En medio de una etapa profesional sumamente prolífica, Willem Dafoe regresa a la gran pantalla con Late Fame, dirigida por Kent Jones. En esta ocasión, el actor encarna a Ed Saxberger, un antiguo empleado postal que en su juventud disfrutó del éxito como poeta publicado antes de desvanecerse en el anonimato por elección propia. La apacible rutina del protagonista se ve alterada de manera radical cuando un grupo de jóvenes intelectuales, liderados por un personaje interpretado por Edmund Donovan junto a Greta Lee, redescubre su obra y lo arrastra de vuelta al centro de la vida social y artística neoyorquina.
A diferencia del ritmo vertiginoso que caracteriza su filmografía reciente la cual incluye múltiples proyectos a lo largo del año como Tenzing y la esperada cinta gótica de Robert Eggers titulada Werwulf, este nuevo papel exige un registro mucho más medido, cerebral y de carácter interior, explorando el estoicismo de un hombre que creía haber encontrado la paz en la discreción.
La inspiración detrás del personaje y la pasión por el medio
Durante una reciente entrevista concedida al medio estadounidense Variety, el actor reflexionó sobre la facilidad con la que pudo conectar con la decisión de su personaje de abandonar el arte. Según explicó, su etapa formativa en la escena teatral experimental de Nueva York durante los años setenta le permitió conocer de cerca a numerosos creadores que vivían con absoluta pasión y sin la menor preocupación por construir una carrera comercial, para después aceptar con naturalidad nuevos caminos vitales.
Al recordar aquellos años fundacionales como cofundador del grupo teatral The Wooster Group, el intérprete destacó que sigue buscando mantener encendida esa misma energía juvenil a través de los proyectos en los que decide involucrarse.
¿Qué busca un actor consagrado en un director?
Cuestionado sobre los requisitos indispensables a la hora de aceptar un nuevo papel, Dafoe fue categórico al señalar que la pasión resulta un factor innegociable. Para él, someterse a la visión de un cineasta exige que este demuestre una entrega absoluta y visceral:
"Cuando me entrego a un director, no quiero que simplemente esté haciendo su trabajo. Quiero que arda caliente. Quiero que sea una experiencia vital; en las mejores situaciones, sales cambiado y te despierta de la rutina".
Esta exigencia creativa explica su sintonía con cineastas de autor contemporáneos como Yorgos Lanthimos (Poor Things, Kinds of Kindness) y Robert Eggers (Nosferatu, The Lighthouse, The Northman), de quienes destaca la precisión milimétrica con la que construyen sus universos narrativos. Asimismo, el actor reflexionó sobre las diferencias prácticas entre capitanear producciones independientes de bajo presupuesto donde a menudo se fomenta la improvisación y la búsqueda de soluciones creativas y navegar por los engranajes milimétricamente planificados de las grandes superproducciones de estudio como las franquicias de superhéroes o animación.