No saben lo feliz que me hace que traigan producciones en gira de esos musicales que antes solo podíamos ver en la Gran Manzana, de esos que llenan las marquesinas a lo grande. El responsable de esto es Alex Gou, quien además es productor en Broadway —ahí nomás para que se les quede el ojo cuadrado—. En esta temporada de verano nos deleitó la semana pasada con La novicia rebelde, y ayer se estrenó Papá por siempre (Mrs. Doubtfire), basada en la entrañable película de 1993 protagonizada por Robin Williams.
No se imaginan la nostalgia y la emoción que provoca ver estas obras en nuestro país. Disfrutar de un megaclásico como La novicia rebelde es increíble: los actores, las voces, el ensamble y todo el despliegue técnico que debe viajar para que nos deleitemos en casa. Tenía muchísimas ganas de ver Papá por siempre porque jamás imaginé lo bien resuelta que está para el teatro; los cambios en vivo cuando el protagonista personifica a Mrs. Doubtfire están cañones, parecen pura magia. Esta es una excelente oportunidad para que, antes del regreso a clases, lleven a los chavos a ver teatro de primer nivel traído directamente desde Nueva York. Les paso un spoiler: ya están a la venta los boletos para Kinky Boots, una historia sin igual originada en Inglaterra. Yo que ustedes iría comprándolos de una vez, porque se van a agotar. Sé por qué se los digo, pero de eso ya platicaremos después.
Pasando a otro montaje, hace unos días vi una propuesta maravillosa que no podía creer. Era una puesta en escena sumamente plástica, con un cuidado estético que me atrevería a comparar con la dirección de fotografía en el cine. Me refiero a Madre Coraje y sus hijos, una obra llena de estampas visuales con una perspectiva y composición impecables: desde cualquier punto de la sala donde te sientes, la imagen parece lista para una fotografía. Además, el elenco es de diez, encabezado por Andrés Weiss, David Lynn, Perla de la Rosa, David Juan Almela Olguín, Ezra de la Rosa, Saura Jiménez, Stefani Weiss, Marco García, Roberto Soto, Lucio Giménez Cacho Godet, Guadalupe Balderrama y Alexander Lozano. Una calidad de ese calibre solo la he visto en la Compañía Nacional de Teatro.
La trama aborda la Guerra de los Treinta Años, donde el dramaturgo Bertolt Brecht nos muestra a ciudadanos que ven el conflicto armado como algo tan cotidiano que terminan acostumbrándose a vivir con él. Esto me puso a pensar: la obra se estrenó en 1941 —es decir, han pasado más de 80 años— y sigue dolorosamente vigente. Preguntémosle a la gente del norte del país, de Guerrero, Michoacán, Guanajuato o del Estado de México. La violencia que vivimos está tan normalizada que todas las mañanas se intenta minimizar. Eso es lo cabrón del teatro: no importa cuándo se haya escrito, siempre termina siendo un reflejo de nuestra realidad.
Todo este discurso está plasmado con maestría gracias a la visión del director Luis de Tavira; se nota por completo la mano de este gran maestro del teatro. Ojo: la obra dura tres horas y se presenta en el Teatro de las Artes. Le quedan solo nueve semanas en cartelera. Como detalle especial, el día que fui me topé con varias “vacas sagradas” de la actuación en el público y pensé: “Mira, ellos también vienen al teatro a apoyar a sus compañeros”.
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¡Nos vemos la próxima semana!