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Radar Inteligente
24 horas 20 Aug, 2026 00:01

¿Qué queremos hacer después de prohibir?

Miriam Castillo

Cuando hay un riesgo para la salud o el desarrollo de las personas, en particular de los niños, niñas y adolescentes, nuestro primer impulso es prohibir cosas: Prohibir el consumo de alimentos azucarados en las escuelas, prohibir vapeadores, prohibir el consumo de drogas, prohibir que la sal esté colocada en la mesa de los restaurantes en Ciudad de México la lista puede ser larga y diversa.

Mi duda es si esa lista es efectiva para lo que queremos lograr. ¿Realmente después de las prohibiciones se soluciona el problema? ¿Una prohibición del gobierno resuelve el mercado no regulado de los vapeadores, el problema de consumo en el país o la hipertensión de los capitalinos? En casi todos la respuesta es no.

Los resultados pueden estar muy mezclados. Por ejemplo, la prohibición de la comida chatarra en las escuelas, según la información del gobierno federal, fue de 86 por ciento de los planteles. Eso no necesariamente implicó que en ese mismo porcentaje escolar se dejara de comer comida chatarra y se pasará en automático a comer frutas y verduras.

Según los medios de comunicación, lo que logramos no necesariamente fue que los niños comieran más saludable, sino que hubiese venta de alimentos chatarra en otro sitio que no fueran las tiendas escolares. Había niños que llevaban comida chatarra desde sus casas, por ejemplo.

Entiendo bien que los esfuerzos se hacen de a poco y mejor tomar algunas medidas que esperar a que el mercado regule todo, pero me parece que el problema es que las políticas con las que se pretende resolver las problemáticas no van al fondo.

Y creo que eso es parte de lo que sucede en el nuevo debate frente a lo que necesitamos hacer con las redes sociales.

El gobierno federal pondrá a consulta con los maestros la prohibición de las redes sociales. Y podría ser un paso a tratar de abordar un problema que lleva un buen tiempo cocinándose, quizá uno al que incluso hemos llegado tarde.

Pero la crítica no es que se plantee prohibir los dispositivos o las redes sociales, quizá efectivamente ese es parte del camino. El problema es que no se plantea atajar un problema de manera integral. Buscar programas para mejorar la salud mental de los jóvenes, programas para conformar comunidades donde puedan subsanar los sentimientos de soledad que a veces tienen. Algo un poco más profundo de solo complicar el acceso a internet.

No estoy diciendo que la prohibición esté equivocada. Más bien me parece que deberíamos cuestionar y analizar los resultados de los países que los que ya llevan a cabo.

Quizá, efectivamente es el camino, pero si observamos los casos de éxito implican que la comunidad se involucró en la crianza de los niños y jóvenes, más allá de solo prohibir el acceso a los dispositivos o las redes sociales.

Creo que deberíamos tener cuidado de no confundir la prohibición como la única solución de fondo y no tener una estrategia más profunda y a largo plazo que resuelva el problema que no se irá por esconder las redes sociales abajo de la mesa.

 

    @Micmoya

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