El Primer Ministro cubano, Manuel Marrero, salió en defensa de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del , tras la polémica generada en la isla por su papel en las conversaciones con Estados Unidos, que La Habana reconoció por primera vez.
"El equipo de trabajo conformado para esta responsabilidad estratégica cuenta con la confianza, el apoyo y el mandato del General de Ejército (Raúl Castro) y del Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel", señaló Marrero la noche de ayer en X.
Marrero no mencionó directamente a Rodríguez Castro ni se refirió a la controversia generada a raíz de una entrevista concedida al diario USA Today, en la que el nieto de Raúl Castro afirmó estar dispuesto a "negociar con cualquier persona que designe Estados Unidos", incluso con el Presidente Donald Trump.
Su pronunciamiento representa la primera confirmación por parte del Gobierno cubano de la participación de Rodríguez Castro en las conversaciones con Washington, algo ya revelado hace varios meses por medios estadounidenses.
El segundo jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista (PCC, único), Elier Ramírez, también confirmó en la red social de Facebook el papel del nieto de Raúl Castro como interlocutor ante Estados Unidos "por decisión de la máxima dirección del país".
Ramírez denunció que las "mentiras" en torno a Raúl Guillermo forman parte de una "operación mediática" de Estados Unidos.
La entrevista también reveló detalles sobre la vida de lujos de Rodríguez Castro y del alcance de su influencia, a pesar de que no ocupa ningún cargo oficial.
El texto generó críticas, incluso dentro de las filas del oficialismo, sobre los privilegios de la élite gobernante, su desconexión con la realidad del país y las prácticas de nepotismo en la isla.
"Usurpar las funciones del Gobierno, asumir un rol público para el que nadie te eligió... ¿se le permitiría a alguien más?", escribió el periodista Michel Torres, de la televisión estatal cubana.
Por su parte, el cantautor Israel Rojas, muy cercado al oficialismo subrayó que "ninguna familiaridad ni jovialidad de un dirigente revolucionario puede excusar saltarse (...) la institucionalidad del país".