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Radar Inteligente
Quadratin 13 Mar, 2026 13:15

Radio Capital/Norberto Gasque Martínez

¡Oigo Radio Capital!
“La discoteca de la gente joven”

Eran el jingle y la frase ancla del 1260 de am, con la inconfundible y potente voz de César Alejandre, epítome de la locución en el Distrito Federal.

Capital, era la joya de la corona de Grupo ACIR, en las instalaciones de Pirineos 770, en Lomas de Chapultepec, donde se encontraban otras emisoras de am, Radio Felicidad y Radio Voz, así como Radio Amistad, la preferida en la entonces poco sintonizada Frecuencia Modulada.

A finales de los 70, don Francisco Ibarra López, quien trabajaba de dueño, tuvo el acierto de contratar al experimentado periodista Teodoro Rentería Arróyave, para desarrollar un proyecto radiofónico de noticias, que permitiera competirle al del Núcleo Radio Mil del profesor Juan José Bravo Monroy.

El recién llegado denominó el plan como “Radio Comunicación Humana” y se dio a la tarea de armar un trabuco de jóvenes comunicadores, entre los cuales distinguió al que escribe. Reclutó a un grupo del que no voy a mencionar a los ya desaparecidos, porque viven y vivirán en lo profundo de mis sentimientos.

Así, se sumaron profesionales como Ofelia Aguirre Ruelas, Patricia Guevara Santibáñez, Roberto Pérez Hernández, Luis Acevedo Pesquera, Luis Lara Ochoa, Ricardo Burgos Orozco, Felipe Barrera Jaramillo, así como Tamara Guillemot, en lo que hoy es servicio social y Eloisa, nuestra eficiente secretaria.

Entre la gente encargada de consolas en las distintas estaciones, estaban Genaro Valle, Domingo Salazar, Mario Limón y Agustín García, quienes apoyaban en las transmisiones noticiosas.

El departamento de noticias pronto desarrolló su propia personalidad y llevados de la mano experta de don Teodoro, alcanzó niveles de profesionalismo impresionantes, con un jefe que quería a sus reporteros en el lugar de la noticia, ya fuera en temas domésticos o de interés internacional.

Para ello, no se escatimó en la cobertura de Juegos Olímpicos, Mundiales de futbol, negociaciones del Banco Mundial, giras presidenciales y de funcionarios de primer nivel, igual que trabajos especiales que nos trajeron a los reporteros por todo el mundo.

Irma Rosa Martínez Arellano, Lourdes Álvarez, Mauclia Aldana Filigrana, Rocío Galván, Luis Repper Jaramillo, Chucho Casasola (primero operador y después reportero), integraron una segunda generación de exitosos y buenos reporteros.

El clima de compromiso y cohesión, nos convirtió en una verdadera familia. Teníamos horario de entrada (a las 6 de la mañana) pero nunca de salida.

De gira, nacional o extranjera, jamás se te limitaba el tiempo que pudiera extenderse, pero al regreso se sabía que te tocaban las cadenas de la redacción, en las que tenías la responsabilidad de todos los noticieros desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche.

Lo bueno, es que era una delicia pasar el noti en cabina, con enlaces y entrevistas exclusivas desde todos los rincones del país y distintos países con nuestros compañeros, lo que derivó en un par de premios nacionales de periodismo. Por eso, cuando podíamos coincidir aprovechábamos para irnos de fiesta; nada de “ya me voy a mi casa”.

Elegimos los jueves para visitar el Hipódromo de las Américas; el único que le inteligía al asunto de las apuestas hípicas era Luis Lara; los demás nos divertíamos con la pura ilusión de “hacer una chica” por unos cuantos pesos.

Por lo menos en un par de ocasiones, Luis invitó tremendos comelitones en el Jockey Club, después de ganar alguna trifecta.

En una ciudad con todos los atractivos y seguridad que ofrecía el D.F. en los 80, era fácil amanecerse y no nos hacíamos mucho del rogar. Bebíamos sin cortapisas hasta las 5 de la mañana, cuando recordábamos el compromiso del noti matutino. No cabe duda que éramos jóvenes.

¿Quién lo iba a pasar? Nos poníamos a prueba con la siguiente frase que cada uno tenía qué decir: “Grupo ACIR en cadena, con su transmisión noticiosa desde sus radiodifusoras centrales en el Distrito Federal: Radio Capital, Radio Voz, Radio Felicidad y en FM Radio Amistad, cuando en este momento son…” El que pudiera decirla mejor entraba a cabina.

Y sucedió que en el amanecer del domingo 11 de marzo de 1983, ese ente muégano que no se separaba nunca, terminaba una fiesta en la residencia Guillemot, en Lago de Guadalupe, Estado de México; Tamara nuestra anfitriona, se lució con el trato y las viandas y cada quien llevó su bebida.

Fue una velada de música, risas, plática y uno que otro baile, en la que reinó el buen ambiente que se había creado.

Luis Lara y yo, salimos con buen tiempo para ir a pasar el noti de las 6. Él en su coche, por delante, y yo en el mío, unos metros atrás. Recuerdo haber visto pasar una rueda frente a mi (luego supe que era de mi coche). Lo que siguió fue un Norberto hundido en los pedales, un volante que giraba sin control y muchas, muchas vueltas en medio de estruendo y polvo.

Cuando abrí los ojos, Luis me sacaba por el espacio del parabrisas. Rápido tomó mis pertenencias de la guantera y nos retiramos del lugar, de regreso a casa de Tammy. Por la cara que puso nuestra amiga, intuí que me veía terrible y, a continuación, como transición de película, me vi en una instalación hospitalaria.

En los sótanos de la Alberca Olímpica Francisco Márquez, me atendía un médico de la Subsecretaría del Deporte, que comandaba el doctor Manuel Mondragón y Kalb. En palabras del galeno, volví a nacer. Antier -me platicó- sacamos a tres jóvenes muertos que se fueron a una cuneta; ni siquiera se volcaron.
La que sí se volcó, pero en atenciones, fue Tamara quien a partir de ese día se echó a cuestas todo mi proceso de recuperación. Estuvo conmigo tres largos meses sin faltar un sólo día, hasta que volví a ponerme en pie.

Venía desde su confortable hogar en la salida a Querétaro, hasta mi covacha en Tlalpan, un día sí y otro también. Quedó muy clara su enorme calidad humana y una amistad a toda prueba, que no pueden pagarse con nada y de lo cual le estaré agradecido hasta mi último suspiro.
Así era la gente bonita de Radio Capital.

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