HERMOSILLO, Sonora.— Un traje puede estar listo para venderse en una tienda en cuestión de minutos, pero los que hace José Ramón Medina Thomé siguen otro proceso: selecciona la tela, toma las medidas, marca, corta, cose y plancha cada pieza hasta conseguir el ajuste que busca para su cliente.
A sus 81 años, aún confecciona trajes desde cero en su taller de Hermosillo, tal como aprendió hace más de seis décadas. Afirma que es el único sastre de la ciudad que conserva los conocimientos para elaborar una prenda completa mediante el método tradicional.
Originario de Tepic, Nayarit, José Ramón comenzó su historia en los oficios desde niño, cuando observaba a su papá trabajar como zapatero. Aunque apenas terminó la primaria, desde pequeño mostró interés por aprender de manera independiente, ya que no se sentía cómodo dentro de los salones.
Recordó que durante su infancia incluso lloraba porque tenía que ir a clases y que, cuando estudiaba en la escuela Arriola, el director lo mandaba a la tienda en bicicleta, pues prefería estar fuera del salón.
Para adquirir conocimientos generales, se dedicó a leer y aprendió por su cuenta inglés, computación y geografía.
Mi papá no trabajó esto (sastrero), mi papá era zapatero, en Tepic yo desde muy chamaco mi papá trabajaba en la zapatería y yo estaba viendo lo que él hacía, y aquí en Hermosillo también trabajó y viendo aprendí hacer zapatos”, relató.
José Ramón, el único sastre de Hermosillo que hace trajes desde cero #Hermosillo | A sus 81 años, José Ramón Medina Thomé conserva un oficio que considera prácticamente desaparecido: La confección tradicional de trajes a la medida. ?
— EL IMPARCIAL (@elimparcialcom) August 21, 2026
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PRIMERO FUE ZAPATERO
A los 14 años aprendió por completo el oficio de zapatero y comenzó a elaborar principalmente zapatos de trabajo. Con el tiempo dejó de gustarle debido a las condiciones en las que se realizaba la labor, pues anteriormente gran parte del proceso se hacía a mano.
A veces lo veías de zapatos un poco usado, sucio, entonces luego había que coser a mano y todo el polvo se pegaba en el cuerpo, pero de eso comimos, nunca nos faltó comida”, aseguró.
Fue a los 16 años cuando comenzó a acercarse a la sastrería gracias a un tío. Observaba a su primo mientras confeccionaba sacos y pantalones y así empezó a familiarizarse con el oficio.
En aquel entonces, el encargado de Pepsi les dio trabajo para elaborar pantalones para los empleados de la empresa, tanto de oficina como repartidores. Fue de esta manera como José Ramón comenzó a adquirir experiencia.
Posteriormente trabajó por la calle Colosio, aunque todavía le faltaba aprender a confeccionar sacos. Tres años después se mudó a Tijuana, donde otro de sus tíos le enseñó a hacerlos.
APRENDER A CORTAR TRAJES FUE EL MAYOR RETO
Todavía tenía pendiente dominar una de las partes más importantes de la sastrería: cortar las prendas.
Explicó que en los lugares donde trabajó no siempre había disposición para transmitir esos conocimientos, por lo que decidió independizarse y se trasladó a Los Ángeles, California, durante la década de los setenta.
Para aprender a cortar sacos, no enseñan que quede claro, no enseñan a cortar pantalones, sacos, chalecos, no enseñan por un egoísmo que está en todas partes”.
Ahí trabajó en un lugar donde se confeccionaban sacos, pero cada empleado se encargaba de una parte distinta: unos hacían las bolsas, otros las mangas y algunos más los cuellos.
Cuando se terminó la guerra, empezaron a llegar muchos refugiados vietnamitas a Los Ángeles”, contó.
Una joven vietnamita le enseñó otros procesos para hacer los trajes. José Ramón comenzó a utilizar las escuadras para marcar y cortar puntos exactos en cada prenda.
A los 30 años regresó a Hermosillo, pues no le gustaba la forma en que vivía en Estados Unidos, donde prácticamente trabajaba todo el tiempo.
De vuelta en la ciudad consiguió empleo como sastre con Santiago Díaz, a quien recuerda como una de las personas que le enseñó a confeccionar mangas y a aplicar otros sistemas utilizados en la elaboración de los trajes.
Estoy diciendo una cosa muy cierta, los que están aquí son porque sus papás empezaron a hacer familia, murieron y ellos siguieron con el negocio”.
