La absoluta falta de conciencia sobre la resistencia antimicrobiana (RAM) está derivando en que ya no solo sea un asunto de hospitales o de laboratorios: se ha convertido en un riesgo que afecta la productividad, el gasto público y la competitividad de varios sectores de la economía. Y todos tenemos que verlo.
Imaginen que una infección que antes se resolvía con un “simple” antibiótico de toda la vida ya no responde al tratamiento. Ese escenario antes lejano hoy es una realidad que avanza con rapidez y que empieza a tener un costo económico cada vez más visible. Según las estimaciones más recientes, entre 2025 y 2050 podrían registrarse alrededor de 39 millones de muertes atribuibles a nivel global por esta causa.
Para México, el problema no es menor, sobretodo porque en manejo de infecciones nos rige un marco normativo rezagado. La NOM 045, que regula las infecciones y el uso de antimicrobianos, data de 2005 -ya se trabajó en su actualización, pero detuvieron su publicación-, y la norma sobre manejo de desechos hospitalarios es todavía más antigua, de 2003. Este rezago no es un detalle menor: genera incertidumbre, encarece los tratamientos futuros y limita la capacidad de respuesta tanto del sector salud como del agroalimentario.
El tema se abordó en un panel que me tocó moderar durante el Congreso de la Asociación Mexicana de Profesionales de Regulación Sanitaria (AMEPRES), realizado la semana pasada en la ciudad de Oaxaca. Ahí, especialistas de distintas disciplinas coincidieron en que la falta de actualización regulatoria y la escasa articulación entre sectores están generando costos que México terminará pagando de una forma u otra.
En principio, los crecientes costos en pérdidas de vidas. Pero además, los impactos económicos ya se observan en varios frentes. En el ámbito hospitalario, el uso de antibióticos de último recurso y las complicaciones por contagios infecciosos, eleva de manera importante los costos de atención y alarga las hospitalizaciones. Considerando que México registra la inflación médica más alta del mundo, no podemos quedarnos de brazos cruzados.
Aquí el sector agroalimentario también tiene un rol determinante. En el panel se abordó que el uso de antimicrobianos en cultivos y en producción animal está sin control si es para el consumidor mexicano, pero si es para exportación a EUA o la Unión Europea que son más exigentes, hay mucho mayor cuidado para evitar restricciones comerciales, pero eso es por autorregulación de los propios productores. Para el consumo local, ante la falta de regulación, existe libertad de uso (o abuso) de antibióticos porque hay escasa vigilancia en el terreno de producción animal y agropecuaria. La falta de información sistemática sobre el uso real de estos compuestos en el campo dificulta tanto la defensa de los intereses comerciales como la planeación de políticas públicas más efectivas.
Un factor que complica todavía más el panorama es la ausencia de datos. Sin un sistema robusto de vigilancia que integre salud humana, producción agroalimentaria y medio ambiente —el enfoque de Una Sola Salud—, resulta muy difícil saber con precisión dónde estamos parados ni medir si las acciones tomadas están funcionando. Esta opacidad termina afectando la capacidad de asignar recursos de manera eficiente, tanto en sector público como privado.
En este contexto, la innovación tecnológica aparece como una variable clave que México no puede darse el lujo de omitir.
El desarrollo de alternativas —como diagnósticos más rápidos, biopesticidas de nueva generación o productos biológicos— podría reducir la dependencia de los antimicrobianos tradicionales. Sin embargo, para que estas soluciones lleguen al mercado de forma ordenada, se necesita un marco regulatorio actualizado que reconozca las diferencias entre productos químicos y biológicos, en lugar de aplicarles los mismos criterios de evaluación, según se dijo en el panel.
