Por Héctor Miguel Gallardo*
Las campañas en Querétaro y en cada uno de los 16 estados que estarán disputándose en el 2027, ya comenzaron. El detalle es que oficialmente no existen. Sin embargo, quien hoy recorra las avenidas principales de la capital queretana, o sintonice cualquier estación de radio local, o simplemente revise su teléfono después de una llamada de encuesta tramposamente formulada, sabrá que el proceso ya lleva meses en marcha. Nadie espera el banderazo de inicio cuando hay tanto terreno que pisar.
Este, es el fenómeno más honesto de la política mexicana contemporánea: la campaña real siempre precede a la campaña legal. Y Querétaro no es la excepción, aunque moralmente no es aceptada, cabe destacar que si es su versión más sofisticada. Los espectaculares florecieron antes que los registros. Las giras de ¨trabajo¨ dieron inicio antes que las precandidaturas. Las encuestas de posicionamiento llevan meses midiendo lo que nadie debería estar midiendo todavía, al menos no formalmente. Y aunque la Ley electoral prohíbe los actos anticipados de campaña, tales como: llamadas expresas al voto, solicitudes de apoyo, autopromoción electoral fuera de tiempos. La realidad opera con una creatividad que los árbitros electorales conocen muy bien.
Hoy, la mayoría del funcionariado público lleva más de dos años en una campaña permanente financiada con recursos de origen tan misterioso como ilimitado. Sus llamadas telefónicas preguntando a ciudadanos si saben que aparecen como “el mejor posicionado o la mejor posicionada” son un manual de lo que la ley llama acto anticipado y los operadores llaman posicionamiento. La consejera presidenta del Instituto Electoral del Estado de Querétaro, Grisel Muñiz, lo ha dicho con cuidado institucional: aunque no hay campañas formales en curso, eso no impide que se presenten conductas revisables si existe denuncia formal. Traducido: lo están viendo, pero la denuncia formal es la llave que aún nadie ha girado del todo.
El PAN, por su parte, optó por institucionalizar la informalidad. En marzo de 2026 lanzó su convocatoria oficial para aspirantes a gubernaturas, diputaciones y alcaldías, con una pasarela pública y un mecanismo de selección vía encuestas ciudadanas —si, copiado del modelo Morena— que definirá quién porta el color azul en la boleta. Es decir, el partido en el gobierno del estado convirtió lo que antes era un proceso opaco de dedazo en un espectáculo de marketing político con reglas escritas. Los y las aspirantes ya no se destapan en lo oscurito: se registran, desfilan y compiten por aparecer mejor en los sondeos. El coliseo es público y la entrada es libre.
Que el PAN adopte el modelo de encuestas ciudadanas del partido que derrotó en 2021 dice mucho sobre el estado actual de la democracia interna en México: cuando el adversario tiene una herramienta que funciona —o al menos, parece funcionar—, la ideología puede esperar en la sala. La pregunta que nadie en Acción Nacional se hace en voz alta es si importar el método implica también importar sus vicios: las encuestas compradas, los padrones inflados e inclusive, los encuestadores que llegan con respuestas ya marcadas.
Morena pidió mesura a sus militantes para evitar actos anticipados, pero varios de sus perfiles operan «al filo de la navaja», con recorridos por municipios ajenos, bajo la lógica de que un político activo no puede dejar de ser visible, aunque la ley preferiría que esperara su turno.
Lo que está ocurriendo en Querétaro es exigente. El electorado es un ciudadano que exige calidad de gestión y que sanciona con el voto cuando no la recibe; seducirlo con espectaculares y llamadas telefónicas es necesario, pero no suficiente. Y todos los que hoy campañean sin campañear lo saben.
Las campañas formales llegarán en primavera de 2027, intensas y visibles. Pero la campaña que realmente define candidaturas ya ocurre: en cada espectacular sin denunciar, cada encuesta sin registrar, cada gira que siempre cae, curiosamente, en municipio ajeno. Querétaro 2027 será recordado como uno de los procesos electorales más grandes en la historia del estado, pero su verdadero inicio, para quien quiera verlo, fue hace tiempo.
*Héctor Miguel Gallardo es ingeniero en mecatrónica, coordinador de todas las plataformas y los procesos tecnológicos de Ciudad y Poder.

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