Por su impacto, claro está, el tema del Plan B sigue dando de qué hablar luego del acalorado clima que se formó hace unos días en el Senado de la República. Incluso, la presidenta tomó la iniciativa de darle un giro a la cámara de origen. Más allá de eso, la estructura de partidos lleva una misma consigna. La propuesta, lo creemos así, fue buscar nuevas puertas de acceso a través de otros operadores que hicieran eco en el artículo 35 de la Constitución. El fin, está claro, era adecuarse a un solo formato para que las elecciones intermedias se llevaran a cabo y, a su vez, la revocatoria. Y algo que se supone que estaba en los planes de la jefa de Estado ha cambiado por completo. No lo veo como una derrota para Claudia Sheinbaum, a sabiendas del poder político que ha ido acumulando a lo largo y ancho del país. En algún momento, de hecho, supimos que el referéndum tendría un nuevo ciclo. Las posiciones en retrospectiva fueron más que claras y, pese a la enorme presión que ejercieron con el PT, la fuerza que encabeza Alberto Anaya se sostuvo con firmeza.
Por supuesto que todo esto trae consigo muchas lecturas y prejuicios que serán abordados a lo largo de los días, sobre todo para tratar de enredar un asunto que está más que claro. A Morena, por lo que se avecina, no le conviene un rompimiento con el Partido del Trabajo. Lo que se escenificó en el Senado de la República, indudablemente, fue el derecho sagrado a disentir. Desde luego que hay un compromiso por acompañar la agenda legislativa; sin embargo, no todos los dictámenes pueden consumarse y coronarse en medio de una democracia participativa. Eso, como tal, amerita hacer una introspección minuciosa a lo que significaba un referéndum constitucional en pleno ejercicio para elegir gobernadores, diputados locales y federales, lo mismo que ayuntamientos.
La pretensión de empatar el referéndum constitucional con los ejercicios democráticos, por lo tanto, se ajustó más al equilibrio del que muchas veces hicimos hincapié. Desde luego que el arrastre de la presidenta, por añadidura, traería consigo un efecto a favor de Morena. La presidenta, pese a estar en otras funciones, tiene una fuerte relación que la liga al partido guinda. De haberse concretado esa posibilidad, sin duda, hubiese reducido el margen de crecimiento de otras expresiones. No haría equilibrio ni mucho menos una cancha pareja. Lo que nos dice la lógica, valga la redundancia, es que lo mejor fue haber sucumbido el artículo 35 del dictamen. Obviamente, la razón está del lado del PT. Y ellos, que defendieron a capa y espada su posición, merecen todo el reconocimiento público por no doblegarse. Efectivamente, la opción que tomó el PT es potencialmente válida y legítima, máxime porque han estado presentes en todas las iniciativas que se han puesto sobre la mesa. Fue, entonces, la ratificación de una postura firme, tal y como aconteció con el llamado Plan A.
Soy de los que piensa que la alianza se sostendrá porque a todos les conviene. Más adelante veremos si se ratifica o no. A nuestro juicio, hay muchos elementos que nos llevan a asegurar que sí, sobre todo para no dividir el voto de la izquierda. Una coalición, solamente por la suma de votos, influye en cualquier resultado, principalmente aquellos donde los escenarios comienzan a tornarse reñidos. Hoy, en efecto, el peso de las alianzas es crucial. Desde luego que mucho depende de la voluntad de todas las partes. Por lo que vemos, muchos aspiran a llegar a puestos de elección popular; sería un error de cálculo aspirar a obtener el triunfo si se consuma la fragmentación. Desde ese modo, y para que eso no acontezca, en alguna ocasión tuvo que haber pasado lo que sucedió en la Cámara Alta. Eso se justifica en el derecho a disentir en el que tanto hemos hecho énfasis.
La misma fuerza que lidera Alberto Anaya, en retrospectiva, fue evidente en su posicionamiento y defendió sus puntos de vista. Ellos, efectivamente, expusieron sus reflexiones y las reservas propias. Está bien. Vivimos en un país democrático donde, por cierto, el derecho a disentir tiene que ser letra sagrada. Todo eso, de manera general, lo vemos en cualquier parlamento. No veo a un congreso federal votando mecánicamente sin antes discutir y analizar cualquier minuta. La esencia en sí misma tiene una naturaleza que sigue ciertas características o patrones para poder modificar la constitución o cambiar leyes. El simple hecho de que un legislador muestre cierta resistencia se puede justificar en alguna razón democrática o jurídica. México, por lo tanto, no es ni debe ser un estado totalitario. Desde este espacio de opinión, en muchas ocasiones, hemos criticado todo aquel intento por monopolizar el control de las decisiones como en su momento sí lo hizo el PRI.
Por eso, al menos desde este espacio de opinión, existe una comprensión que se sustenta en el derecho sagrado de disentir. Aplaudo, en verdad, la postura firme del Partido del Trabajo que, pese a la enorme presión que padecieron en las redes sociales, defendió su concepción. Eso pasa, indudablemente, desde que el PT se convirtió en una fuerza sólida que está atrayendo al electorado. Sirva de ejemplo lo que pasó en Durango y Veracruz, donde el PT multiplicó los votos y, por ende, se hizo de más ayuntamientos y diputaciones locales.
Notas finales
Hace poco, con datos precisos del Secretariado de Seguridad Nacional, hicimos hincapié en la estrategia que está llevando a cabo el gobierno de Guerrero. Para ser más precisos, esa entidad es, en comparación con las demás, uno de los territorios que bajó significativamente los homicidios de alto impacto. Incluso, se presentó como uno de los enclaves con mayores oportunidades para mejorar la calidad de vida a través de programas sociales. Hoy, por si eso fuese poco, la misma institución que lleva a cabo esa evaluación oficializó que Guerrero, en una tasa de 100 mil mujeres víctimas de feminicidio a nivel nacional, solo tiene el 0.14. Eso habla de que las acciones han comenzado a dar resultados tangibles, máxime por las ponderaciones que se mantienen a la baja.
La entrada El valor político del PT aparece primero en Quadratín Michoacán.