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Radar Inteligente
Publimetro 09 Jul, 2026 09:47

Lo que dejamos en la calle.

Hay una frase que escuchamos muchas veces cuando somos niñas: “Deja las cosas mejor de como las encontraste.” Con el tiempo entendemos que no era solo un consejo para ordenar un cuarto. Era una forma de aprender a convivir, a pensar en los demás y a hacernos responsables del lugar que compartimos.

Como mujeres, muchas hemos aprendido que cuidar es mucho más que una tarea cotidiana. Cuidamos a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestras parejas, a nuestras amigas y a nuestras comunidades. Estamos pendientes de la mochila, de la comida, de una medicina, de una llamada, de que todos lleguen bien a casa. Quizá por eso entendemos mejor que pequeños actos pueden cambiar por completo el día de una familia.

Lo mismo sucede con la ciudad.

Una botella de plástico, una bolsa o un vaso desechable parecen insignificantes cuando quedan en la calle. Sin embargo, cuando llegan las lluvias, esos residuos pueden obstruir una alcantarilla, impedir que el agua fluya y provocar afectaciones que terminan tocando la puerta de alguien más. Detrás de una inundación hay una madre preocupada por sus hijos, una mujer que pierde el patrimonio que construyó con esfuerzo o una familia que ve alterada su vida de un momento a otro.

Por supuesto, corresponde a los gobiernos invertir en infraestructura, mantener limpios los drenes, dar mantenimiento a las alcantarillas y responder con oportunidad durante las emergencias. Esa responsabilidad es irrenunciable. Pero también es cierto que las ciudades funcionan mejor cuando la participación de la sociedad fortalece ese trabajo. No se trata de trasladar responsabilidades, sino de reconocer que el bienestar común siempre se construye entre muchas manos.

La conciencia ciudadana nace en los hogares. Cada vez que enseñamos a nuestras hijas e hijos a depositar la basura en su lugar, a respetar los espacios públicos o a cuidar un parque, estamos formando personas que entenderán que vivir en comunidad también implica pensar en los demás. Esa educación cotidiana vale tanto como cualquier obra pública, porque sus efectos permanecen durante generaciones.

Hoy más que nunca necesitamos una cultura del cuidado. Cuidar el agua. Cuidar las calles. Cuidar los espacios comunes. Cuidar a quienes comparten con nosotros esta ciudad. No porque una botella vaya a cambiarlo todo, sino porque miles de pequeñas decisiones tomadas todos los días pueden construir una comunidad más fuerte, más limpia y más preparada para enfrentar los retos que vienen.

Las lluvias seguirán llegando. Lo que sí puede cambiar es la manera en que decidimos vivirlas. Como mujeres sabemos que cuidar nunca ha sido un acto pequeño; es una forma de proteger el futuro. Hagamos que ese cuidado también llegue a nuestras calles. Porque la ciudad que heredemos a nuestros hijos e hijas comenzará con las decisiones que tomemos hoy, entre sociedad y gobierno, para cuidar lo que es de todos.

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