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Quadratin 25 Mar, 2026 23:00

Mercado Santo Niño: cofre que atesora recuerdos de oferentes y clientes

MORELIA, Mich., 25 de marzo de 2026.- ¿Qué representa para ti el mercado Santo Niño? Es la pregunta. Sandra guarda silencio mientras sus ojos se ahogan en lágrimas contenidas.  "Todo… Esta es mi raíz, que viene desde mis abuelos", respondió después de un silencio breve y tenso.

No esperaba la pregunta. Estaba preparada para hablar del comercio, de la falta de ventas, quizás. Pero no del impacto que el mercado ha tenido en su vida personal, en sus valores y familia. 

Sandra llegó al Santo Niño antes de que hubiera un inmueble. De la mano de su mamá y su papá vendía en la calle Nicolás Bravo, junto al templo Santo Niño, al que ahora debe su mote el mercado. 

"¿Cuándo llegué al mercado…? No sé, tenía como seis años, con mi papá y mi mamá.  Entre todos los hermanos le ayudábamos a cuidar el negocio a mis papás. Pero antes de eso, estuvo mi abuela, cuando no había locales y vendían en la calle afuera, junto al templo" recordó Sandra, como escarbando rápidamente en su memoria.

Los años pasaron y finalmente se fundó el mercado y muchas generaciones de niños y niñas que, como ella, crecieron entre los pasillos del Santo Niño, heredaron el oficio de sus padres. 

Tomaron su lugar en ese establecimiento. 

En Sandra, el comercio es parte de su vida y de su historia. Sus abuelos y tatarabuelos vendían semillas y granos de Charo, de donde migraron a Morelia. 

Estudió contabilidad, pero el mercado ya la había reclamado para sí sin que ella lo supiera. Por azares del destino no encontró un espacio en la Secretaría de Hacienda ni en un banco; entonces, regresó a sus orígenes. A sus raíces: el Santo Niño, como su papá, su mamá y sus abuelos. 

—El mercado sí ha marcado, ¡toda mi vida! Es mi casa, porque aquí pasamos la mayor parte del día. Desde las 5:30 de la mañana hasta el cierre, como las 5:30 de la tarde—explicó Sandra, notoriamente emocionada. Recalcando que aquello que le pasó es destino. Lo tenía marcado en su futuro.

Sandra creció y se volvió mamá y, como sus antepasados, también crió a sus hijos e hijas entre costales de chiles y abarrotes. 

El Santo Niño es un refugio de migrantes. De comerciantes que llegan de Tarímbaro, Charo, de las tenencias y poblaciones rurales casi irreconocibles para los que ya están acostumbrados al barullo de la vida citadina. 

A medio siglo de su fundación, ese centro de intercambio comercial, cultural y de tradiciones es un cofre que atesora recuerdos de los oferentes, clientes y vecinos que siguen buscando aquello tradicional y diferente. 

Esas tortillas de comal palmeadas, sin conservadores ni masa que no sea masa. En especial las de Ángelita, que aunque no está, sus hijas y nietas siguen con la tradición y van por sus tortillas y gorditas rellenas. 

Sandra destaca que el éxito del Santo Niño frente a otros de la ciudad es su limpieza. Es su principal característica. 

"¡Somos el mercado más limpio de toda la ciudad!" asegura orgullosa del establecimiento que le ha permitido alcanzar sus metas. De las que dijo sentirse satisfecha. 

Sandra es también representante de la Unión Nicolás Bravo, pero ante todo es mamá y mujer que, junto a otras 113 son la fuerza y el latido del mercado, y entre risas nerviosas y de emoción, desde las escaleras, se depiden y dicen adiós a Quadratín.

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