El escenario que dibuja el BCE está marcado por el impacto de la guerra en Irán, un conflicto que ha generado una nueva tensión sobre los mercados energéticos. Según el organismo, la subida de costes derivada de esta “perturbación energética” todavía no se ha trasladado por completo a la economía, por lo que existe el riesgo de que el encarecimiento de la energía mantenga la inflación alta durante más tiempo.
El Boletín Económico del BCE, que sirve como referencia para las decisiones del Consejo de Gobierno, advierte de que cualquier interrupción adicional en el suministro energético podría provocar nuevas presiones sobre los precios. Aunque las expectativas de inflación a largo plazo continúan cerca del objetivo del 2%, la institución reconoce que el contexto internacional introduce un elevado nivel de incertidumbre.
En julio, la inflación de la zona euro alcanzó el 2,9%, impulsada principalmente por la energía, mientras que en España la subida llegó al 3,5%. El BCE prevé que la situación comience a mejorar durante el primer trimestre de 2027, cuando espera una reducción del coste energético y una evolución más moderada del resto de precios.
Alimentos, comercio y clima añaden nuevas amenazas
La energía no es el único elemento que preocupa al banco central. El organismo también señala otros factores que pueden dificultar la vuelta de la inflación a niveles más bajos. Entre ellos destaca el impacto de los fenómenos meteorológicos extremos sobre los precios de los alimentos, una consecuencia cada vez más visible del cambio climático.
Además, las tensiones comerciales internacionales podrían complicar la recuperación. El BCE alerta de que las políticas arancelarias y una posible fragmentación de las cadenas de suministro pueden limitar el acceso a materias primas esenciales, elevar costes para las empresas y aumentar las dificultades de producción dentro de la zona euro.
Ante este escenario, el organismo europeo considera que las medidas fiscales aplicadas por los gobiernos deben tener un carácter temporal y estar dirigidas a los sectores más afectados. En España, algunas ayudas vinculadas a la energía han comenzado a retirarse, como la reducción del IVA de los carburantes, que volvió al 21% en julio aunque mantiene ciertos ajustes fiscales sobre los hidrocarburos.
Menos consumo e inversión lastran el crecimiento europeo
La prolongación de la incertidumbre también tendrá consecuencias sobre la actividad económica. El BCE anticipa un crecimiento “modesto” a corto plazo, condicionado por la pérdida de confianza de hogares y empresas. Las familias podrían contener el gasto ante el temor a nuevas subidas de precios, especialmente aquellas con menores ingresos, que destinan una mayor parte de su presupuesto a energía y productos básicos.
Para las compañías, el escenario tampoco resulta favorable. La institución apunta a una caída de la inversión empresarial debido al aumento de los costes financieros y a la falta de visibilidad sobre la evolución económica internacional. Las exportaciones tampoco muestran señales claras de recuperación en los próximos meses.
Pese a estas dificultades, el BCE destaca algunos elementos de resistencia, como la fortaleza del mercado laboral, con una tasa de paro en la zona euro del 6,2% en mayo. Sin embargo, espera que el empleo pierda dinamismo y que la economía europea continúe enfrentándose a un periodo de menor actividad mientras persistan las tensiones geopolíticas. @mundiario