Bélgica se encuentra ante un incendio para el que, sencillamente, no estaba acostumbrada a prepararse. El fuego declarado el viernes en la reserva natural de Hautes Fagnes, en la provincia de Lieja, se ha convertido en el mayor registrado en el país y ha obligado a desplegar una respuesta internacional para impedir que las llamas alcancen Alemania.
La situación ha mejorado durante las últimas horas, pero conviene no confundir freno del avance con incendio extinguido. Las precipitaciones y el descenso de las temperaturas han proporcionado un respiro a los equipos de emergencia, pero el fuego continúa activo y el terreno presenta unas características especialmente difíciles: turberas, vegetación seca y zonas prácticamente inaccesibles para los vehículos.
El incendio ha afectado aproximadamente a 3.000 hectáreas, una superficie que supera ampliamente el anterior récord belga, establecido en 2011 con unas 1.400 hectáreas. El fuego comenzó el viernes en una zona natural de los Altos Fagnes. En sus primeras fases afectaba a unas 80 hectáreas. En cuestión de horas, sin embargo, las condiciones de sequedad, el viento y la naturaleza del terreno favorecieron una expansión extraordinariamente rápida hasta alcanzar alrededor de 30 kilómetros cuadrados.
La reserva de Hautes Fagnes no es un bosque convencional. Se trata de un paisaje de turberas, brezales, pinares y zonas húmedas, situado en una meseta elevada de las Ardenas belgas. Allí se encuentra el Signal de Botrange, el punto más alto de Bélgica, con casi 700 metros de altitud.
Paradójicamente, un territorio asociado habitualmente a la lluvia y la humedad ha quedado expuesto este verano a unas condiciones excepcionales de sequedad. El episodio se produjo además después de temperaturas que llegaron a aproximadamente 37 °C en algunas zonas del país. La combinación es decisiva: cuando el suelo pierde humedad, la vegetación disponible como combustible aumenta y el fuego puede avanzar con mucha mayor rapidez.
Alemania llegó a quedar a unos 300 metros
Durante el fin de semana, el frente se aproximó hasta unos 300 metros del territorio alemán, lo que llevó a las autoridades de Monschau a ordenar evacuaciones preventivas. Alrededor de 30 personas pertenecientes a 17 viviendas fueron desalojadas en distintos barrios de la localidad.
En el lado belga, los habitantes de Kuchelscheid, la localidad más próxima al incendio, ya habían sido evacuados y todavía no habían recibido autorización para regresar.
Un incendio de esta magnitud puede cambiar de dirección en poco tiempo cuando el viento modifica su comportamiento. Por eso, la prioridad de los equipos ha sido contener el frente que avanzaba hacia Alemania y proteger las localidades situadas en esa zona. El frente ha dejado de avanzar hacia la frontera alemana, según las autoridades, gracias en parte a la lluvia, la mayor humedad y la reducción del viento. Pero los responsables de la emergencia insisten en que todavía no puede hablarse de un incendio completamente controlado.
Las lluvias registradas este lunes han ofrecido finalmente a los bomberos un alivio meteorológico que ningún avión puede proporcionar por sí solo, al ayudar a disminuir la intensidad de las llamas y permitir la contención de algunos sectores del incendio. Sin embargo, los responsables de la emergencia han advertido que el viento podría volver a complicar las operaciones; además, la experiencia con incendios en turberas demuestra que la desaparición de las llamas visibles no significa necesariamente que el peligro haya terminado, ya que la turba puede continuar ardiendo bajo la superficie y generar focos subterráneos difíciles de localizar que podrían mantener su actividad durante meses.Alrededor de 500 bomberos y miembros de los servicios de emergencia trabajan en la zona, con apoyo de militares, agricultores y equipos procedentes de otros países. La Unión Europea ha activado su Mecanismo de Protección Civil, permitiendo coordinar recursos aéreos internacionales.
Entre los medios movilizados figuran dos hidroaviones suecos, helicópteros belgas y aparatos enviados desde Alemania, Noruega y Países Bajos. La cooperación tiene una explicación sencilla: Bélgica no dispone de una estructura de medios aéreos contra incendios comparable a la de los países mediterráneos que afrontan grandes fuegos prácticamente todos los veranos.
En esta ocasión, incluso helicópteros de la Policía Federal belga están participando en las operaciones con sistemas para transportar y descargar agua. Los agricultores también se han incorporado a la respuesta con tractores y maquinaria terrestre. En un terreno tan complicado, estos recursos permiten abrir accesos, crear líneas de defensa y ayudar a frenar la propagación.
Una parte considerable de Hautes Fagnes es de difícil acceso para vehículos pesados. Los equipos no pueden limitarse a rodear el fuego con camiones y mangueras porque existen sectores donde la movilidad terrestre resulta extremadamente complicada. La respuesta depende, por tanto, de una combinación de medios aéreos, maquinaria agrícola, personal militar, bomberos y vigilancia permanente.
Un incendio superficial puede parecer controlado después de una descarga de agua o de la llegada de la lluvia. Pero si las raíces, la turba o la materia orgánica acumulada continúan ardiendo debajo, el fuego puede reaparecer cuando las condiciones vuelven a ser favorables.
?? #Belgium is battling its worst #wildfires in over a century, with hundreds of firefighters fighting flames in the Hautes Fagnes nature reserve.
— FRANCE 24 English (@France24_en) August 17, 2026
? #Germany, #Sweden, #Norway and the #Netherlands have sent reinforcements, including helicopters, as several towns are evacuated. pic.twitter.com/evYbCuu809
Un incendio pequeño frente a España, pero gigantesco para Bélgica
Las 3.000 hectáreas afectadas en Hautes Fagnes representan una cifra enorme para Bélgica que, aunque resulta muy inferior a las superficies alcanzadas por los grandes incendios registrados este verano en España, ha pulverizado el récord anterior del país de unas 1.400 hectáreas. Esta comparación no resta gravedad al siniestro belga, sino que explica por qué el episodio está provocando semejante conmoción en una nación donde los incendios forestales de decenas de kilómetros cuadrados son muy poco habituales.La excepcionalidad no está únicamente en la superficie quemada, sino en la velocidad con la que el fuego ha conseguido expandirse y en el lugar donde lo ha hecho: una reserva natural de gran valor ecológico, en una región húmeda y relativamente fría que no suele asociarse con incendios de esta magnitud.
El episodio forma parte, además, de una temporada de incendios especialmente complicada en Europa. España, Portugal, Francia, Grecia y otros países han sufrido grandes incendios durante un verano marcado por temperaturas excepcionales y condiciones de sequía. Reuters señala que más de 576.000 hectáreas habían ardido en Europa en lo que va de año.
Los científicos vinculan la creciente frecuencia e intensidad de las olas de calor con el cambio climático provocado por las actividades humanas. Eso no significa que cada incendio concreto pueda atribuirse automáticamente al cambio climático: la ignición puede tener múltiples causas y necesita ser investigada individualmente. Pero unas condiciones atmosféricas más cálidas y secas pueden favorecer que un fuego se propague con mayor facilidad una vez iniciado.
Hautes Fagnes ha entrado en una nueva fase. La amenaza inmediata de que el fuego cruce a Alemania parece haberse reducido, pero la emergencia todavía no ha terminado.
Los evacuados siguen sin poder regresar con normalidad, los equipos deben vigilar posibles reactivaciones y el terreno puede mantener focos subterráneos durante mucho tiempo. El incendio ha demostrado además que una emergencia de esta magnitud puede superar rápidamente las capacidades ordinarias de un país poco habituado a los grandes fuegos. @mundiario