La Estrategia Nacional contra la Resistencia a los Antimicrobianos existe, al igual que los compromisos internacionales con la OMS, la FAO y otros organismos. Falta que lo escrito realmente se implemente. Actualizar las normas, transparentar la información y mejorar la coordinación entre salud, agroalimentación e innovación tecnológica va más allá de lo sanitario: son decisiones cruciales en favor de la productividad, en el control de costos en salud y en la competitividad del país. Seguir postergando estas acciones equivale a aceptar que el problema seguirá creciendo. El riesgo más grande para México no es solo la resistencia de las bacterias, sino la lentitud con la que se están actualizando las herramientas para enfrentarla.
El agua y el enfoque de “Una sola salud”
Otro factor que suele subestimarse -expuesto también en el panel de AMEPRES- es el papel del agua como vehículo silencioso de diseminación de la resistencia, y aquí la Comisión Nacional del Agua (CNA) tendría que levantar la mano. Las aguas residuales hospitalarias, los efluentes de la producción pecuaria y el uso de estiércol como fertilizante en la agricultura pueden transportar bacterias resistentes hacia ríos, canales de riego y suelos agrícolas. Sin embargo, en México existe muy poca vigilancia sistemática sobre este flujo y una participación limitada de las autoridades ambientales y de agua en las estrategias contra la RAM. Al mismo tiempo, en la producción agropecuaria persiste un uso excesivo e inadecuado de antibióticos. Actores del sector comparten que muchos productores medianos y pequeños carecen de capacitación suficiente para aplicar rotaciones de principios activos o buenas prácticas, lo que genera una presión selectiva constante sobre los microorganismos presentes en el suelo y en los animales, y termina cerrando un círculo que regresa la resistencia hacia la cadena alimentaria y, eventualmente, hacia la salud humana.
1 de cada 6 infecciones es resistente a los antibióticos
Hoy la resistencia a los antibióticos crece a un ritmo alarmante; conforme el último informe de OMS sobre el tema, en el 2023, 1 de cada 6 infecciones bacterianas habituales confirmadas en laboratorio fue resistente a los tratamientos con antibióticos estándar. A ello se suman indicios de que dicha resistencia se extiende también a antivirales y antimicóticos, es decir, las herramientas terapéuticas que tenemos contra virus y hongos. El propio descubridor de la penicilina en 2028, Alexander Fleming, observó en su laboratorio con qué facilidad mutaban los microbios. Durante su célebre discurso de aceptación del Premio Nobel en 1945, lanzó una advertencia profética: "Llegará el día en que cualquiera pueda comprar penicilina en las tiendas. Existirá el peligro de que el hombre ignorante use dosis insuficientes y, al exponer a sus microbios a cantidades no letales del fármaco, los haga resistentes."
Importante postura de Cofepris en torno al consumo de cannabis
Lo relevante del comunicado de Cofepris 16/2026 sobre consumo de cannabis, es el cambio de postura institucional. Cofepris lleva años operando bajo una lógica de resistencia pasiva ante los mandatos de la Suprema Corte en materia de cannabis, obligando a los ciudadanos a litigar individualmente durante meses o años. Al declarar públicamente que acatará los criterios bajo una perspectiva de 'derechos humanos' y evitar 'formalismos innecesarios', la autoridad sanitaria está mandando una señal de despresurización regulatoria para el autoconsumo. Especialistas consultados nos refieren que es un reconocimiento de que el Poder Judicial ya ganó esa partida y el Ejecutivo prefiere procesar los permisos de manera eficiente a seguir acumulando desacatos o amparos. Esto blinda legalmente a las asociaciones civiles de usuarios frente a arbitrariedades o clausuras, dándoles un terreno operativo firme.
A su vez, el comunicado funciona como advertencia para el mercado corporativo y comercial pintando una línea muy gruesa: el autoconsumo está blindado, pero la comercialización, suministro y distribución siguen estando estrictamente prohibidos y fuera de esta jugada. La autoridad le dice con ello a inversionistas y emprendedores que no pueden usar los permisos de autoconsumo colectivo como vía alterna o 'mecanismo de comercialización disfrazado'. El mercado masivo y comercial sigue completamente cerrado, bloqueando la oportunidad de impulsar una industria con potencial en México como en ningún otro lado.