México ha cambiado aceleradamente su dieta desde la consolidación de un estado más industrial y el abandono de la vida agraria, en el periodo de los años 60 a los 70, las migraciones del campo a zonas urbanas no solo trajeron una nueva forma de trabajo, sino un cambio de hábitos que afectaron principalmente la alimentación.
Con el consumo consuetudinario de refrescos, pastas ultraprocesadas, harinas refinadas y comida rápida, el aumento vertiginoso de casos de diabetes mellitus e hipertensión arterial se fueron convirtiendo en las principales enfermedades en nuestro país, convirtiéndose en una epidemia que hoy cuesta al erario aproximadamente 89 mil millones de pesos anualmente sin considerar sus comorbilidades.
El problema de salud pública se torna más preocupante cuando afecta a las infancias y, lamentablemente, la evolución de estos estilos de vida en contubernio con grandes intereses económicos forzaron a niños y adolescentes a consumir en escuelas, parques y el propio hogar cantidades insalubres de refrescos, comida procesada y tener hábitos sedentarios que en suma posicionaron a nuestro país en los vergonzosos primeros lugares a nivel mundial en cuanto al Índice de Masa (IMC) elevado en la población de 5 a 19 años.
Con un enfoque de verdadera política de salud, el Presidente Andrés Manuel López Obrador inició una cruzada para reducir el consumo de comida chatarra entre la población infantil; por su parte, la doctora Claudia Sheinbaum tomó la decisión de afrontar el reto de cuidar desde el desarrollo primario de nuestros niños, con la implementación de la estrategia nacional 'Vivir Saludable, Vivir Feliz', que transforma las escuelas en centros de prevención sanitaria. Esta estrategia se enfoca en restringir alimentos chatarra, promover actividad física, fomentar el consumo de agua simple y realizar jornadas de salud para mejorar el bienestar infantil.
Las acciones clave tienen el objetivo de atender la nutrición y el entorno con la restricción de alimentos no saludables con sellos de advertencia en cooperativas escolares y promoción de agua simple; las jornadas de Salud con las intervenciones de brigadas de salud para detección temprana de problemas visuales, dentales y nutricionales para revisar talla y peso; la promoción diaria de actividad física y estilos de vida saludables, y la implementación de un sistema de alerta para campañas de vacunación y desparasitación, además de vigilancia de la higiene.
Lo que podría verse como acciones básicas de atención, han sido apoyadas por organismos como la UNICEF quien reconoce que: “Esta colaboración entre sectores representa un avance muy importante para el presente y el futuro de niños, niñas y adolescentes en México y para toda la sociedad”, pero lo verdaderamente significativo son los resultados que rápidamente se han logrado.
La gran noticia es que conforme al Atlas Mundial de la Obesidad 2026, México descendió al octavo lugar a nivel mundial en obesidad infantil, cifra que no deja de ser alarmante pero que evidencia que la estrategia va por un camino correcto, ya que el trabajo que se haga para dar a nuestros niños una mejor calidad de vida no solo es relevante para que vivan mejor y felices, sino que el día de mañana permitirá a la sociedad vivir con bienestar, salud y prosperidad.
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