Hay un capítulo de la serie Blackmirror donde una mamá, a través de una tablet, mantiene vigilada 24/7 a su hija. No solo la ubicación, sino que también “ve lo que ven sus ojos”. Las cosas empiezan a complicarse a medida que su hija crece, sale con chicos, etc. El capítulo termina en tragedia. Y si bien, dicha tecnología hace unos años nos podía parecer “exagerada”, hoy hay quienes si trackean 24/7 a sus hijos. Claro, “no ven lo que sus ojos ven”, pero si existiera esa tecnología: ¿La usarían?
Esto es parte del debate que se ha instalado por parte de diversas organizaciones: ¿Dónde está la línea entre seguridad y privacidad? ¿Hasta donde llega “el permiso de los padres”?
La era de la hiperconectividad llega con tecnología satelital integrada a los dispositivos móviles | Source : FreepikEl telefono ahora está todo el día con nosotros
El uso cotidiano de herramientas de geolocalización en dispositivos móviles está transformando de manera radical la comprensión de la privacidad y las dinámicas afectivas entre los jóvenes. Para gran parte de la Generación Z, activar la ubicación en tiempo real de forma permanente —a través de servicios como la aplicación “Buscar” en iOS o redes sociales— se ha convertido en una rutina socialmente aceptada e interpretada como un gesto de confianza o una medida de protección personal.
No obstante, lo que nació como un recurso de auxilio ante situaciones de riesgo ha encendido las alarmas de expertos en ciberseguridad, sociólogos y profesionales de la salud mental, quienes advierten sobre el tránsito sutil hacia la vigilancia no consentida y el control interpersonal.
Del amparo a la herramienta de control
El uso episódico de la geolocalización cumple un rol defensivo clave, en especial para personas que transitan solas durante la noche y comparten su ruta con familiares o amigos para garantizar su resguardo. El dilema ético y emocional surge cuando el rastreo deja de ser puntual y pasa a ser ininterrumpido.
ApplespheraLa psicóloga Natalia Franco, del centro Área Humana en Madrid, confirma un aumento de consultas por cuadros de ansiedad vinculados a la presión de ser monitoreados constantemente por parejas, padres o grupos de pares: “Se medio obliga a la otra persona a decir dónde está como acto de confianza, pero en realidad funciona como una herramienta de control”, advierte Franco, subrayando que esta práctica consolida relaciones poco saludables.
Y esto no es algo solo de Europa. Consultada por FayerWayer, la psicóloga Daniela Ríos nos comenta que “en Latinoamérica, a medida que los usuarios de tecnología se convierten en padres, empiezan a sumar más y más estas herramientas. Algunos de ellos ya tienen hijos adolescentes, y me consultan ‘cuándo’ es correcto aprender a soltar. Les cuesta”.
Además del componente relacional, el acceso ininterrumpido a la ubicación geográfica permite sistematizar la rutina de un individuo, identificando sus horarios, paraderos recurrentes y hábitos, lo que incrementa la vulnerabilidad ante episodios de acoso, suplantación de identidad o delitos informáticos.
Matices entre el uso seguro y los riesgos del rastreo constante
| Dimensión | Uso Consciente / Seguridad | Riesgos del Rastreo Permanente |
|---|---|---|
| Relaciones Personales | Coordinación puntual de encuentros; auxilio en trayectos nocturnos. | Celotipia, exigencia de “pruebas de confianza”, ansiedad por fiscalización. |
| Protección de Datos | Compartir temporalmente con contactos seleccionados y de confianza. | Creación de perfiles de hábitos, comercialización a terceros, filtraciones. |
| Salud Mental | Tranquilidad momentánea en situaciones específicas. | Ansiedad por hipervigilancia, pérdida de autonomía y estrés continuo. |
| Vulnerabilidad Técnica | Limitada a la duración del evento o trayecto. | Exposición a redes de monitoreo y rastreo no detectado. |
Mercado de datos y la irrupción del monitoreo sin dispositivos
Las implicancias de la geolocalización trascienden la esfera afectiva y alcanzan la industria del tráfico de datos personales. Según análisis publicados por The Washington Post y The Guardian, la comercialización de historiales de desplazamiento se ha convertido en un lucrativo mercado donde la información privada es procesada para elaborar perfiles conductuales, a menudo sin un consentimiento plenamente informado por parte del usuario.
A este panorama se suma el avance de tecnologías de seguimiento pasivo. Investigaciones citadas por ScienceDaily demostraron que es posible rastrear el movimiento de personas mediante las alteraciones en las señales de los routers WiFi, prescindiendo completamente de que el individuo porte un teléfono o dispositivo inteligente activo.
Family LinkAnte este escenario, organismos internacionales como ENISA y la EFF recomiendan promover una educación digital crítica. Entre las pautas esenciales se sugiere limitar la función de geolocalización a eventos específicos, restringir los permisos de las aplicaciones, revisar periódicamente la lista de contactos autorizados y desactivar el rastreo una vez cumplida la necesidad de uso.
¿Cuándo liberar la ubicación?
Ríos, la psicóloga infanto-juvenil consultada, nos explica que “depende de la confianza construida entre padres e hijos y el nivel de independencia del adolescente. Pero es importante tener claro, que esto no debe ser permanente. Es necesario que los hijos crescan y aprendan a desenvolverse solos en el entorno adulto (con las herramientas necesarias). Pero no es solo un tema de ellos: también es importante que los padres aprendan a dar esos espacios para crecer”.
La especialista destaca, que al menos en las consultas que ella atendido “el problema suele venir más de padres con ansiedad de no saber donde están sus hijos, que de hijos con temor”. Lamentablemente, calzando con esa historia de Blackmirror, que hace unos años atrás, creíamos que era un futuro lejano mostrado en Netflix.