Rubén A. T. salió de casa para trabajar. Tenía 31 años y un destino tan cotidiano como miles de personas que cada mañana recorren Ciudad Juárez. Nunca regresó. Murió porque, de acuerdo con Seguridad Vial, el conductor de un Nissan Sentra presuntamente ignoró la luz roja del semáforo en el cruce de De la Raza y Plutarco Elías Calles. Después huyó. Así de simple. Así de brutal.
Cada vez que ocurre una tragedia semejante se habla de un "accidente". Sin embargo, cruzar un alto constituye una conducta irresponsable que puede terminar con una vida. Rubén A. T. murió a causa de esa decisión y su familia hoy enfrenta un duelo que pudo evitarse. La imprudencia al volante sigue cobrando víctimas en las calles de Ciudad Juárez.
En Juárez hay miles de conductores responsables, pero también demasiadas personas que poseen un automóvil sin haber aprendido que conducir implica respetar reglas. Un vehículo no es un juguete ni una licencia para desafiar la lógica; es una máquina capaz de matar en segundos cuando cae en manos equivocadas.
La ciudad puede invertir millones en calles, puentes y semaforización, pero ninguna obra pública corrige la imprudencia de quien cree que siempre tiene prisa y que los demás deben apartarse de su camino. Hace falta concientizar.
Quizá para algunos sería más apropiado cambiar el volante por las riendas de un caballo, porque nunca aprendieron a manejar y tienen poca capacidad mental para hacerlo. Al menos reducirían el riesgo de convertir un crucero en un escenario de muerte.
Rubén murió tras el choque provocado, presuntamente, por un conductor que cruzó un semáforo en rojo. Su familia hoy despide a un hombre de 31 años cuya vida terminó por una imprudencia al volante. Esa conducta continúa poniendo en riesgo a cualquier persona que circula por las calles de Ciudad Juárez.