Cada mañana, Ciudad Juárez despierta con miles de personas intentando llegar a tiempo al trabajo, a la escuela o de regreso a casa. Algunas esperan el semáforo; otras desafían el tráfico entre carriles, brincan barreras metálicas o cruzan avenidas donde los vehículos circulan a gran velocidad. Caminar también implica responsabilidades. En una ciudad diseñada para el automóvil, un paso mal calculado puede convertirse en tragedia.
El fallecimiento de un adolescente de 15 años en el Puente Internacional Córdova-Américas volvió a colocar el tema sobre la mesa. La Fiscalía de Distrito Zona Norte informó, con base en peritajes técnicos, que el atropello ocurrió en una zona restringida para peatones y vendedores ambulantes, debidamente señalizada, por lo que concluyó que el joven intentó cruzar por un lugar no autorizado. Tras esa determinación, el conductor de 19 años fue liberado bajo reserva mientras la investigación continúa.
El caso obliga a mirar un problema más amplio. En Juárez existe una débil cultura de movilidad peatonal. Basta recorrer avenidas como Ejército Nacional, Tecnológico, Gómez Morín, Zaragoza o Paseo de la Victoria para observar a familias completas cruzando entre vehículos, ignorando puentes peatonales o atravesando carriles de alta velocidad. Cada año, ese comportamiento cobra vidas y deja personas lesionadas.
La responsabilidad no recae únicamente en los peatones. También corresponde a las autoridades mejorar la infraestructura, garantizar cruces seguros, mantener la señalización visible y promover campañas permanentes de educación vial. Del lado ciudadano, respetar los cruces establecidos, utilizar puentes peatonales, evitar distracciones con el teléfono y no exponerse en zonas prohibidas son acciones que pueden marcar la diferencia.
Porque una ciudad segura no depende solamente de mejores calles o más semáforos. También se construye cuando cada paso se da con responsabilidad y cuando el derecho a caminar va acompañado del deber de hacerlo de manera segura.