El próximo fin de semana vuelve la Liga y es un buen momento para recordar el triunfo de La Roja en el Mundial y desear que el fútbol español conserve los valores que hicieron posible aquella gesta.
En los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920, España se enfrentaba a Suecia y el defensa José María Belauste lanzó a su compañero Sabino, que iba a sacar un córner, un grito que pasó a la historia: “¡A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo a todos!”. Y arrolló a varios defensas suecos para marcar un gol legendario. Allí nació la Furia Española, un estilo de juego basado en el coraje, el ímpetu y la fuerza que identificó durante décadas a nuestra selección.
Más de un siglo después, España vuelve a reinar en el mundo del fútbol, pero ya no desde la furia, sino desde el talento. Ahora la selección no intimida por su fuerza, enamora por la calidad de su juego que despliega como un auténtico equipo.
La aventura del Mundial 2026 comenzó en Galicia. El 4 de junio la selección disputó en Riazor el último partido de preparación y, al día siguiente, despegó desde el aeropuerto de Santiago rumbo a Estados Unidos un Airbus de Iberia que llevaba en el fuselaje el lema “Despega un equipo, vuela un país” que era una declaración de intenciones, porque en aquel avión viajaba con los jugadores la ilusión de millones de españoles.
Dicen los expertos que para conquistar un campeonato deben concurrir tres factores: un buen equipo, una acertada dirección técnica y una pizca de fortuna. España reunía las tres condiciones. Tenía excelentes futbolistas, un seleccionador experimentado como Luis de la Fuente, que convirtió a un grupo de grandes jugadores en un bloque compacto bajo la idea “Juntos somos más fuertes”, y contó también con la dosis de suerte que suele acompañar a quienes la buscan.
La victoria desencadenó una alegría colectiva que recorrió todo el país. En ciudades y pueblos, también en Cataluña, País Vasco y Navarra, miles de ciudadanos salieron a celebrar un triunfo que sintieron como propio. Solo algunos dirigentes y sectores del nacionalismo no celebraron la victoria de España porque no reconocen como propio el proyecto común que representó la selección.
El fútbol no resuelve los problemas de un país, pero sí regala alegrías y, de vez en cuando, nos recuerda que es posible sentirse parte de una misma gesta. Hace más de un siglo España quiso conquistar el fútbol desde la furia y ahora lo ha conquistado desde el talento. Esa evolución explica bien el lugar que esta selección ya ocupa en la historia del deporte mundial.
Ojalá la Liga que ahora comienza, con nuestros Celta, Dépor y demás equipos gallegos, traslade al campeonato los valores que brillaron en el equipo nacional: entrega, talento, respeto al rival, juego limpio y la convicción de que, en el deporte como en la vida, juntos siempre somos más fuertes. @mundiario