Viene bien a nuestra historia lo que hace el gobierno mexicano para borrar las huellas y los nombres de los conquistadores. Desde siempre tuvimos la idea de que la llegada de los españoles a México había sido una bendición. Primero, por la religión inculcada y luego por el maravilloso idioma en el que nos comunicamos. Muchísimos otros dones llegaron a los pueblos indígenas a raíz de la fusión de razas y culturas.
Singapur, a diferencia de otros pueblos liberados del imperialismo colonial, no abjuró del legado del Imperio Británico; por el contrario, aprovechó el legado de las instituciones, las leyes y las prácticas capitalistas de sus gobernantes anteriores. En Singapur, hay calles que siguen teniendo los nombres de la reina Victoria o de la reina Isabel. La estatua del colonizador Sir Stamford Raffles es visitada por el turismo mundial. Su nombre lo lleva el hotel más hermoso de la ciudad, un negocio establecido hace 139 años.
Lee Kuan Yew, el principal artífice del éxito del país, entendió que lo mejor para todos era institucionalizar el inglés como idioma oficial. Hace treinta años había cuatro idiomas oficiales y la señalética los mostraba. Con el tiempo, decidieron que todo negocio oficial, todo litigio y la educación pública se impartirían en el idioma de los colonizadores. Era lo más práctico y estratégico. El inglés es la “lingua franca” de los negocios en el mundo. El 75% de la población, que tiene ascendencia china, aceptó los beneficios de no imponer el mandarín a los malayos, hindúes y personas de otro origen. Ayudó a la cohesión social.
La gran ventaja es que hoy el mandarín, que se enseña en casa, se ha convertido en una ventaja frente al ascenso de China. La gran mayoría de los ciudadanos son bilingües en inglés y mandarín. El inglés que hablan lo llaman singlish por los modismos y el acento que incorporaron, pero en universidades y negocios es el mismo que en Inglaterra.
Cerca de los edificios del poder judicial, jueces y magistrados visten la tradicional toga negra que los distingue del resto de los mortales. Una tradición inglesa que va de la mano de la “Common Law” tomada como modelo para su sistema judicial. Luego lo simplificaron otorgando mayor independencia y poder a los jueces. Hoy, los procesos son más rápidos de lo que eran antes de 1965.
Lee Kuan Yew, el visionario, tenía razón al impulsar el uso del inglés de sus colonizadores, pues lo consideraba indispensable para el futuro. Hoy todo el mundo le dio la razón. Aquí queremos romper con nuestras raíces porque los españoles fueron “muy malos” con los indígenas. Queremos la tontería de que la Corona española pida perdón por la “conquista”. Al Paso de Cortés le quieren cambiar el nombre y se llevaron la estatua de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma. La cultura no puede derribarse por órdenes de la superioridad; menos la hermandad que nos une con pueblos latinoamericanos e ibéricos por la sangre, la religión y el idioma, por la llamada “conquista”.
El primer paso de Singapur fue conservar lo mejor de la cultura británica y mejorarla en general. Ahí nadie se enfada al caminar por la calle llamada Raffles ni se ofende porque uno de los centros comerciales más importantes de la ciudad lleva su nombre. Cuba y otros países comunistas echaron todo por la borda, quisieron crear un “hombre nuevo” y empezar desde cero: así les fue. Por cierto, ¿usted sabe quién es la joven de Amajac? (Seguimos de frente con una tercera parte)