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Mundiario 28 Jul, 2026 04:05

La decisión que busca evitar miles de lesiones oculares durante el eclipse

La cuenta atrás para uno de los fenómenos astronómicos más esperados de las últimas décadas en España ha venido acompañada de un mensaje que los científicos repiten sin descanso: contemplar un eclipse solar puede ser tan fascinante como peligroso. La emoción de mirar al cielo no debe eclipsar un hecho fundamental: basta un gesto imprudente para provocar lesiones irreversibles en la retina. Por ese motivo, el Gobierno ha puesto en marcha una campaña nacional junto a la ONCE para facilitar millones de gafas homologadas y recordar que no existe ninguna alternativa casera que ofrezca la misma seguridad.

El eclipse del próximo 12 de agosto atraerá a millones de personas, muchas de ellas sin experiencia en la observación astronómica. Esa circunstancia preocupa especialmente a expertos y autoridades, que temen que vuelvan a repetirse errores ya vistos en otros países. La curiosidad, el deseo de inmortalizar el momento o la falsa confianza en remedios populares pueden convertirse en el origen de daños visuales permanentes que, además, suelen aparecer cuando ya es demasiado tarde para revertirlos.

Con esa idea, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la ONCE han impulsado la campaña Una vista única. Cuídala, presentada en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de A Coruña. La iniciativa contempla el reparto gratuito de dos millones de gafas certificadas, además de material informativo para enseñar cómo utilizarlas correctamente. Para Juan Cruz Cigudosa, secretario de Estado de Ciencia, Innovación y Universidades, el objetivo no es solo facilitar el acceso a estos dispositivos, sino combatir algunos de los mitos más peligrosos que siguen circulando.

La advertencia no responde al alarmismo, sino a la experiencia. Tras el eclipse total que atravesó Estados Unidos en abril de 2024, numerosos servicios médicos registraron casos de personas con lesiones compatibles con la denominada retinopatía por eclipse. Muchos afectados comenzaron a notar molestias horas después de la observación, cuando el daño ya estaba hecho.

La retina no siente dolor mientras se está dañando

Uno de los mayores peligros del Sol es precisamente que puede lesionar la retina sin provocar una sensación inmediata de dolor. Aunque durante un eclipse solo quede visible una pequeña parte del disco solar, la radiación ultravioleta e infrarroja continúa llegando con enorme intensidad al interior del ojo.

Ese exceso de energía puede destruir células de la retina responsables de la visión central. El problema es que ese tejido carece de terminaciones nerviosas capaces de alertar del daño en el momento en que se produce. Por eso, muchas personas creen que todo ha ido bien hasta que empiezan a aparecer visión borrosa, manchas oscuras o dificultades para enfocar.

Las alternativas caseras siguen siendo un riesgo

Cada eclipse vuelve a poner sobre la mesa viejas creencias que los especialistas intentan desterrar. Radiografías antiguas, negativos fotográficos, gafas de sol convencionales, cristales ahumados o discos compactos siguen apareciendo como supuestas soluciones para observar el Sol.

Los expertos insisten en que ninguno de estos métodos bloquea la radiación peligrosa. Pueden reducir el deslumbramiento, pero permiten que los rayos más dañinos atraviesen el material y alcancen directamente la retina. Cigudosa ha reconocido incluso su preocupación por que estas recomendaciones continúen difundiéndose, ya que generan una falsa sensación de seguridad.

Solo las gafas homologadas ofrecen una protección fiable

La única opción recomendada por la comunidad científica son las gafas que cumplen la norma internacional ISO 12312-2 y cuentan con el marcado CE correspondiente. Además, deben incluir información del fabricante, instrucciones de uso y fecha de caducidad.

La ONCE distribuirá alrededor de 1,7 millones de unidades a través de su red de vendedores, mientras que el Ministerio repartirá otras 300.000 en centros científicos públicos de toda España. El objetivo es que cualquier ciudadano pueda acceder fácilmente a una protección adecuada antes del eclipse.

Utilizarlas bien es tan importante como llevarlas

Disponer de unas gafas homologadas no significa que puedan emplearse de cualquier manera. Los especialistas recomiendan colocárselas antes de levantar la vista hacia el Sol, observar durante solo unos segundos y retirarlas únicamente después de haber apartado la mirada.

También recuerdan que nunca deben utilizarse junto a telescopios, prismáticos, cámaras fotográficas o teléfonos móviles. La óptica de estos dispositivos concentra la luz solar y puede multiplicar su intensidad hasta perforar el filtro protector y provocar lesiones mucho más graves.

Antes de cada uso conviene revisar que el material no presente arañazos, perforaciones ni signos de deterioro. Si existe cualquier duda sobre su estado, lo más prudente es sustituirlas.

El instante en el que sí puede retirarse la protección

Existe una única excepción a esta norma: la fase de totalidad de un eclipse total, cuando la Luna cubre completamente el Sol. En ese breve intervalo, que apenas durará alrededor de un minuto y medio en la franja de máxima totalidad en España, sí es seguro retirar las gafas para contemplar la corona solar.

Sin embargo, los divulgadores científicos recuerdan que ese momento exige máxima atención. En cuanto reaparezca el primer destello del Sol, la protección debe volver a colocarse inmediatamente antes de continuar observando el fenómeno.

El entusiasmo que despierta este acontecimiento astronómico es comprensible. Para muchas personas será una experiencia única que quizá no vuelvan a vivir. Precisamente por eso, la prevención adquiere un valor aún mayor. @mundiario

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