 en una eliminatoria que parecía encaminada hacia una de las grandes sorpresas del Mundial. Ni el balón, ni el ritmo, ni las áreas fueron de una Argentina reconocible.

Messi también tuvo su noche torcida. Falló un penalti, volvió a alimentar ese extraño problema que arrastra desde los once metros en los Mundiales y pareció durante un buen tramo tan desconectado como el resto del equipo. Pero hay futbolistas que no necesitan jugar bien durante noventa minutos para cambiar una eliminatoria. Y Messi sigue perteneciendo a esa especie.

Cuando Argentina estaba contra las cuerdas, apareció. Primero para participar en la reacción, después para marcar y finalmente para darle sentido a una remontada que tuvo más orgullo que fútbol. No fue una exhibición colectiva. No fue una actuación convincente. Fue supervivencia pura. Pero también eso explica por qué las grandes selecciones sobreviven a noches que para otras serían definitivas.

Argentina ganó sin convencer, pero ganó. Y eso, en un Mundial, no es un detalle menor. Las favoritas también avanzan así: sufriendo, jugando mal, resistiendo golpes y encontrando una jugada cuando el partido parece escaparse. La diferencia entre una selección grande y una selección corriente muchas veces está precisamente ahí: en ganar partidos que no mereció dominar.

Eso no significa que Argentina pueda mirar hacia otro lado. Ya sufrió contra Cabo Verde y volvió a sufrir contra Egipto. Ha dejado señales preocupantes atrás, ha concedido demasiado y ha dependido otra vez de una reacción emocional más que de un plan sostenido. La campeona sigue en pie, pero no está caminando con la autoridad de quien controla el torneo.

Y luego están las quejas de Egipto, que conviene separar del análisis futbolístico. Una cosa es la frustración lógica de perder una eliminatoria después de tenerla en la mano y otra muy distinta es construir un relato de atraco o de amaño. Egipto compitió muy bien, hizo daño a Argentina y estuvo cerca de eliminarla, pero sus protestas no sostienen ese discurso.

El penalti que reclaman no parece suficiente para hablar de escándalo, y la intervención del VAR en el posible segundo gol egipcio nace de una falta previa sobre Lisandro Martínez. Puede discutirse la intensidad, puede debatirse el criterio, pero no venderse como una conspiración mundial. Ahí Egipto se equivoca: su partido merece respeto, pero su relato victimista no va a ningún lado.

 

? #FIFAWorldCup

? Hoy se festeja fuerte gracias a ellos ? pic.twitter.com/qPM4UgXKfJ

— ?? Selección Argentina ??? (@Argentina) July 7, 2026

Argentina está en cuartos porque resistió, porque reaccionó y porque Messi volvió a aparecer cuando todo se torcía. No convenció, no dominó y no dejó buenas sensaciones. Pero sigue viva. Y en los Mundiales, muchas veces, eso pesa más que jugar bonito. @mundiario

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