España apenas ha tenido tiempo para recuperar el aliento y ya se enfrenta a un nuevo episodio meteorológico extremo. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha confirmado la llegada de la cuarta ola de calor del verano, un fenómeno que se extenderá, al menos, desde el miércoles hasta el domingo y que amenaza con agravar una situación ya crítica por los grandes incendios forestales que afectan a distintas comunidades autónomas.
La previsión no deja lugar al optimismo. Los meteorólogos anticipan un ascenso progresivo de las temperaturas que llevará los termómetros por encima de los 40 grados en numerosos puntos del interior peninsular, especialmente en los valles del Guadalquivir, Guadiana, Tajo y Ebro. A ello se sumarán noches tropicales e incluso tórridas en amplias zonas del país, donde el mercurio apenas descenderá de los 22 o 24 grados, dificultando el descanso y aumentando el impacto sobre la salud de la población más vulnerable.
La preocupación es máxima porque este episodio llega cuando los servicios de emergencia siguen desplegados en algunos de los incendios más graves registrados en España durante este año. Las elevadas temperaturas, la escasa humedad ambiental y la ausencia de precipitaciones crean el escenario perfecto para que cualquier foco pueda reactivarse o propagarse con enorme rapidez, complicando todavía más el trabajo de los equipos de extinción.
Los especialistas advierten de que el viento y el calor extremo pueden convertir incendios aparentemente estabilizados en nuevos frentes activos en cuestión de minutos. Por ese motivo, Protección Civil ha pedido extremar la prudencia y evitar cualquier actividad que pueda provocar un fuego, desde el uso de maquinaria hasta barbacoas o la quema de restos vegetales.
La cuarta ola de calor vuelve a confirmar un verano absolutamente excepcional. Antes incluso de comenzar agosto, España ya habrá encadenado cuatro episodios oficiales de temperaturas extremas, una circunstancia muy poco habitual que está dejando registros históricos en numerosos observatorios meteorológicos. De hecho, junio ya fue uno de los meses más cálidos jamás medidos y julio amenaza con situarse también entre los más calurosos desde que existen datos.
El calor no solo incrementa el peligro de incendios. También eleva el riesgo de golpes de calor, problemas cardiovasculares y complicaciones respiratorias, especialmente entre personas mayores, niños y pacientes con enfermedades crónicas. Las autoridades recomiendan reducir la exposición al sol durante las horas centrales del día, mantenerse bien hidratado y seguir de cerca los avisos oficiales que puedan emitirse durante esta semana.
Mientras tanto, los servicios de emergencias permanecen en máxima alerta. La prioridad pasa por contener los incendios activos antes de que el nuevo episodio de calor extremo complique aún más unas labores de extinción que ya están siendo especialmente difíciles debido a las condiciones meteorológicas.
Con el verano lejos de terminar y sin lluvias significativas en el horizonte, España encara una de las semanas más delicadas de la campaña estival. El desafío ya no consiste únicamente en apagar los incendios actuales, sino en evitar que la combinación de calor extremo, sequedad y viento provoque nuevos fuegos en un territorio cada vez más castigado por los fenómenos meteorológicos extremos. @mundiario