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Mundiario 18 Jul, 2026 14:48

Gianni Infantino impulsó un Mundial gigante, pero los desplazamientos abren una nueva preocupación ambiental

La Copa del Mundo celebrada en Norteamérica ha llevado el concepto de gran evento deportivo a una nueva dimensión. La ampliación del número de selecciones participantes y el reparto de los partidos entre México, Estados Unidos y Canadá han permitido crear un torneo más extenso, pero también han multiplicado las necesidades de transporte.

La enorme distancia entre las sedes se ha convertido en uno de los principales factores de impacto. A diferencia de ediciones anteriores, donde los equipos podían concentrar sus desplazamientos en áreas reducidas, esta competición ha obligado a jugadores, cuerpos técnicos y aficionados a recorrer miles de kilómetros por vía aérea.

Los cálculos realizados por organizaciones ambientales apuntan a que el Mundial podría generar alrededor de nueve millones de toneladas de dióxido de carbono. Además, algunos estudios advierten de que la cifra final podría aumentar significativamente debido al volumen real de desplazamientos y actividades asociadas al torneo.

Durante las primeras fases del campeonato, decenas de selecciones han utilizado vuelos constantes para conectar sus diferentes sedes. En total, los equipos nacionales han acumulado más de 180.000 kilómetros de trayectos aéreos, una distancia que refleja la dimensión territorial del evento.

Las selecciones afrontan una competición marcada por los kilómetros

El desgaste físico de los futbolistas no solo procede de los partidos. Las largas conexiones entre ciudades se han convertido en un elemento adicional dentro de la preparación deportiva. Algunos combinados han tenido que cambiar de país varias veces en pocos días, alterando rutinas de descanso y recuperación.

España aparece entre las selecciones con mayor recorrido acumulado. Aunque pudo repetir algunas localizaciones, sus desplazamientos entre diferentes puntos del continente americano sumaron más de 8.000 kilómetros durante el torneo. Inglaterra y Colombia también figuran entre los equipos que más distancia han cubierto.

Uno de los casos más extremos fue el de Bosnia y Herzegovina, que tuvo que enlazar sedes separadas por miles de kilómetros en la fase inicial. La planificación del calendario obligó a algunos equipos a realizar auténticas travesías entre partidos, algo que varios jugadores relacionaron con un mayor cansancio físico.

La situación también afectó a otras selecciones. Irán, por circunstancias políticas y organizativas, tuvo que mantener desplazamientos adicionales entre su base de operaciones y los escenarios de competición. El resultado fue una carga logística que fue más allá de lo estrictamente deportivo.

La sostenibilidad del Mundial queda bajo escrutinio

La FIFA ha presentado medidas destinadas a reducir el impacto del torneo, como el impulso de vehículos eléctricos, la utilización de materiales más sostenibles en infraestructuras y la reducción del uso de generadores contaminantes. Sin embargo, las organizaciones ecologistas consideran que el principal problema sigue siendo la dependencia del transporte aéreo.

El debate no se limita únicamente a los movimientos de las selecciones. Los millones de aficionados que han viajado para asistir a los encuentros representan otro de los grandes focos de emisiones. La magnitud geográfica del Mundial ha convertido la movilidad en uno de los mayores retos ambientales de la competición.

También han generado críticas los desplazamientos privados de algunos dirigentes deportivos. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, utilizó un avión privado para acudir a numerosos partidos durante el torneo, una práctica que grupos ecologistas han señalado como contradictoria con los objetivos de reducción de emisiones.

La organización de futuros Mundiales afronta ahora una cuestión clave: cómo mantener la expansión global del fútbol sin que el crecimiento del espectáculo implique un aumento proporcional de su impacto climático. La experiencia de esta edición norteamericana puede convertirse en un punto de inflexión para replantear la relación entre deporte, movilidad y sostenibilidad. @mundiario

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