Señor Director: Leo en el diario El País que hay lugares que, sin buscarlo, terminan convirtiéndose en un símbolo. Resulta que este verano, ese lugar es Kaub, una pequeña localidad alemana junto al Rin donde el río lleva tan poca agua que los barcos apenas pueden navegar cargados. Lo que parece un problema local resume, en realidad, muchos de los desafíos que afronta Europa. Me gustaría que su periódico abordase más este tipo de temas.
El cambio climático ya no es una advertencia, sino una realidad que se traduce en olas de calor, incendios devastadores y miles de personas obligadas a abandonar sus hogares. Al mismo tiempo, el continente observa cómo las grandes decisiones sobre Ucrania o Oriente Próximo se toman lejos de Bruselas, mientras su capacidad de influencia disminuye.
Tampoco ayudan las divisiones internas. La inmigración ha vuelto a poner de manifiesto la escasa solidaridad entre socios, como se comprobó durante la crisis de Ceuta. A ello se suma el avance de los partidos populistas, el estancamiento económico que afecta a buena parte de Europa y el retraso frente a Estados Unidos y China en inteligencia artificial y nuevas tecnologías.
Por si fuera poco, la creciente dependencia comercial de China continúa debilitando sectores industriales estratégicos, especialmente en países como Alemania.
Europa nació para afrontar unida los grandes retos. Sin embargo, hoy transmite con demasiada frecuencia la sensación de reaccionar tarde y de forma descoordinada. Quizá haya llegado el momento de dejar de gestionar las crisis una a una y empezar a preguntarse qué proyecto común quiere construir para las próximas décadas. @mundiario