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El Financiero 08 Jul, 2026 04:18

Futbol profesional: causas de una liga mediocre

La Selección Nacional ofreció un emocionante campeonato del mundo. Frente a Inglaterra, jugó sin complejos, con plena ambición.

Pero más allá de ese partido, la diferencia de calidad entre la liga profesional de México y la Premier británica es abismal. Ello se explica, en buena medida, por el modelo de negocios imperante en cada país. Veamos cinco diferencias clave.

Primero. La duración de los torneos. La Premier, al igual que La Liga española, La Serie A de Italia, la Bundesliga de Alemania y la Ligue 1 de Francia, es de 38 jornadas, así que cada uno de los 20 equipos participantes juega una vez de local y otra de visitante contra todos los competidores.

El campeón es el equipo que más puntos acumula, el más constante a lo largo de la dilatada temporada.

En México se juega un torneo a una vuelta entre 18 participantes. Así que sólo hay 17 partidos de la fase regular. Tras ello, se juega la liguilla, a la que además clasifican 12, es decir, dos de cada tres (salvo en el último torneo, que calificaron 8 por tener que concluir antes del Mundial).

Así que hay dos campeones al año. En vez de buscar la regularidad y la consistencia, se apuesta por un modelo de estadios llenos en fases finales frecuentes.

Segundo. Las reglas del no descenso. En la Premier League descienden tres de los 20 equipos, los que quedan al último. Suben, en consecuencia, tres nuevos equipos cada año.

Un mal torneo en el máximo nivel es penalizado y hay incentivos para que los clubes de segunda división (Championship) hagan buenas contrataciones y realicen grandes campañas: los primeros tres llegarán a la cima del futbol inglés.

En México se prohibió el ascenso y descenso en la primera división. La mediocridad es tolerada, consentida. Y los buenos torneos en segunda no son debidamente recompensados.

Tercero. La multipropiedad. En Europa, cada club de futbol es una entidad económica independiente de los demás equipos. Los dueños pueden ser los socios, accionistas directos, grandes fondos de inversión o empresarios, y hay límites al número de acciones que una persona puede tener en varios clubes.

Cuando algún equipo de ligas inferiores logra una buena campaña y puede ascender de división, no lo hace si los dueños ya tienen otro equipo participando en ese torneo. Un mismo dueño puede beneficiar, con uno de sus equipos, al otro: la multipropiedad atenta contra la integridad deportiva.

En México, en cambio, la multipropiedad ha sido común. Empezó con el América y el Necaxa, de Televisa. Grupo Caliente tuvo jugando en los mismos torneos a Xolos, Querétaro y Dorados. TV Azteca poseía a la vez al Puebla y al Mazatlán. Aunque la FIFA prohíbe esa práctica, es la hora en que Grupo Pachuca tiene, además del equipo de la capital de Hidalgo, al León.

Cuarto. Los derechos de televisión. El futbol profesional tiene tres fuentes de ingreso: 1) taquilla, 2) comercialización de camisetas, bufandas, etc. (merchandising) y, 3) venta de derechos de televisión. Esta última cobra cada vez más importancia.

En Inglaterra, los derechos de televisión son licitados por la liga en su conjunto con distintas plataformas y canales de televisión. Existen el mercado doméstico y el internacional.

Pero lo importante es que todos los equipos, el recién ascendido y el campeón, negocian en las mismas condiciones. Luego hay un criterio de reparto que favorece cierta equidad y reconoce el mérito y el rating: 50 por ciento a partes iguales, 25 por ciento según la clasificación y 25 por ciento por la audiencia de los partidos.

Lo importante es la salud económica de toda la liga, no de unos cuantos. Y gana el aficionado: si contrata con la cadena que transmite el futbol inglés, ve toda la liga.

En México, cada equipo negocia por su parte; eso ahonda las diferencias económicas entre clubes y hace menos atractivo el torneo. Peor aún: las propias cadenas de televisión son dueñas de los equipos. El futbol es una extensión de su estrategia corporativa.

Quinto. Los derechos laborales de los futbolistas. En Europa hay sindicatos de futbolistas con la representación gremial. Firman contratos colectivos y las diferencias con los patrones se dirimen ante la justicia ordinaria.

En México, los futbolistas que han querido formar sindicatos han sido hostigados y despedidos.

La mediocridad del futbol profesional mexicano es reflejo directo de la preeminencia de los intereses de corto plazo, la falta de visión empresarial y el desprecio a la ley de los dueños de los clubes.

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