“Prohibido prohibir”, sentenció López Obrador en algún momento de su presidencia. Bajo esa premisa, que se cumple salvo contadas excepciones –como la ley seca los días de partidos del Tri–, el gobierno de Claudia Sheinbaum ya confirmó que, una vez que termine el Mundial, impulsará un “debate amplio”, no para prohibir, sino “para informar y generar condiciones de regulación entre todas y entre todos” de la inteligencia artificial, las plataformas digitales y las redes sociales. Menuda caja de Pandora que se va a destapar…
Comencemos por lo que es a todas luces un hecho y, por tanto, menos controvertido: el peligro que corren los menores de edad ante las redes sociales. La propia Sheinbaum puso énfasis en el impacto de la salud mental de los niños por “la adicción que se genera a través de las redes sociales y de las plataformas”.
En el mundo hay varios precedentes. En Australia, el año pasado se aprobó que menores de 16 años no tengan acceso a redes sociales. En Reino Unido, recién el 15 de junio, el premier británico, Keir Starmer, anunció que prohibirá Snapchat, TikTok, YouTube, Instagram, Facebook y X para los menores de 16 años. “Una prohibición total es la decisión correcta. No estoy dispuesto a comprometer la seguridad y la felicidad de nuestros hijos” , argumentó Starmer. Desde febrero, el presidente español, Pedro Sánchez, anunció que promoverá la prohibición de redes sociales a menores de 16 años, y en Francia, un mes antes, los diputados de la Asamblea Nacional aprobaron hacer lo propio para menores de 15.
Además de las restricciones legales, por la vía judicial se han impuesto sanciones a los dueños de las plataformas. Apenas el lunes, Meta Platforms reveló que cuatro estados de Estados Unidos piden sanciones por 1.4 billones de dólares por diseñar Facebook e Instagram con el fin de causar adicción a jóvenes.
Ya desde marzo, la empresa de Mark Zuckerberg sufrió reveses judiciales en Nuevo México y Los Ángeles, luego de juicios históricos en los que se determinó que Meta es culpable de la falta de seguridad para evitar el actuar de depredadores sexuales y se concluyó que la construcción de las plataformas fue con toda la intención de volverlas adictivas.
Es claro, pues, que México debe avanzar en esa ruta, de hecho ya nos tardamos.
Hasta ahí todo bien.
Luego está el tema de la inteligencia artificial. Dice la presidenta que, basados en la encíclica del papa León XIV –que llama a “desarmar la IA” y “liberarla de lógicas que la transforman en instrumento de dominio, exclusión o muerte”–, se va a “iniciar un proceso de debate de qué es la inteligencia artificial”, quién la controla, cómo se desarrolla y qué debemos aprender para establecer, “si así lo decidimos”, procesos de regulación.
Ahí hay también referentes internacionales. La Unión Europea adoptó en junio de 2024 la primera norma jurídica de IA del mundo. Una legislación que comenzó a discutirse desde abril de 2021 y que clasifica los sistemas de inteligencia artificial en función del riesgo que pueden generar.
En principio no habría motivos para oponerse a una discusión en México… El problema viene cuando Sheinbaum comienza a esgrimir argumentos políticos para una regulación, como lo hizo el 25 de junio, cuando confirmó que impulsará una reforma para regular las redes sociales y la inteligencia artificial, y fue enfática al sostener que “necesariamente tiene que revisarse” en México “la influencia de grupos internacionales de derecha que se organizan para utilizar las redes sociales con noticias falsas”...
Es ahí donde entramos en un terreno peligroso. Ya hay un primer precedente oscuro que emanó desde la ‘4T’, la denominada ‘Ley Serrano’ en San Luis Potosí, una reforma al Código Penal que castiga el “uso indebido” de la IA hasta con seis años de prisión. La ‘Ley Serrano’, de acuerdo con Artículo 19 y Reporteros Sin Fronteras, representa un peligroso instrumento de censura.
Sheinbaum advirtió que debe revisarse esa ley, pues “nada puede ir en contra de la libertad de expresión”. Además, asegura que su intención de regular las redes sociales y la inteligencia artificial “no tiene nada que ver con la censura, es un asunto que tiene que ver con el derecho a la información”.
¿De verdad?.. ¿Y cómo será esa amplia discusión con expertos?, ¿va a ser como todos los “parlamentos abiertos” y foros que se han hecho para escuchar a todas las voces y al final tirar las conclusiones por el caño y no moverle ni una coma a la iniciativa presidencial, tal como ocurrió con la reforma judicial y la electoral?
¿Y cómo será esa cruzada contra las “noticias falsas” de “grupos de derecha”?, ¿va a ser como el “Quién es Quién en las Mentiras”, de Liz García Vilchis, famosa por su célebre frase de “No es falso, pero se exagera”? ¿O será como la versión 2.0 del “Detector de Mentiras”, donde tildan de falsedad asuntos que al final resultaron ciertos, como la mujer que se asoleaba desde un balcón de Palacio Nacional? Esos son espacios que se han utilizado, sí para desmentir versiones falsas –y vaya que las hay–, pero también para denostar y descalificar a periodistas críticos desde el atril del poder.
Ayer se cumplieron 50 años de la publicación de la histórica “página en blanco”, que constituyó la censura a un manifiesto por la libertad de expresión y materializó el “Golpe a Excélsior”, que derivó en la salida de Julio Scherer.
Hoy ciertamente vivimos otros tiempos, plumas críticas contra el gobierno se pueden leer en distintos medios, mas no podemos decir que el periodismo en México esté libre de asedio. Ahí están los “detectores de mentiras”, pero sobre todo, ahí están los 59 periodistas asesinados en los ocho años de los gobiernos de Morena.
En ese contexto resulta delicado cualquier intento de regular las redes sociales en el que el respeto a la libertad de expresión resulte una simulación más. Ojalá que esta vez sí haya una discusión amplia pero, sobre todo, que las distintas voces de especialistas y actores involucrados sean tomadas en cuenta y no se aplique aquello de ‘no moverle ni una coma’.