El caso de Julieta vuelve a poner sobre la mesa una realidad que no podemos seguir ignorando: el maltrato animal no puede normalizarse.
Una pequeña gatita fue agredida y lanzada al aire. Hoy, Julieta ya fue rescatada por las autoridades y recibió atención veterinaria, mientras la Secretaría de Seguridad realiza las investigaciones correspondientes para dar con el responsable.
Pero este caso no puede quedarse solamente en la indignación que provoca un video que se vuelve viral.
Hace unas semanas presenté ante el Congreso de Nuevo León dos iniciativas para endurecer las sanciones contra quienes maltraten o abusen de los animales. Lo hice porque estoy convencido de que quien lastima a un ser vivo no puede enfrentar consecuencias menores.
Y hoy vuelvo a hacer un llamado a los diputados, porque este tema tiene que ser una prioridad.
Necesitamos leyes fuertes que permitan que, cuando alguien maltrate a un animal, el peso de la ley realmente caiga sobre esa persona. No podemos seguir dependiendo de que un caso sea exhibido en redes sociales para que la sociedad reaccione y las autoridades intervengan. La protección animal tiene que formar parte de una política permanente de prevención, atención y sanción.
Y quiero ser muy claro en algo: esto no se trata solamente de animales.
La crueldad contra los animales está relacionada con otras formas de violencia y no podemos verla como una conducta aislada o como una simple travesura. Cuando una persona es capaz de ejercer violencia contra un ser indefenso, estamos frente a una conducta que debe tomarse en serio y atenderse antes de que escale.
Por eso, el caso de Julieta debe servir para algo más que generar indignación durante unos días. Debe obligarnos a revisar qué estamos haciendo para prevenir estos hechos, qué tan efectivas son nuestras leyes y qué tan rápido estamos actuando cuando se presenta una denuncia.
Desde el Gobierno tenemos la responsabilidad de actuar y desde el Congreso existe la oportunidad de fortalecer el marco legal. Pero también necesitamos una sociedad que denuncie, que no sea indiferente y que entienda que proteger a los animales también es una forma de construir una comunidad menos tolerante con la violencia.
No podemos esperar a que el siguiente caso se vuelva viral para volver a hablar del tema. Julieta merece justicia, pero también merece que su historia ayude a evitar que otro animal pase por lo mismo.
Ese es el verdadero reto, que la indignación no termine en una publicación en redes sociales, sino que se traduzca en prevención, en leyes más fuertes y en una verdadera política de protección animal.