España y los amantes del buen fútbol vibran de alegría tras la majestuosa exhibición de La Roja, que superó con autoridad a Francia con un inapelable 0-2 en las semifinales de la Copa del Mundo. Los galos se quedaron con la miel en los labios en el imponente coliseo de los Dallas Cowboys en Arlington, Texas, donde se prometían un destino muy feliz antes del pitido inicial.
Sin embargo, el golpe de realidad sobre el césped estadounidense fue tremendo para el conjunto de Didier Deschamps, que ahora tendrá que lamerse las heridas y resignarse a disputar el partido de consolación por el tercer puesto.
El impacto de la victoria española adquiere dimensiones colosales cuando se analiza la historia del fútbol moderno. Antes de esta obra maestra táctica firmada por la selección española, el combinado francés solo había mordido el polvo en unas semifinales mundialistas en tres ocasiones muy específicas.
La primera se remonta a Suecia 1958, cuando un jovencísimo Pelé sepultó las ilusiones de la mítica Francia de Just Fontaine y Raymond Kopa; las dos siguientes ocurrieron en la década de los ochenta, cuando la implacable Alemania Federal les apeó de la gloria de forma consecutiva en las citas de España 1982 y México 1986.
De esta manera, el equipo español se vistió con el misticismo de Brasil y la solidez de Alemania al mismo tiempo para devorar tácticamente a Kylian Mbappé y sus compañeros. Fue un auténtico baño de fútbol, una lección de posesión, desmarque y pegada que anuló por completo las virtudes del subcampeón del mundo y devolvió a España a la vanguardia del balompié internacional de la forma más brillante posible.
España espera por ingleses o argentinos
El triunfo incontestable de España frente a Francia no solo representa un golpe de autoridad histórico sobre el tapiz verde, sino que sella de forma matemática su boleto directo a la gran final del próximo 19 de julio de 2026. El escenario para la batalla definitiva por el trono mundial será el imponente MetLife Stadium de East Rutherford, Nueva Jersey. Allí, el combinado español buscará poner el broche de oro a un torneo que ha rozado la perfección y que ha devuelto al país la ilusión de reinar en el planeta fútbol.
La expectación de cara a la gran cita es máxima entre los aficionados y la prensa internacional, ansiosos por ver si este grupo de futbolistas es capaz de coronar su impecable campaña en tierras norteamericanas. Sobre el césped, los pupilos de La Roja han demostrado una madurez impropia de su juventud, desplegando un juego asociativo y de posesión que evoca, de manera inevitable, los mejores años de aquella época dorada que maravilló al mundo entero hace más de una década.
Con el billete a Nueva Jersey ya en el bolsillo, la gran incógnita que paraliza al fútbol español es saber quién estará al otro lado del campo en el partido decisivo. España espera pacientemente por el ganador del vibrante e histórico duelo que medirá a las selecciones de Inglaterra y Argentina. Cualquiera de los dos rivales garantizará un choque de estilos de altísima tensión, configurando un escenario de final soñada para los millones de espectadores que seguirán el desenlace del torneo.
Mientras el cuerpo técnico español analiza minuciosamente las virtudes de ingleses y argentinos, la derrotada Francia ya se resigna a preparar el partido de consolación del próximo sábado. Los galos deberán verse las caras con el perdedor de esa otra semifinal de infarto, buscando un bronce que cure a medias la profunda herida que les dejó el baño táctico de La Roja en el coliseo de Texas.
El domingo de la gran final ya se vislumbra en el horizonte como una cita ineludible con el destino para una generación que ha vuelto a enamorar al planeta. Con la moral por las nubes, una propuesta de juego vistosa y el respaldo de todo un país, la expedición española viaja a Nueva Jersey con la convicción de estar ante el momento de sus vidas. El sueño de bordar la ansiada segunda estrella en el pecho se encuentra a tan solo noventa minutos de convertirse en una hermosa y eterna realidad. @mundiario