nullYuxtaposición
Por Andrea Luna*
Mientras atendía a un grupo de personas en el trabajo, escuchaba una entrevista en la radio. Hubo un instante en que el entrevistado mencionó la palabra yuxtaponer, como una forma de resaltar diferencias y semejanzas. Así, con la idea en mente (y la gente acumulándose), divagué en la posibilidad de ausentarme para desprender mi piel como si de un traje de bioseguridad se tratara. Buscaría los cierres desde la punta de la nuca y tiraría hacia abajo quedándome sólo con el tejido expuesto.
En ese momento imaginé que me dirigía al tendedero de tegumentos; luego, me colocaría la dermis de una Irene o un Joaquín. Al observar la vida, desde sus pupilas, me enfrentaría a las similitudes y contrastes del mundo compartido.
Si cada día tuviéramos que vestirnos con la piel de los otros, seguro nos toparíamos con la vivencia de una madre buscadora, una mujer de 60 años víctima de violencia, un adolescente acribillado, alguien con una jornada laboral inhumana o una persona a la que una enfermedad le ha quitado las ganas de seguir. La lista sería infinita y las experiencias igual de importantes.
No lo sé, quizá la yuxtaposición vaya más allá de la analogía, centrándose en una de las palabras más olvidadas: empatizar. Sólo puedo concluir que estos tiempos son extrañamente innecesarios y me encantaría creer que aún hay gente llena de bondad.
*Escritora y adicta al café. Autora del libro Autómatas disfuncionales.
Instagram: @luna_daconte