Ciudad Juárez atraviesa un mal momento en materia de representación empresarial. Quienes deberían tener el liderazgo y el talante para unir esfuerzos en favor de la comunidad hoy parecen enfrascados en diferencias personales, donde el ego y la víscera terminan imponiéndose al diálogo y a la visión de largo plazo.
Desde afuera, el ciudadano común podría pensar que quienes han alcanzado el éxito empresarial también han tenido el tiempo y la experiencia suficientes para desarrollar la madurez emocional y la sabiduría necesarias para construir consensos, contener las ambiciones personales y sentarse a dialogar con apertura y sin prejuicios.
Pero no siempre es así.
El éxito en los negocios no garantiza la capacidad de conciliar, de ceder cuando es necesario o de anteponer el interés colectivo al protagonismo individual. Y cuando eso ocurre en los organismos de representación empresarial, las consecuencias trascienden a sus integrantes: terminan afectando la capacidad de una ciudad para hablar con una sola voz.
Si en el ámbito político es sano ceder a las ambiciones, en el empresarial lo es más. Cuando éstas se desbordan y aquellos que esperaban en un pedestal la oportunidad de llegar para “dejar sentir su grandeza” al resto de los mortales, ¡agárrense!
La verdad es que la representación empresarial, sirve en la medida en que se defienden los intereses de la ciudad y no los propios protagonismos. A menos que el interés sea otro y permanezca oculto, ahí las cosas cambian y entran en otro análisis, quizá el político.
La representación empresarial debe impulsar proyectos estratégicos, convertirse en interlocutor con los gobiernos para exigir seguridad, obra pública o proyectos de beneficio general, entre otras cosas.
Hoy, vemos con preocupación que las voces en quienes se tiene puesta cierta expectativa para que reclamen o hablen con propiedad, intelecto y cierto nivel de conocimiento sobre los retos económicos de la ciudad, simplemente no están o no se les deja escuchar.
Y quienes están ahí, como supuestos representantes del sector productivo, están enfrascados en peleas propias de jóvenes de secundaria o de plano y muy vergonzosamente, enfrascados en luchas por contratos de obra y situaciones de ese tipo.
Ser líder o estar al frente de algún organismo de representación, es temporal, pero la ciudad debe tener visión de largo plazo y es algo que no debe perderse de vista. Las instituciones deben trascender a las personas.
La tentación de un solo hombre, como en política, debe dejarse de lado para dar paso al bien de toda una ciudad que reclama desde hace tiempo, quien le dé la mano.
Hoy la ciudad necesita una voz empresarial fuerte y unida para enfrentar desafíos como la desaceleración del empleo, la incertidumbre comercial, la competencia internacional por nuevas inversiones y los retos en infraestructura, energía y seguridad.
Mientras otras regiones compiten por atraer empresas y talento, aquí el riesgo es desgastarse en conflictos internos que poco aportan al desarrollo.
¿Quo Vadis CCE?
Antes de concluir y abordar lo que sucede en el Consejo Coordinador Empresarial, resulta muy ilustrativo el siguiente texto, guardando las proporciones.
La tradición cristiana relata un episodio profundamente simbólico. Cuando la persecución contra los primeros cristianos arreció, Pedro decidió abandonar Roma para salvar la vida. En el camino se encontró con Jesucristo y le hizo una pregunta que ha trascendido los siglos: "Quo vadis, Domine?" —¿A dónde vas, Señor?
La respuesta fue tan breve como contundente: "Voy a Roma para ser crucificado otra vez." Pedro comprendió entonces que Cristo no regresaba para ocupar su lugar, sino para recordarle que el pastor no podía abandonar a su rebaño. Dio media vuelta y regresó a Roma, donde terminaría entregando la vida por la comunidad que le había sido encomendada.
Toda representación implica una responsabilidad. Quien acepta encabezar una organización, una institución o un consejo deja de representar únicamente sus intereses para asumir los de quienes confiaron en él. El liderazgo auténtico no consiste en preservar el orgullo personal ni en ganar disputas internas; consiste en permanecer, dialogar y cumplir con el deber, incluso cuando hacerlo resulte incómodo.
Al Consejo Coordinador Empresarial le quedan pocos, pero importantes organismos. Entre ellos, al más representativo de la derrama económica de la ciudad, es decir al sector maquilador.
Si nos atenemos a la influencia y poder de efecto económico en la ciudad, Index es el organismo más grande en automático. Así que a pesar de que varias asociaciones y cámaras dejaron de lado su pertenencia al CCE, tiene todavía margen de maniobra para enviar potentes mensajes, si lo desean y saben organizarlos.
Por otra parte, los tiempos que se vengan en la ciudad y el resto del mundo, habrán de redefinir nuevos liderazgos que esperemos, tengan el temple y la preparación suficiente para lo que se viene. Tiempos traen líderes, sin duda.