El mundo de la magia pierde a uno de sus grandes referentes. Juan Tamariz ha muerto este martes a los 83 años en Madrid, según confirmó su hija Ana Tamariz, también vinculada profesionalmente al ilusionismo. Con su fallecimiento desaparece una figura fundamental para entender la evolución de la magia española durante el último medio siglo, pero permanece una obra que ha influido a numerosos profesionales dentro y fuera de España.
Tamariz no fue únicamente un especialista en cartas. Su manera de entender el espectáculo convirtió cada actuación en una combinación de técnica, humor, improvisación y complicidad con el público. Esa personalidad le permitió convertirse en un rostro familiar para varias generaciones y, al mismo tiempo, en una auténtica autoridad entre los propios magos.
Nacido en Madrid en 1942, Tamariz descubrió el ilusionismo cuando todavía era un niño. Aquella fascinación inicial terminó convirtiéndose en una vocación que marcaría toda su vida. Aunque comenzó estudios de Ciencias Físicas y también se interesó por el cine, acabó dedicando su carrera al mundo de la magia. Con apenas 18 años ingresó en la Sociedad Española de Ilusionismo, pese a que la edad mínima establecida era superior. Su talento ya era evidente y pronto comenzó a desarrollar una trayectoria que acabaría trascendiendo las fronteras españolas.
Uno de sus momentos decisivos llegó en 1973, cuando obtuvo el Primer Premio Mundial de Cartomagia en el Congreso Mundial de Magia celebrado en París. Aquel reconocimiento confirmó internacionalmente la dimensión de un artista que ya había empezado a llamar la atención por su particular forma de trabajar con las cartas.
El mago que entró en las casas españolas
Pero su popularidad no se explica únicamente por los premios. Tamariz consiguió algo que pocos especialistas en ilusionismo han logrado: llevar la magia a millones de hogares a través de la televisión.
Sus apariciones en programas como Un, dos, tres y otros espacios dedicados al entretenimiento le convirtieron en un personaje reconocible incluso para quienes nunca habían acudido a un espectáculo de magia. Su aspecto, su forma de hablar, su humor y aquel célebre gesto de tocar un violín imaginario se incorporaron al imaginario colectivo.
Para muchos espectadores, Tamariz no era simplemente un mago que realizaba trucos de cartas. Era el hombre capaz de recuperar durante unos minutos la capacidad de sorprenderse, independientemente de la edad.
Su influencia, sin embargo, fue mucho más profunda dentro del propio mundo de la magia. Tamariz dedicó buena parte de su carrera a investigar, crear y compartir conocimientos.
Fue uno de los impulsores de la Escuela Mágica de Madrid, junto a figuras como Arturo de Ascanio, y desarrolló una importante labor teórica que ayudó a estudiar el ilusionismo como una disciplina artística con sus propias reglas y mecanismos.
También publicó numerosos libros y desarrolló técnicas, juegos y estructuras que terminaron siendo estudiados por magos de diferentes países. Su generosidad a la hora de transmitir conocimientos contribuyó a formar a varias generaciones de profesionales.
Su legado, además, tendrá continuidad familiar. Su hija Ana Tamariz ha seguido vinculada a la enseñanza de la magia y dirige una escuela dedicada a este arte, manteniendo viva parte de la filosofía que heredó de su padre.
El final de una era
La muerte de Juan Tamariz supone la desaparición de uno de los grandes nombres de la magia española contemporánea. Su trayectoria abarca escenarios, televisión, investigación, literatura y enseñanza, pero sobre todo deja una idea que atraviesa toda su carrera: la magia funciona cuando consigue despertar nuevamente la capacidad de asombro.
Tamariz consiguió hacerlo durante décadas con una baraja de cartas, una personalidad irrepetible y un sentido del humor que terminó formando parte de la memoria de varias generaciones.
Ahora serán sus libros, sus discípulos, sus técnicas y quienes aprendieron de él los encargados de mantener viva aquella forma de entender la ilusión. Porque, aunque el mago haya desaparecido, el misterio que construyó alrededor de una baraja de cartas continúa intacto. @mundiario