La respuesta a la pregunta que titula esta entrega depende del cristal con que se mire.
En junio pasado, la inflación general en México registró una tasa anual de 3.4 por ciento –con redondeo de cifras–, después de que en mayo se ubicó en 3.9 por ciento, con lo que presentó una desaceleración importante y alcanzó su menor nivel desde diciembre de 2020.
Además, por segundo mes consecutivo se ubicó dentro del rango objetivo del Banco de México de 3 por ciento más o menos un punto.
La disminución obedeció principalmente a un efecto de alta base de comparación, que provoca lecturas de inflación distantes de un año a otro, en el rubro de productos agropecuarios, que mantiene una trayectoria descendente.
En Estados Unidos, ayer se informó que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se redujo a 3.5 por ciento a tasa anual en junio desde 4.2 por ciento en mayo y se situó por debajo del 3.8 por ciento esperado por el mercado.
De hecho, el IPC cayó 0.4 por ciento en junio respecto a mayo, siendo su primera baja mensual desde mayo de 2020, luego de que los precios de la gasolina experimentaron su mayor retroceso desde 2022, gracias a la pausa en el conflicto con Irán.
Lo que las economías mexicana y estadounidense reflejan es un panorama heterogéneo en términos de los precios al consumidor.
Aquí, la inflación general está disminuyendo por el componente no subyacente, que incluye los productos con precios altamente volátiles –como los agropecuarios– y las tarifas autorizadas por el gobierno.
Allá, los indicadores anuales continúan apuntando a una inflación elevada derivada de presiones relacionadas con los aranceles de Trump, los precios de la energía, que en junio ofrecieron cierto alivio a los consumidores, y el desarrollo de la infraestructura de inteligencia artificial.
En Estados Unidos, la inflación sigue siendo elevada en relación con el objetivo de 2 por ciento de la Reserva Federal.
Con los datos de junio, México tiene 0.1 puntos porcentuales menos de inflación general en comparación con Estados Unidos. Un mes antes, en mayo, el diferencial fue más amplio, de 0.3 puntos menos.
Las cifras publicadas ayer en la economía estadounidense mostraron una inflación contenida en el componente subyacente, que se redujo de 2.9 a 2.6 por ciento anual de mayo a junio.
En Estados Unidos, el IPC subyacente anual, que excluye los componentes volátiles de alimentos y energía, es el que más venía reflejando las presiones inflacionarias.
¿Qué pasa en México con el componente subyacente, que excluye bienes y servicios con precios más volátiles y que determina la trayectoria de la inflación general a mediano plazo?
En junio registró un incremento de 4.0 por ciento anual –también con redondeo de cifras–, siendo su menor avance desde abril de 2025 y desacelerando por quinto mes consecutivo.
Aun así, durante 14 meses consecutivos se ha mantenido fuera del rango objetivo de Banxico.
El componente subyacente, que siempre es el mejor referente de la trayectoria inflacionaria, mantiene un desempeño dispar entre sus dos principales componentes.
Por una parte, el subíndice de mercancías descendió de 3.8 a 3.6 por ciento anual entre mayo y junio; por la otra, el de servicios pasó de 4.6 a 4.5 por ciento de un mes a otro.
Aunque en general las cifras de precios al consumidor fueron positivas en junio, continúan resaltando la persistencia de la inflación de servicios, que refleja presiones internas.
Una de las fuentes de presión sobre la inflación de servicios proviene de los aumentos salariales registrados en el país en los últimos años.
La inflación de servicios en México sigue estando demasiado alta para ser congruente con una convergencia sostenida a la meta de 3 por ciento en el segundo trimestre de 2027.
En la medida que los precios del subíndice de servicios no cedan, la inflación subyacente también va a mostrar dificultad para disminuir por debajo de 4 por ciento.
El dato contundente es que, cuando se compara el nivel de precios del componente subyacente, en México tenemos 1.4 puntos porcentuales más de inflación con relación a Estados Unidos.
La pregunta en este momento es si el repunte del petróleo por la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán podría reavivar el impacto inflacionario del conflicto y pasarle factura a México.