La Sierra de Espadán empieza a recuperar el pulso después de una semana en la que el fuego ha marcado el ritmo de miles de vecinos y equipos de emergencia. El incendio declarado en la Vall d’Uixó (Castellón) entra en una fase de mayor control, aunque todavía no puede considerarse estabilizado. La batalla contra las llamas ha dejado un balance devastador: casi 9.600 hectáreas calcinadas, un perímetro de 81 kilómetros y alrededor de 3.750 hectáreas destruidas dentro del parque natural, uno de los espacios protegidos más valiosos de la Comunitat Valenciana.
El cambio de escenario es evidente. Por primera vez desde que comenzó la emergencia, el operativo ya no trabaja contra un incendio en expansión, sino contra los últimos focos que permanecen activos en el interior del perímetro. Los responsables de extinción confían en que, si la evolución continúa siendo favorable, el incendio pueda declararse estabilizado durante el fin de semana.
La mejora de las condiciones ha permitido aliviar parcialmente la presión sobre los municipios afectados. La mayoría de los vecinos evacuados han podido regresar a sus viviendas, aunque Artana y Eslida continúan pendientes de la evolución del fuego. En total, unas 2.800 personas siguen fuera de sus hogares mientras los equipos de emergencia mantienen la vigilancia.
El incendio ha golpeado especialmente a la Sierra de Espadán, un enclave natural de enorme valor ecológico por sus bosques de alcornoques, sus barrancos y su singular paisaje mediterráneo. La superficie quemada supone aproximadamente el 12% del territorio protegido del parque natural, un daño que tardará años en cicatrizar y que vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad de los ecosistemas forestales ante episodios extremos.
Una semana de lucha contra un incendio imprevisible
El director de Extinción, Fernando Pérez, explica que la estrategia del dispositivo ha cambiado. Si durante los primeros días el objetivo principal era defender los núcleos urbanos y contener el avance de las llamas, ahora la prioridad es localizar y apagar los puntos calientes que todavía pueden reactivar el incendio.
Los equipos trabajan sobre “cuatro o cinco puntos estratégicos” donde aún existe actividad dentro del perímetro. Son zonas donde aparecen llamas ocasionales, pero que ya no funcionan como frentes activos capaces de ganar terreno. Los helicópteros con cámaras térmicas permiten identificar estos lugares y dirigir las descargas de agua con mayor precisión.
La situación actual es fruto de días de enorme presión para los servicios de emergencia. Las características del terreno han convertido este incendio en uno de los más complejos de la temporada en la Comunitat Valenciana. La orografía de la Sierra de Espadán, con fuertes pendientes y zonas de difícil acceso, obligó a muchos bomberos forestales a combatir las llamas en condiciones extremas.
El misterio sobre el origen del fuego continúa abierto
Mientras los equipos trabajan en la extinción definitiva, la investigación sobre el origen del incendio sigue avanzando. La Guardia Civil trata de reconstruir las circunstancias que provocaron un fuego que obligó a desplegar un amplio dispositivo de emergencia.
La delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, confirmó que los investigadores han situado el inicio del incendio en “dos focos diferenciados en tiempo y espacio”, aunque próximos entre sí y localizados junto al inicio del monte, cerca del casco urbano de la Vall d’Uixó y de zonas que posteriormente tuvieron que ser evacuadas.
Por el momento, la investigación no ha confirmado si existe ya una persona identificada como responsable. La hipótesis de un origen provocado sigue siendo una de las líneas de trabajo mientras los agentes continúan recopilando testimonios y pruebas.
Por el momento, la investigación no ha confirmado si existe ya una persona identificada como responsable. La hipótesis de un origen provocado sigue siendo una de las líneas de trabajo mientras los agentes continúan recopilando testimonios y pruebas.
Una cicatriz ambiental que tardará años en desaparecer
Más allá de la emergencia inmediata, el incendio deja una pregunta abierta sobre el futuro de los grandes espacios naturales valencianos. La pérdida de miles de hectáreas en la Sierra de Espadán supone un impacto ecológico que afecta a la biodiversidad, al suelo y al equilibrio de un territorio especialmente sensible al calor y la sequía.
Los bomberos insisten en que incendios de esta magnitud pueden cambiar de comportamiento en cuestión de minutos. La combinación de viento, vegetación seca y una complicada orografía convierte cada decisión en una carrera contra el tiempo. La inversión térmica, además, complicó durante varios días las operaciones al concentrar el humo en los valles y dificultar el trabajo de los medios aéreos.
Ahora, la emergencia entra en una etapa más silenciosa, pero no menos importante. Tras apagar las grandes llamas comienza otra batalla: evitar que los rescoldos vuelvan a despertar y evaluar el alcance real de una herida que permanecerá durante años en uno de los paisajes más emblemáticos de Castellón. @mundiario