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El Financiero 13 Jul, 2026 09:40

La tradición de los álbumes enfrenta su mayor amenaza en 60 años

Durante generaciones, para los niños, y muchas veces también para sus padres, la Copa del Mundo ha marcado el inicio de un ritual familiar: ir al puesto de periódicos más cercano (o, en estos días, quizá a una tienda de autoservicio), comprar sobres con estampas con las fotografías y los nombres de los jugadores, abrirlos con emoción y pegar las estampas en un álbum. ¿Te falta Lionel Messi, Cristiano Ronaldo o ese futbolista del que nunca habías oído hablar y que juega con Uzbekistán? Basta encontrar en la escuela a un compañero que tenga la estampa que necesitas y cambiarla por una de las tres de Harry Kane que te tocaron repetidas.

Ahora esa tradición está en riesgo.

Personas intercambiando estampas de Panini en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México el 11 de junio.

Panini SpA, la editorial italiana cuyos álbumes de estampas han acompañado cada Copa del Mundo desde 1970, libra una intensa disputa con el gigante estadounidense del negocio de artículos deportivos Fanatics Inc. por las licencias que sostienen su modelo de negocio. Y desde la muerte, el año pasado, de Aldo Sallustro, director general de Panini durante más de tres décadas, la empresa ha dado pocas señales sobre la estrategia que seguirá para responder al desafío. Panini no respondió a las solicitudes de comentarios.

Fanatics obtuvo los derechos para comercializar coleccionables de la Copa Mundial de la FIFA a partir de 2031, un acuerdo que impide a Panini producir álbumes de estampas con las selecciones participantes o sus jugadores. Aunque Fanatics asegura que mantendrá la producción de estampas, muchos aficionados temen que el énfasis se desplace hacia el negocio que adquirió con la compra de las tarjetas coleccionables Topps en 2022, sustituyendo las entrañables tradiciones de Panini por el estilo comercial y espectacular propio de Estados Unidos. “No sé cómo una empresa que hace tarjetas de béisbol en Estados Unidos podría hacer este álbum a escala mundial”, dice Virgilio Sorto, profesor de matemáticas en El Salvador que comenzó a coleccionar en 1974 y que ha ayudado a sus nietos a completar cuatro álbumes para el torneo de este año.

Fanatics ha ido arrebatando de manera progresiva licencias históricamente controladas por Panini, entre ellas los derechos para producir tarjetas coleccionables de la NBA y la NFL, que la empresa italiana había mantenido durante más de una década. En 2023, Panini demandó a Fanatics al acusarla de utilizar prácticas depredadoras para expulsar a sus competidores del mercado, como asegurar durante décadas los derechos de tarjetas coleccionables mediante acuerdos de licencia con las ligas profesionales de Estados Unidos y los sindicatos de jugadores. Fanatics respondió de inmediato con una contrademanda, en la que acusó a Panini de incurrir en prácticas comerciales desleales que perjudicaban el negocio de tarjetas coleccionables de la empresa estadounidense y de impedir ilegalmente que sus empleados renunciaran para incorporarse a Fanatics. Estas tensiones han alimentado recurrentes especulaciones sobre una eventual adquisición total de Panini por parte de Fanatics. La empresa estadounidense declinó hacer comentarios, aunque en el pasado intentó negociar esa operación; hoy asegura que ya no tiene interés.

Intercambio de estampas en 2022.

La Copa Mundial de 2030, que se disputará en Marruecos, Portugal y España (con algunos partidos en Sudamérica para conmemorar el centenario del torneo), marcará el último álbum de Panini. Izrael Bretón, científico computacional de la Ciudad de México, teme que también represente el fin de rituales de colección profundamente arraigados. Desde hace décadas, Bretón intercambia estampas en las escalinatas del Palacio de Bellas Artes de la capital, una reunión que comenzó como un encuentro informal entre un pequeño grupo de coleccionistas y que, con el tiempo, se ha convertido en una concentración de miles de aficionados cada cuatro años. “Es increíble ver la comunidad que se forma”, afirma.

La economía de este pasatiempo ha cambiado drásticamente desde que Bretón completó su primer álbum, en 1990. Entonces pagaba el equivalente a 20 centavos de dólar por cada sobre con cinco estampas y gastó menos de 50 dólares para completarlo. Hoy, cada sobre con siete estampas cuesta alrededor de 2 dólares y, con la ampliación del torneo a 48 selecciones, se requieren 980 estampas para llenar el álbum. Quien tuviera la fortuna de no obtener ninguna repetida (es decir, nadie) gastaría casi 300 dólares en estampas, pero la mayoría de los aficionados termina invirtiendo dos o tres veces esa cantidad. Para los niños, eso representa “sus primeras lecciones sobre la escasez económica”, afirma Carlo Alberto Carnevale Maffe, profesor de negocios en la Universidad Bocconi de Milán. “Negociar por esa estampa difícil de conseguir es una clase magistral sobre los fundamentos del mercado, envuelta en el inconfundible aroma del pegamento”.

Intercambio de calcomanías en la Ciudad de México en junio.

Giuseppe, padre del inversionista inmobiliario Antonio Panini, fundó la empresa junto con sus hermanos en 1961 en la ciudad de Módena, en el norte de Italia, conocida principalmente por ser la cuna de Ferrari, Maserati y el vinagre balsámico. Antonio asegura que, aunque su familia dejó de ser propietaria de Panini en 1988, le alegra que la marca haya sobrevivido. “Sería una pena que nuestro apellido ya no apareciera en los álbumes”, afirma.

Colocando stickers en un avión en desuso en Brasil antes del Mundial de 2022.

La empresa surgió a partir del puesto de periódicos de la familia, cuando comenzaron a vender álbumes y estampas de personajes de caricaturas, figuras históricas y futbolistas de las ligas italianas. El negocio creció rápidamente por toda Italia y, en 1970, llegó la gran oportunidad: obtener la licencia para producir las estampas de la Copa del Mundo celebrada en México, cuando Pelé y Franz Beckenbauer dominaban las canchas, la Unión Soviética y Checoslovaquia competían con sus selecciones nacionales y Brasil derrotó a Italia en la final. “La magia consistía en abrir esos sobres de estampas sin saber qué te iba a tocar”, recuerda Antonio. “Esa sensación de alegría puede durar para siempre, sin importar los cambios que vengan”.

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