HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
El Financiero 10 Jul, 2026 04:30

Los ingleses, el fútbol y los pastes llegaron en el mismo barco

Así ocurrió también hace 40 años. En los octavos de final del Mundial de 1986 viví, desde las tribunas del estadio Universitario de Monterrey, el partido entre México y Alemania. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. México cayó en la tanda de penales y, al abandonar el estadio, el silencio de miles de aficionados decía más que cualquier palabra. Era la tristeza compartida de un país que veía escaparse un sueño.

El domingo volví a experimentar una sensación similar.

El equipo de Javier “El Vasco” Aguirre peleó hasta el último instante. En los minutos finales, México dominó el encuentro, empujó con el corazón y nos hizo creer que el gol del empate podía llegar en cualquier momento. No sucedió. Pero sería injusto quedarse únicamente con el marcador. La selección dejó todo en la cancha, disputó cada balón con entrega y, sobre todo, nos devolvió la ilusión. Eso también merece reconocerse.

Quizá la derrota dolió un poco más porque el rival era Inglaterra: el país donde nació el fútbol moderno. Después de más de un siglo de haber aprendido este deporte de ellos, México demostró que ya puede mirar de frente al maestro.

La historia de ese vínculo comenzó a mediados del siglo XIX, cuando cientos de mineros ingleses llegaron a Real del Monte, Hidalgo, para trabajar en las minas de plata. Con ellos no solo cruzaron el Atlántico nuevas técnicas de extracción, sino también costumbres, sabores y formas de entretenimiento.

Entre esas tradiciones viajaba el Cornish pasty, un pan relleno de carne, papa y otros ingredientes que las esposas preparaban para que los mineros lo llevaran a la jornada laboral. Su característico borde trenzado permitía sostenerlo con las manos impregnadas de arsénico y plomo y desechar esa parte al terminar, reduciendo así el riesgo de intoxicación. Con el paso del tiempo, aquella receta se adaptó al gusto mexicano y dio origen al paste, hoy uno de los platillos más representativos de Hidalgo.

Pero en ese mismo viaje llegó también un balón. Los primeros que rodaron en México no estaban hechos de materiales sintéticos, sino de una vejiga de cerdo inflada recubierta con cuero cosido a mano. Así comenzaron los primeros partidos en las minas hidalguenses.

Los trabajadores ingleses jugaban durante sus ratos libres y organizaron algunos de los encuentros mejor documentados de aquella época. De esa afición surgiría el Pachuca Athletic Club, considerado el antecedente del primer club de fútbol del país, razón por la cual Pachuca es reconocida como la Cuna del Fútbol Mexicano.

Por eso, mientras México se enfrentaba a Inglaterra, era inevitable recordar una de las historias más singulares de nuestro pasado: el fútbol y los pastes llegaron juntos desde Cornualles. Compartieron la misma travesía y, con el tiempo, encontraron en México un nuevo hogar. Uno se convirtió en una pasión que une a millones; el otro, en un emblema de la gastronomía hidalguense. Ambos recuerdan que las tradiciones viajan, se transforman y terminan formando parte de la identidad de quienes las reciben.

México perdió ante el país que inventó el fútbol, pero disputó un partido digno, valiente y memorable. A veces el maestro conserva la victoria, pero el alumno demuestra cuánto ha aprendido. Inglaterra nos legó un deporte que hicimos nuestro y, casi sin proponérselo, también nos dejó un platillo que hoy forma parte del patrimonio gastronómico de Hidalgo. Al final, tanto el balón como el paste encontraron en México mucho más que un destino, encontraron una nueva identidad.

Contenido Patrocinado