Los operativos de ICE (U.S. Immigration and Customs Enforcement) han cambiado de estrategia tras los asesinatos, ampliamente documentados, de un connacional mexicano en Houston y de un ciudadano colombiano en Nueva Jersey. Por ahora, se han enfocado en los aeropuertos de la Unión Americana, principalmente en vuelos nacionales y, en algunos casos, internacionales.
Ahora, los agentes solicitan aleatoriamente documentos antes de abordar un vuelo y detienen a quienes no logran acreditar su condición migratoria.
Nos asombran los alcances de ICE; sin embargo, en otra proporción, en México el Instituto Nacional de Migración aplica desde hace años una estrategia similar, con el objetivo de cuidar las fronteras de los Estados Unidos.
Aleatoriamente, en vuelos del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, agentes migratorios exigen a los ciudadanos mexicanos identificarse mediante una credencial para votar o pasaporte y, en el caso de los extranjeros, acreditar su legal estancia; de lo contrario, son retenidos.
Al llegar a aeropuertos fronterizos, como Tijuana o Mexicali, también hay agentes migratorios antes de la salida que solicitan lo mismo: identificarnos como mexicanos o, en su caso, acreditar la legal estancia.
Y así ocurre en varios aeropuertos del país, sobre todo en las rutas del sur hacia el norte. Los agentes migratorios mexicanos llevan años aplicando una estrategia similar a la que hoy realiza ICE en los Estados Unidos.
¿De qué nos asombramos?
En lo particular, me tocó ver a tres agentes de ICE en la frontera terrestre entre San Ysidro y Tijuana. Este reportero cruzaba en vehículo cuando un oficial de CBP (U.S. Customs and Border Protection) me pidió el documento con el que ingresaría a México. Mostré mi credencial para votar y los agentes de ICE se asomaron; al ver que el vehículo tenía placas mexicanas, perdieron interés y fueron a cuestionar a otros conductores en distintas filas.
Se entiende que los violentos operativos de ICE no son equiparables a los controles migratorios que realizan los agentes del Instituto Nacional de Migración en México; sin embargo, el fondo es el mismo: acosar bajo el pretexto de proteger. En el caso estadounidense, se trata de una política de la Casa Blanca que no quiere migrantes; en el caso mexicano, de una defensa de las fronteras de los Estados Unidos desde territorio nacional.
En el caso de los Estados Unidos, si no existiera una demanda de mano de obra de migrantes indocumentados, el flujo migratorio probablemente se habría revertido. Sin embargo, forman parte de la economía de ese país, pagan impuestos —que, por cierto, nadie les devuelve mediante declaraciones fiscales— y forman parte de la comunidad. Mientras un sector necesita su fuerza laboral, otro, encabezado por la fuerza policial de ICE, busca localizarlos y devolverlos a sus países de origen, utilizando una violencia desmedida que ha llegado al punto de causarles la muerte.
En el caso de México, los operativos han resultado tan infructuosos que el tráfico de personas continúa sin una disminución apreciable después de décadas. Esos filtros parecen cumplir poco más que la función de mostrar a los vecinos del norte que les cuidamos las fronteras desde este lado y de incomodar tanto a viajeros mexicanos como extranjeros.
La recomendación es sencilla: al volar dentro de México, llevar siempre una identificación oficial a la mano para evitar molestias con los agentes migratorios. En los Estados Unidos, portar los documentos que acrediten la legal estancia —pasaporte y visado correspondiente, cuando aplique— y evitar incumplir la legislación migratoria