La actuación es una disciplina milenaria que para algunos llega a una alta edad, pero que para otros, se presenta desde sus primeros años y termina por convertirse en una parte fundamental de su vida.
Este es el caso de Damián Mondragón, el actor que lo descubrió antes de cumplir los 13 años, y que hoy lo ha llevado a ser parte del elenco de No tengo miedo, la miniserie mexicana que Netflix estrenó este mes y que ya se cuenta entre los títulos más comentados de la plataforma.
La obra se ha ganado la atención de la audiencia mexicana. | Source : NeflixLa dualidad como método
En la historia, ambientada en un pueblo veracruzano durante el verano de 1986, Damián da vida a Toño, uno de los niños que acompaña al protagonista en el hallazgo que cambiará a toda la comunidad.
A simple vista, Toño es el bravucón del grupo: molesta, hace bromas, provoca. Para construir este personaje, el actor decidió hacerlo desde el contraste, para no caer en el estereotipo. “Es alguien burlón, contento; es el bully del grupo, pero también es muy miedoso”, explica.
Esa tensión que se mueve entre presentar una fachada de niño rudo y la vulnerabilidad es, según él mismo, lo que más disfrutó interpretar, porque le permitió demostrar que las personas rara vez son solo lo que aparentan.
Del pupitre al set
Lo que vuelve especialmente honesto ese trabajo es que, fuera de cámara, Damián vivió el guion invertido. Entre tercero y quinto de primaria sufrió bullying por dedicarse a la actuación, una etapa que, en lugar de alejarlo del oficio, terminó reafirmando su vocación.
“Siempre me gustó la cámara”, compartió. Ese material propio —el recuerdo de haber sido señalado, la incomodidad de no encajar— es precisamente el tipo de archivo emocional que después reaparece, transformado, cuando interpreta a alguien que ejerce esa misma dinámica desde el otro lado.
Lecciones de quienes ya lo vivieron
Antes de No tengo miedo, la serie Accidente le dejó algo más que créditos en pantalla: mentores. Ahí compartió una de las secuencias más demandantes de su carrera, atrapado en una casa en llamas mientras Ana Claudia Talancón intentaba rescatarlo.
La actriz le enseñó a respirar para sostener escenas de alta tensión sin desbordarse; Sebastián Martínez, por su parte, le compartió la técnica de preparar con anticipación las escenas de llanto para llegar a ellas desde un lugar genuino.
Son herramientas que, según cuenta el propio Damián, aplicó después en Toño, y que explican por qué a esta edad ya habla de “desprenderse” de un personaje como quien describe un proceso técnico, no una anécdota infantil.
Ese desprendimiento, de hecho, le tomó cerca de un mes tras el rodaje de No tengo miedo: seguir pensando y reaccionando como Toño, hasta encontrar el camino de regreso a su propia vida, con el acompañamiento de su mamá y de coaches actorales.
Con Quién mató a Sara, Juegos Interrumpidos y Accidente ya en su currículum, y ahora como parte del elenco de una de las series mexicanas más vistas del momento, Damián Mondragón construye algo poco común en la actuación infantil: una relación consciente entre lo que vive y lo que interpreta.
Sueña con dirigir cine y ganar un Oscar. Por ahora, ya domina algo que a muchos actores adultos les cuesta años aprender: que el material más honesto siempre está en la propia historia.