Historia 329
Esta es la historia 329 de 450 que te contaremos sobre León
José Abugaber Sara hizo crecer a Calzado Comando hasta convertirlo en una de las empresas más importantes de la industria zapatera mexicana, una compañía con más de nueve décadas de historia.
Sin embargo, su mayor aportación no estuvo únicamente en la fábrica que dirigió durante años, sino en su visión para transformar la forma de comercializar el calzado leonés.
Entendió que fabricar un buen zapato no era suficiente. La industria necesitaba espacios donde fabricantes, proveedores y compradores pudieran encontrarse, conocer nuevas tendencias y establecer relaciones comerciales.
Esa idea impulsó el fortalecimiento de las exposiciones de calzado.
También promovió la construcción del Centro de Convenciones y Exposiciones de León, una obra que abrió una nueva etapa para la industria cuero-calzado y para la vocación de negocios de la ciudad.
Desde la lejana Belén
José Abugaber Sara nació en 1920 en Belén, una ciudad de la región de Galilea, hijo de Moisés Abugaber Michel y Catalina Sara Salman.
Moisés Abugaber, padre de José Abugaber. Foto tomada del libro Los Sancrispines
Su infancia transcurría en los campos de olivo hasta que las consecuencias de la Primera Guerra Mundial obligaron a su padre a emigrar a México en busca de mejores oportunidades.
Después de establecer un negocio en Tampico, don Moisés reunió a su familia. En septiembre de 1928, José llegó al puerto con apenas ocho años de edad.
La primera imagen que tuvo de México fue la celebración de las fiestas patrias. Años después recordaría que, al observar las calles llenas de banderas y música, preguntó a su padre si aquella fiesta era para recibirlos.
Don Moisés le explicó que el país celebraba el inicio de su Independencia.
Desde entonces, José decía que el 16 de septiembre también era una fecha de independencia para él, porque había encontrado una tierra donde pudo construir su vida.
Aprender un nuevo idioma fue su primer desafío. Una maestra llamada Lucy le enseñó español mediante objetos cotidianos, frutas y verduras, hasta que logró integrarse a la escuela.
Aquella experiencia dejó en él una enseñanza que repetiría durante toda su vida: las oportunidades llegan gracias al apoyo de otras personas y deben aprovecharse con trabajo. Así lo escribió en sus memorias, publicadas en tres volúmenes.
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Comerciante y fabricante desde el primer día
Mientras cursaba la primaria ayudaba en la pequeña tienda de su colegio y observaba la disciplina con la que su padre atendía el negocio.
A los quince años su padre lo mandó a León para comprar zapatos que serían vendidos al mayoreo en Tampico.
En aquellos años León era un enorme taller de calzado. Cada viernes, los canasteros recorrían las calles con docenas de pares sobre la cabeza para entregarlos a los compradores que llegaban a los hoteles del centro.
José revisaba uno por uno los zapatos, negociaba precios y organizaba los embarques en cajones de madera que enviaba por ferrocarril hacia Tampico.
El negocio crecía, por lo que don Moisés decidió financiar a un fabricante para aumentar la producción. Durante algunos meses todo funcionó, hasta que el responsable del taller desapareció.
La familia quedó sin proveedor y tuvo que tomar una decisión: abandonar el negocio o fabricar por cuenta propia.
José había aprendido el oficio de hacer zapatos infantiles con don Lorenzo Rodríguez y conocía el funcionamiento de los talleres.
Comenzó a producir por su cuenta y nació la empresa que con el tiempo se convertiría en Calzado Comando.
El taller cambiaba de domicilio conforme aumentaba la producción. La empresa incorporó maquinaria moderna y perfeccionó sus procesos.
Nace la marca Comando
En sus primeros años, el calzado se comercializaba con la marca Abugaber Shoes, pero los clientes decían que los consumidores tenían dificultades para pronunciarla o recordarla.
Un día de 1940, mientras hojeaba el periódico Excélsior, José encontró un titular sobre la guerra que mencionaba la palabra “comando”. Le pareció un nombre breve, fuerte y fácil de recordar.
—En adelante nuestra empresa se llamará Comando—, propuso.
La familia aceptó la idea. Con el paso del tiempo, Calzado Comando se convirtió en una de las firmas más reconocidas de la industria mexicana.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial desapareció el auge comercial que había favorecido las ventas en la frontera norte. Miles de pares fueron devueltos en malas condiciones; los bancos comenzaron a exigir el pago de créditos y la fábrica enfrentó un embargo que estuvo cerca de detener sus operaciones.
Fueron meses difíciles. La empresa logró salir adelante gracias a la unidad familiar, al respaldo de algunos proveedores y a la decisión de continuar trabajando.
Esa experiencia reforzó una enseñanza que José había recibido de su padre: trabajar unidos, actuar con honradez y no rendirse ante la adversidad.
Durante toda su vida sostuvo que una empresa sólo podía crecer cuando conservaba la confianza de sus trabajadores, sus clientes y su propia familia, señala en sus memorias.
José Abugaber Sara se casó con Gemile Andonie. Tuvieron seis hijos: José Antonio, Rosy, Jesús, Kathy, Gemile y Jorge.
José Abugaber Sara, Gemile Andonie y sus seis hijos. Foto tomada del libro Los Sancrispines
Asume la dirección general
A finales de la década de 1950, José asumió la dirección de Calzado Comando junto con sus hermanos Antonio y Luis.
La empresa continuó creciendo, pero él comenzó a mirar más allá de los muros de la fábrica.
En sus constantes viajes comprendió que el futuro de la industria no dependía solamente de producir más zapatos, sino de encontrar mejores formas de venderlos.
