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Mundiario 18 Jul, 2026 04:53

Las claves de la estrategia europea para evitar la próxima gran crisis alimentaria

La seguridad alimentaria europea ya no solo se enfrenta a los viejos enemigos. Las crisis del pasado, como la de las vacas locas, dejaron una lección clara: un riesgo que permanece oculto puede acabar afectando a millones de consumidores. Tres décadas después, la Unión Europea intenta anticiparse a nuevas amenazas que nacen en un mundo más globalizado, con más comercio internacional, más cambio climático y una relación cada vez más compleja entre humanos, animales y ecosistemas.

Para evitar que los problemas lleguen tarde a la mesa, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), creada en 2002 y con sede en Parma (Italia), mantiene una vigilancia permanente sobre posibles peligros emergentes. Su red EREN analiza tendencias, alertas y fenómenos que podrían convertirse en futuras crisis sanitarias, desde fraudes alimentarios hasta enfermedades transmitidas por animales.

Los asuntos estudiados muestran que la seguridad alimentaria del siglo XXI ya no depende únicamente de controlar una fábrica o retirar un producto contaminado. Ahora también implica vigilar el tráfico ilegal de especies, las consecuencias del calentamiento global, los cambios en los hábitos de consumo o la aparición de bacterias inesperadas. Cada año se analizan decenas de posibles riesgos que podrían afectar a la salud pública europea.

Los documentos revisados de las reuniones de la red EREN celebradas en 2024 y 2025 dibujan un escenario inquietante: algunas amenazas proceden de prácticas clandestinas, otras de la propia naturaleza y algunas incluso de avances que hasta ahora se consideraban beneficiosos. La frontera entre alimentación, medio ambiente y salud humana es cada vez más difusa.

Del contrabando de carne de animales salvajes al peligro de nuevos virus

De acuerdo con El País, uno de los fenómenos que preocupa a las autoridades europeas es la entrada ilegal de la denominada “carne de selva”, procedente principalmente de África Occidental y Central. Bélgica alertó sobre el tráfico de carne de especies silvestres como primates, pangolines, roedores o reptiles, un comercio clandestino que puede convertirse en una vía de entrada para microorganismos desconocidos.

Los análisis detectaron patógenos como Brucella, coronavirus y Salmonella, capaces de saltar de los animales al ser humano. La preocupación de la EFSA conecta este fenómeno con otras crisis sanitarias recientes provocadas por zoonosis, enfermedades en las que los animales actúan como origen o intermediarios de infecciones humanas.

Otro de los focos de atención es el pez globo tóxico Lagocephalus sceleratus, una especie invasora que ha llegado al Mediterráneo a través del Canal de Suez. Aunque en Japón su consumo está estrictamente regulado y solo pueden prepararlo cocineros especializados, en la Unión Europea está prohibido por contener tetrodotoxina, una sustancia capaz de provocar la muerte incluso en pequeñas cantidades.

En España, esta especie ha sido observada desde 2016 en zonas como Denia y Ceuta. El problema no es únicamente ecológico: las capturas accidentales y la posible venta ilegal convierten a este animal marino en un riesgo directo para consumidores poco informados.

El fraude alimentario que se adapta a la tecnología

La adulteración del pescado, especialmente del atún, continúa siendo una batalla abierta para Europa. Los investigadores siguen detectando el uso ilegal de sustancias como Cafodos, un conservante que puede devolver temporalmente al pescado un aspecto fresco aunque haya perdido calidad.

El problema es que estos fraudes evolucionan al mismo ritmo que los métodos de control. Por eso, la ciencia trabaja en nuevas herramientas basadas en análisis moleculares o tecnologías de escaneo capaces de descubrir alteraciones invisibles para el consumidor. La preocupación no es solo económica: algunos episodios de intoxicaciones por histamina han afectado a cientos de personas en Europa.

La red EREN también ha puesto el foco en bacterias que desafían las certezas científicas. Es el caso de Bacillus velezensis, una especie conocida por sus usos beneficiosos en agricultura y restauración ambiental, pero relacionada por primera vez con una intoxicación alimentaria en Ohio en 2024.

Los expertos creen que podría tratarse de una cepa concreta con características diferentes o de un problema de identificación. El episodio abre un debate sobre los límites de introducir microorganismos vivos en los sistemas de producción alimentaria.

El cambio climático también cambia la lista de riesgos

Las nuevas condiciones climáticas están modificando el mapa de amenazas. La EFSA ha analizado casos como la intoxicación por ácido bongkrékico provocada por la bacteria Burkholderia gladioli en alimentos fermentados elaborados en casa. El aumento de temperaturas puede favorecer la supervivencia de algunos microorganismos y ampliar su capacidad de producir toxinas.

La globalización añade otra variable: alimentos tradicionales de distintas partes del mundo pueden incorporarse rápidamente a nuevos mercados sin que todos los consumidores conozcan sus posibles riesgos. Por eso, los expertos reclaman más información y preparación sanitaria.

También preocupa el Streptococcus suis, una bacteria asociada a cerdos y jabalíes que puede causar infecciones graves en humanos. Un caso de meningitis neonatal en Italia vinculado al consumo materno de carne de cerdo cruda ha reforzado la necesidad de mejorar la vigilancia y recordar la importancia de cocinar correctamente determinados alimentos.

Mapaches, la otra gran amenaza

La última amenaza analizada tiene un protagonista inesperado: el mapache. El parásito Baylisascaris procyonis, habitual en estos animales, puede afectar al ser humano y provocar daños neurológicos, oculares o viscerales si sus larvas alcanzan tejidos sensibles.

Aunque en España todavía no se han diagnosticado infecciones humanas, la expansión de las poblaciones de mapaches en Europa preocupa a los especialistas. La EFSA considera que este fenómeno demuestra la necesidad de aplicar el enfoque “Una Sola Salud” (One Health), que entiende que la salud humana, animal y ambiental forman parte del mismo sistema.

La lista de amenazas que vigila Europa revela un cambio profundo en la forma de entender la seguridad alimentaria. El peligro ya no siempre llega en un envase defectuoso o en una cadena de producción contaminada. Puede aparecer en una especie invasora, en un mercado clandestino, en una nueva práctica de consumo o en un ecosistema transformado por el clima. La próxima crisis alimentaria quizá no se parezca a las anteriores, y por eso la vigilancia empieza mucho antes de que el consumidor note que algo ocurre. @mundiario

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