Reciprocidad para defender lo estratégico
No es la primera vez que escribo sobre la necesidad de recuperar capacidad de decisión sobre nuestros sectores estratégicos. Pero las discrepancias que hoy mantienen España e Italia por Schengen y la inmigración obligan a volver sobre ello. Hoy es este conflicto; mañana puede ser la energía, la industria, el turismo, una infraestructura o cualquier otro asunto. Estamos en la Unión Europea, sí, pero seguimos siendo Estados con intereses propios que no siempre coinciden. Y cuando dejan de coincidir descubrimos la importancia de saber quién decide sobre aquello que resulta esencial.
Endesa, nuestra principal eléctrica, está controlada por Enel, cuyo accionista de referencia es el Estado italiano. No hablamos de una empresa cualquiera: hablamos de energía, un factor determinante para la competitividad de nuestras empresas, que compiten también con las italianas. Y ya sabemos qué ocurre cuando se pierde el control. Una vez que Enel dominó Endesa, reorganizó el grupo y sacó de la eléctrica española su gran negocio latinoamericano para integrarlo directamente en la matriz italiana. Endesa quedó esencialmente concentrada en España y Portugal. La lógica es sencilla: quien controla, decide.
La voladura de las torres de As Pontes vuelve a poner el problema delante de nosotros. Puede discutirse si debían conservarse como patrimonio industrial o no. Ese no es el debate. La pregunta es quién decide. Una decisión irreversible sobre nuestro patrimonio y nuestro territorio no debería depender, en última instancia, de un grupo cuyo accionista de referencia es el Gobierno de otro Estado, obligado naturalmente a defender sus propios intereses.
En los medios ocurre algo parecido. Mediaset España forma parte de MFE, controlada por la familia Berlusconi, mientras Forza Italia forma parte del Gobierno de Giorgia Meloni. Unidad Editorial —El Mundo, Marca, Expansión— pertenece al italiano RCS. Y en Atresmedia el principal bloque accionarial es Grupo Planeta DeAgostini, alianza mediante la cual el italiano De Agostini participa de forma decisiva en nuestro audiovisual mientras Planeta no participa en la matriz italiana De Agostini. La defensa de nuestros intereses no podemos delegarla en terceros.
Y aquí aparece la palabra clave: reciprocidad. BBVA encontró enormes obstáculos para hacerse con BNL; Abertis vio frustrada su operación con Autostrade entre trabas italianas cuestionadas incluso por Bruselas; Telefónica conoció también las resistencias alrededor de Telecom Italia. Italia protege lo que considera estratégico. No se lo reprocho: debemos aprender de ello.
¿Intervencionismo? No. Jugar con las mismas cartas. Si ellos disponen de instrumentos para proteger lo suyo, España debe disponer de instrumentos equivalentes. Urge reformar la legislación para garantizar capacidad española de decisión en energía, telecomunicaciones, infraestructuras críticas y grandes medios, y facilitar que empresarios y capital español recuperen posiciones estratégicas.
Y no basta con responder a Meloni parando pasajeros italianos para pedirles el DNI o el pasaporte. Eso es pecata minuta. Si Pedro Sánchez quiere que España sea respetada, tiene una tarea mucho más importante: recuperar capacidad real de decisión sobre aquello que determina nuestra soberanía.
El conflicto de hoy pasará. El próximo no sabemos cuál será. La soberanía no se defiende con una pataleta en un aeropuerto. Se defiende jugando con las mismas cartas y protegiendo lo estratégico antes de que sea demasiado tarde. @mundiario