Observaba que compradores y fabricantes recorrían largas distancias para encontrarse, que las tendencias internacionales llegaban con retraso y que León no contaba con un espacio adecuado para reunir a toda la cadena productiva.
Esa inquietud dio origen a una idea que cambiaría el rumbo de la industria del calzado en la ciudad: crear un lugar donde fabricantes, proveedores, curtidores y comerciantes pudieran hacer negocios en un mismo espacio.
Con esa convicción participó en la organización de las primeras exposiciones de calzado.
Fue uno de los organizadores de la exposición celebrada en septiembre de 1966 en la Escuela Eufrasia Pantoja, en León.
Dos años después participó nuevamente en otra edición, incorporando por primera vez a proveedores, curtidores y representantes de las cámaras del calzado del país.
Aquellos encuentros demostraron que la industria leonesa tenía capacidad para convocar compradores de todo México, aunque también evidenciaron una limitación: la ciudad no contaba con un recinto adecuado para realizar eventos de esa magnitud.
El proyecto que transformó la industria
Las exposiciones continuaron hasta 1970, cuando diferencias entre diversos grupos provocaron su suspensión.
El proyecto parecía haber terminado, pero José Abugaber Sara no estaba dispuesto a abandonar una idea que consideraba fundamental para el futuro de la industria.
Cuatro años después impulsó el Primer Salón de la Piel y del Calzado, con el que se reanudaron las exhibiciones, aunque todavía en instalaciones improvisadas.
La inspiración definitiva llegó durante un viaje de trabajo a Estados Unidos. Un cliente lo invitó a conocer el recién inaugurado Centro de Convenciones de Dallas.
Al recorrer aquellos pabellones, donde fabricantes presentaban sus productos y cerraban operaciones comerciales, comprendió que ese era el camino que León necesitaba seguir.
Si la ciudad que producía la mayor cantidad de calzado en México continuaba organizando sus exposiciones en escuelas o edificios adaptados, perdería competitividad frente a otros mercados.
Regresó decidido a convertir aquella idea en realidad. Comenzó a compartirla con industriales, dirigentes de la Cámara de la Industria del Calzado y autoridades estatales.
Personajes locales, estatales y federales implicados en el esfuerzo para hacer realidad el nacimiento del Centro de Convenciones, hoy Poliforum. Foto tomada del libro Los Sancrispines
Algunos consideraban que el proyecto era demasiado ambicioso, pero él insistía en que no se trataba solamente de construir un edificio, sino de fortalecer el futuro de toda la industria.
Nace el Centro de Convenciones y Exposiciones
José encontró un aliado en el gobernador Luis H. Ducoing, quien respaldó la propuesta dentro del programa de obras prioritarias del estado.
Se consiguió la donación del terreno y una primera aportación económica de cien mil pesos para iniciar los trabajos.
Poco después se colocó la primera piedra del Centro de Convenciones y Exposiciones de León.
Abugaber aceptó la presidencia del patronato encargado de la obra. Sabía que el reto apenas comenzaba.
Hubo desacuerdos, diferencias entre industriales y momentos en los que el proyecto estuvo cerca de detenerse.
Cuando el edificio fue inaugurado en 1979 comprobó que el esfuerzo había valido la pena.
Por primera vez, León contaba con un recinto diseñado para recibir exposiciones especializadas de nivel nacional e internacional.
Fabricantes, compradores y proveedores comenzaron a reunirse periódicamente en la ciudad, fortaleciendo la comercialización del calzado mexicano y consolidando un modelo de promoción que con los años convertiría a SAPICA en la exposición más importante del sector en América Latina.
Ese mismo año, la Cámara de la Industria del Calzado le otorgó el San Crispín de Oro, el reconocimiento que él mismo promovió años atrás como un premio anual a empresarios del calzado.
Abugaber nunca reclamó la obra como un triunfo personal. Su aspiración era que el Centro de Convenciones permaneciera al servicio de la industria y fuera administrado por quienes la representaban.
En una entrevista publicada en Ellos Son, realizada por José Luis Díaz Ramírez, señaló que el Centro de Convenciones había sido la semilla de un desarrollo mayor.
Más allá del calzado
Su visión no se limitó a la promoción comercial. También impulsó la creación de un centro especializado en el desarrollo tecnológico de la industria cuero-calzado.
Ese proyecto dio origen al Centro de Innovación Aplicada en Tecnologías Competitivas (CIATEC), institución dedicada a la investigación, desarrollo tecnológico, pruebas de materiales y mejora de los procesos productivos del sector.
Impulsó Venexport y participó en la formación de la Unión de Crédito Industrial, convencido de que el crecimiento de las empresas requería también instituciones sólidas.
El legado
Cuando le preguntaban cómo quería ser recordado, José Abugaber Sara no hablaba de Calzado Comando, del Centro de Convenciones ni de los reconocimientos recibidos a lo largo de su vida.
Respondía que deseaba ser recordado por el tesón, el trabajo, la honestidad y el esfuerzo.
Eran los mismos valores que había aprendido de su padre cuando llegó a México siendo niño, sin conocer el idioma y con la necesidad de abrirse camino en una nueva tierra.
José Abugaber Sara falleció en 2011, a los 91 años de edad.
Sus hijos José Antonio y Jorge Abugaber Andonie quedaron al frente de Comando.
Más adelante, se incorporó la cuarta generación junto a sus padres: Gemile, José, Jorge y Juan Pablo.
Comando se mantiene principalmente en el nicho de calzado de seguridad industrial con un 65% de su producción. Otro 30% de su producción es tipo casual de exportación y el 5% es bota táctica y zapato de vestir.
El legado de José Abugaber Sara permanece en cada edición de SAPICA, en cada exposición que reúne a compradores y fabricantes, y en cada empresa que encuentra en León un lugar para hacer negocios.
DAR
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