¿DÓNDE TRABAJA JOSÉ RAMÓN EN HERMOSILLO?
En 2001, José Ramón decidió independizarse y desde entonces trabaja en su actual domicilio, ubicado en la avenida Sufragio Efectivo, entre Garmendia y Obregón, en la colonia Centro de Hermosillo.
En su taller conserva las herramientas necesarias para elaborar una prenda desde el primer trazo hasta el planchado final.
¿CÓMO HACE UN TRAJE COMPLETAMENTE A LA MEDIDA?
Para José Ramón, uno de los aspectos más importantes de la sastrería es cuidar cada detalle, desde las medidas del cliente hasta el planchado.
A diferencia de los trajes comerciales, sus trabajos no se elaboran a partir de una sola talla. Cada parte se ajusta de manera independiente a las características del cuerpo de la persona.
Si yo hago un traje no lo hago según la medida de estómago, de cuello, de manga, de todo eso, va de muchas tallas”, explicó, “hay personas que tienen cuello grande, son muy cuello duras, hay que darle ese cuello porque son más delgados o tienen cuello alto”.
El proceso comienza con la elección de la tela y continúa con la toma de medidas, el trazado, el corte, el armado, la costura y los acabados.
Para José Ramón, sin embargo, conocer la técnica no es suficiente: también se necesita paciencia para comprender lo que busca cada cliente.
Que le guste a uno el trabajo, que uno tenga la paciencia de hacerlo, saber cómo lo quiere el cliente, saber cómo y sobre todo la pasión por la costura, porque si a uno no le gusta eso, no se entiende, es cosa de pasión”.
¿CUÁNTO TARDA EN CONFECCIONAR UN TRAJE?
A José Ramón le da gusto que todavía haya personas que acuden a él para confeccionar sus trajes. Actualmente tiene dos pedidos que entregará a finales de noviembre.
Explicó que elaborar una prenda de este tipo requiere tiempo y mucha paciencia. Además, su precio suele ser mayor al de un traje comercial debido a la confección personalizada y a la calidad de los materiales.
Si me dicen lo quiero para la semana que entra, le digo que no tengo tiempo, si quiere que sea cliente, ya que tengo mucho tiempo y que diga: ‘Ay, mira, lo quiero para noviembre’, entonces sí lo hago”, dijo.
Sus clientes son de distintas edades, aunque principalmente adultos mayores. Los jóvenes suelen acudir menos porque su cuerpo todavía puede cambiar con el crecimiento y el traje podría dejar de quedarles.
Sus manos transforman metros de tela en un traje hecho a la medida, en el que cuida cada detalle.UN OFICIO QUE PODRÍA QUEDARSE SIN RELEVO
José Ramón afirmó que es el único sastre que queda en Hermosillo con los conocimientos necesarios para confeccionar un traje completamente desde cero.
Únicamente conoce a otro sastre, mucho más joven que él, quien vive en la Ciudad de México y tiene 73 años. Otros compañeros del oficio que conoció ya fallecieron.
La falta de relevo también preocupa a otros trabajadores de oficios tradicionales en Sonora. Artesanos dedicados a elaborar figuras de palo fierro han advertido que el desinterés de las nuevas generaciones pone en riesgo la continuidad de sus conocimientos.
Ante la falta de personas interesadas en aprender, José Ramón consideró que la sastrería tradicional está prácticamente en el olvido y que ya no resulta conveniente dedicarse a ella como medio de subsistencia.
No... no lo recomiendo, no tiene caso aprender, como un gusto sí, pero como un oficio ya no”, consideró.
También explicó que los materiales de calidad que necesita para trabajar no siempre están disponibles en Hermosillo.
Para hacer cosas de tela aquí, aquí no compro nada, todo tiene que ser en Méxic?, ahí hay calidad; no lo recomiendo, no tiene caso aprender, como un gusto sí, pero como un oficio ya no”.
José Ramón tiene una hija que trabaja a un costado de su negocio, aunque ella se dedica a la renta de trajes y nunca tuvo interés en aprender a confeccionarlos.
Por ello, considera que el conocimiento que ha acumulado durante más de seis décadas de trabajo podría quedarse únicamente con él. Mientras tanto, continúa atendiendo a quienes todavía prefieren un traje único y especial, elaborado completamente a la medida.
Es conocido como "Thomé" y aunque ama su trabajo, señala que aprender su oficio ya no es rentable.