Peter Braunstein, el ex crítico de moda condenado por uno de los crímenes sexuales más impactantes de Nueva York en 2005, envió una carta al New York Post en la que afirma que, si lo liberan, lo único que haría sería matar gente.
Según información del propio periódico, Braunstein escribió esta misiva el 12 de junio mientras cumple su sentencia en una prisión del norte del estado.
Este caso regresa a la atención pública en medio del debate sobre reformas a la libertad condicional en Nueva York. Braunstein, de 62 años, cumple una condena de 18 años a cadena perpetua y tiene audiencias pendientes. Su postura sorprende porque no pide salir, sino que advierte de los riesgos de cambios en las leyes.
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— ????? ????? ????? ? (@ukpapers) July 12, 2026
?Infamous NYC sex fiend Peter Braunstein makes chilling promise to ‘kill’ if released from prison
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¿Quién es Peter Braunstein y qué hizo en 2005?
Braunstein trabajaba como escritor de moda en revistas como Women’s Wear Daily. La noche de Halloween de 2005, en el barrio de Chelsea, prendió fuego en la puerta del apartamento de una excompañera de 36 años de la que estaba obsesionado. Se disfrazó de bombero, llamó a la puerta y, una vez dentro, la cloroformó, la desnudó, la ató a la cama y la agredió sexualmente durante más de 13 horas mientras grababa el abuso.
La víctima testificó en el juicio de 2007: “Estaba aterrorizado”. Contó que Braunstein le dijo que había tenido suerte de seguir viva y que ya había matado a otras personas. Antes de irse, escribió en el espejo: “Adiós. Espero que las cosas mejoren pronto para ti”.
Lo declararon culpable de secuestro, abuso sexual, robo y allanamiento de morada. Tras escapar durante dos meses, lo capturaron en Tennessee. Además, enfrenta otra condena de 23 años en Ohio por un secuestro cometido mientras estaba prófugo.
Lo que dice Braunstein en su carta
En la carta de tres páginas escrita con tinta azul en papel amarillo, Braunstein es directo: “Si me dejaran salir mañana, volvería a la cárcel enseguida porque lo único que haría sería matar gente”.
Lista posibles objetivos: “Demócratas (traidores), transexuales (monstruos), ese tal Piker” (refiriéndose al streamer Hasan Piker) y agrega que “la lista es interminable”. También escribe: “Estados Unidos ahora mismo está perdido, cariño, perdido. Me alegro mucho de no estar ahí fuera”.
Reconoce: “Merezco estar en prisión”. Y va más allá: “La única forma en que saldré de prisión es en una bolsa para cadáveres”. Explica que desde 2005 terminó con el mundo y que la cárcel es donde quiere estar porque lo separa de una sociedad que detesta.
Admite pensar en la víctima “de vez en cuando” y describe el crimen como “un acto de autodefinición”. Afirma que desarrolló un “vínculo” con ella durante el cautiverio, algo que compara inversamente con el síndrome de Estocolmo.
No muestra remordimiento.Entre rejas también escribió una mininovela titulada Deseos Infinitos, sobre una relación incestuosa entre una adolescente y su padre.
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Las reformas a la libertad condicional que preocupan
Dos proyectos de ley en Albany generan el debate actual:
- El proyecto de libertad condicional para personas mayores permitiría a delincuentes violentos solicitar audiencias anticipadas después de los 55 años y 15 años cumplidos, sin importar la gravedad del delito.
- El proyecto de Libertad Condicional Justa y Oportuna obligaría a la Junta de Libertad Condicional a liberar a los reclusos a menos que representen un “peligro actual” para el público.
Braunstein tuvo una audiencia en 2025 a la que no se presentó y fue denegada. Deberá comparecer nuevamente pronto. Según Marc Coppola, excomisionado de la Junta y senador estatal, bajo estas reformas “probablemente habría quedado en libertad”.
Coppola advierte: “Creo que vamos a ver a muchos asesinos en libertad… Me refiero a tipos como Mark David Chapman y el Hijo de Sam”. Considera que las medidas faltan al respeto a las víctimas y sus familias.
¿Qué significa esto para el lector común?
El caso de Braunstein sirve como ejemplo concreto de las preocupaciones: un delincuente que admite abiertamente su peligro y que, aun así, podría beneficiarse de cambios legales pensados para reducir overcrowding carcelario y dar segundas oportunidades.
Las autoridades y críticos señalan que no todos los reclusos son iguales. Casos como este resaltan la importancia de evaluar el riesgo real antes de cualquier liberación. Braunstein insiste en que prefiere quedarse encerrado. Sin embargo, su carta deja claro el mensaje: para personas con su historial, la libertad podría no ser segura ni para ellas ni para los demás.Este tipo de testimonios, aunque perturbadores, ayudan a entender mejor el debate sobre justicia, rehabilitación y protección a la sociedad.
Las autoridades de Nueva York continúan evaluando estos proyectos de ley mientras las víctimas y sus familias siguen de cerca las decisiones. Mantenerse informado sobre estos temas permite entender mejor cómo se equilibran los derechos y la seguridad pública en el sistema judicial.